Paisajista, psicodélico, evocador, atmosférico y ensoñador. Por momentos suave y de pronto denso e incluso dramático. Prog-pop onírico con capas y capas de teclados lisérgicos y espaciales con toques, incluso, de drum’n’bass. Sí, el nuevo álbum del grupo de Buffalo, séptimo de su carrera, es, como mínimo, todas esas cosas. No se puede decir que Mercury Rev sea un grupo especialmente prolífico. No en vano Yerself is steam, su primer trabajo, data de 1991 y lejos quedan ya, en el tiempo y en las formas, aquellos primeros años en los que su sonido remitía a la Velvet, los Pixies, Pere Ubu, Sonic Youth o Flaming Lips con resonancias de los Beatles y Brian Wilson. Si al principio podían recordar, también, a los Pink Floyd de Barrett ahora son más los Pink Floyd de épocas muy posteriores. Por momentos, de hecho, Snowflake Midnight, con sus grandes desarrollos instrumentales, tiene similitudes con el rock sinfónico de mediados y finales de los setenta pero en versión pop.
Jonathan Donahue, Grasshopper y Jeff Mercel dejan en manos de Dave Fridmann, su inicial bajista y productor de siempre (que a su vez ha producido a grupos como Mogwai o Luna, entre otros) el sonido de Snowflake Midnight, que finalmente y después de todo lo dicho, suena principalmente a …Mercury Rev, claro. La voz de Donahue, emblema y seña de identidad del grupo desde que David Baker abandonara el proyecto y con quien inicialmente compartiera las labores vocales, emerge de entre toda la suntuosidad instrumental para poner el sello inconfundible de los Rev.
Artista: Mercury Rev
Álbum: Snowflake Midnight
Género: Prog-Pop, Rock, Indie
Discográfica: V2 / Nuevos Medios
Año: 2008
