Klaus & Kinski

Tu hoguera está ardiendo

Por fin. Hemos pasado más de un año, desde que conocemos a estos murcianos, esperando a que algún sellito de nuestro país (a poder ser) se animase a lanzar el primer disco de Klaus & Kinski. Y ha sido Jabalina, sin duda uno de los catalizadores y promotores de algunas de las mejores bandas del pop nacional contemporáneo. Una doble enhorabuena por este compromiso y, sobre todo, felicidades a todos los melómanos, a los amantes de la buena música y del buen pop, a los que gustan del sonido característico del pop nacional y a los que no y, en últimas, a cualquiera que se hagan con una copia del que es, sin duda y aunque estemos a finales de año, uno de los mejores discos de 2008. Tu hoguera esta ardiendo, se llama, y el fuego ya se ha extendido devorándolo todo a su paso hasta llegar a nuestro corazón. 

Rescatando a uno de los iconos del cine de Herzog para su bautizo, Klaus & Kinski es un grupo compuesto fundamentalmente por Marina Gómez Carruthers, quien, además de encargarse del bonito diseño del digipack que guarda este primer trabajo, pone voz cantando y susurrando las letras que escribe Álex Martínez, quien también arregla, depura, matiza y esculpe con precisión las catorce joyas de colección que reúnen en su debut. Canciones que, aunque muchas ya las sabíamos de memoria, hechizan y contagian desde la primera vez que entran por nuestros oídos y que, incandescentemente, nos conmueven y nos tocan. Canciones con origen en el pop y destinos diversos en esta hoguera. Que hacen del eclecticismo un concepto insuficiente y que se mueven entre el dreampop, el shoegaze, el slowcore, el indiepop, el folk, la bossa nova o la indietronica. Canciones sencillas, pero muy bien acabadas, cargadas de distintos niveles emocionales, intensos y brillantes o más tenues y claroscuros. Canciones de mil y una referencias que van desde My Bloody Valentine a Cruiser, La Buena Vida, o Le Mans o desde Oliver North Boy Choir y Ms. John Soda a Los Beatles o a Saloon. Canciones de guitarras próximas y alejadas, claras y amables o turbias y desgarradas; de arreglos electrónicos y diversa instrumentación; de una dulzura vocal inconfundible, jubilosa o melancólica según los distintos tempos que, también como los géneros, son llamados a esta radiante obra incendiaria. Por eso Klaus & Kinski han incendiado nuestro reproductor. Y es que está ardiendo de tanto oírlos.

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