Sam Roberts
El otro sonido canadiense

Madrid, 13 de septiembre. Sábado. Aterrados ante la perspectiva de ser engullidos un año más por la Noche en Blanco, pero también ante la de quedarnos en casa. Menos mal que Sam Roberts y su banda salvaron una noche con grandes posibilidades de acabar en desastre con una sesión de buen r’n’r en la Sala El Sol. Un par de horas antes tenemos una charla con el canadiense, bebemos Ribera del Duero en tazas (con perdón) y descubrimos que, aparte de un gran músico, es un excelente conversador y un tipo con sentido del humor y exquisito gusto musical y gastronómico. Con ustedes, Sam Roberts.
Notodo: Madrid es la tercera parada de vuestra gira por España. ¿Qué tal se está portando el público? ¿La reacción es diferente de alguna manera a la que tiene el de otros países?
Sam Roberts: Es la misma. Cuando la gente escucha música, olvida de dónde es. No importa de dónde vengas, es una manera de comunicar con la gente sin fronteras. Es rock and roll: bailas, cantas... Bueno, los japoneses sí son un poquito diferentes... Cuando aplauden en un concierto, no paran hasta que no les digas que paren. Son un pueblo tan eficiente y organizado (risas)...
NTD: Estáis en medio de una gira bastante extensa por Europa y Canadá. Suponemos que os lo pasáis muy bien tocando en directo. ¿Lo prefieres al proceso de grabación del disco?
SR: Es diferente. Me gusta mucho girar y tocar, pero después de un tiempo tienes muchas canciones en la cabeza y surge la necesidad de componer y grabar. Son dos partes igualmente importantes, porque si no grabas discos, tampoco haces conciertos, y porque tocar las mismas canciones durante un año o año y medio es aburrido, necesitas nuevo material.
NTD: ¿Qué destacarías de Love At The End Of The World sobre vuestros anteriores discos?
SR: El anterior (Chemical City) era un poco como ciencia ficción, hablaba de un futuro posible. Éste habla del aquí y ahora, de los problemas inmediatos del mundo y de cómo resolverlos, de cómo podemos evitar ese futuro.
NTD: En este sentido, en el tema 'Stripmall religion' hablas de una cierta situación de violencia y de uniformización de la sociedad. ¿Te preocupa este tema en particular?
SR: Es uno más de los problemas del mundo de hoy. Hace dos años, en Montreal, hubo un tiroteo en una escuela. Nosotros estábamos de gira por Texas y lo vimos en televisión: era la escuela a la que fue mi hermano, está muy cerca de mi casa... Parecía imposible. Al mismo tiempo, mientras estábamos en carretera, sólo veíamos stripmall tras stripmall [pequeños centros comerciales con las mismas cadenas de tiendas y de restauración]. En Estados Unidos, en cada ciudad es lo mismo: McDonald’s, Starbucks, The Gap... Idénticas tiendas y restaurantes, no hay ninguna diferencia. ¿En qué clase de mundo vivimos cuando todo es igual, todo está uniformizado? ¿Qué pasa con el pensamiento del ser humano? Se supone que usamos la imaginación, que tenemos una creatividad individual... Incluso en España es así; los edificios son diferentes, pero el resto...

Lo último que haría en Madrid es entrar a un McDonald’s

NTD: Sí, aquí también hay ya Starbucks por todas partes.
SR: Y esto se ha convertido en una religión, realmente. Todos vamos a estas galerías comerciales a comprar lo que la televisión quiere vendernos. Se ha convertido en algo espiritual, digamos, y está corrompiendo el espíritu humano. De esto habla la canción.
NTD: Entonces estarás decepcionado con Madrid...
SR: No, no es sólo Madrid, es en todas partes. Londres, todo Estados Unidos... No ves nada diferente, que te llame la atención. El mejor café de Madrid te lo tomas en una pequeña cafetería donde un viejo te sirve un cortado; no tiene sentido irte a tomarlo a un sitio que puedes encontrar en cualquier otro lugar del mundo. Esas son las cosas que hacen especial un lugar. Lo último que haría en Madrid es entrar a un McDonald’s; lo que quiero es comer un bocadillo de jamón.
NTD: ¿Así que te gusta la comida española?
SR: ¡Jamón! ¡Cada día! ¡Ibérico, pata negra, tres veces al día! Ayer comimos lechal en Aranda, ¡waw! ¡Increíble! Aunque después, inmediatamente después de comer, cuando íbamos en la furgoneta, nos cruzamos con un camión lleno de lechales...
NTD: ¿Vivos?
SR: No, muertos... Pero los ojos parece que siempre te están mirando...
NTD: ¡Uf, no lo pienses!
SR: No, no, tengo que olvidar eso (risas).
NTD: Volvamos a Love At... Es evidente que cuidas mucho las letras de las canciones. A la hora de componer, ¿te resulta más placentera esta parte que la musical?
SR: Depende... A veces empiezo por las letras, porque hay ideas que me vienen a la cabeza y de ahí surge la música. Otras veces tengo la melodía en la cabeza y luego las palabras son su reflejo. La música es mi inspiración, es como una parte diferente de mi cabeza y mi vida, y las palabras son una tentativa de reflejarla. Hay bandas para las que las letras no son importantes, como si su función fuera sólo darle al cantante algo para cantar. Pero los músicos que a mí me gustan, como Bob Dylan, John Lennon, Neil Young..., consideran las letras tan importantes como cualquier otra parte de la canción, y yo también. En Love At The End Of The World, creo que es muy importante entender de qué hablan las canciones para comprender el álbum en su totalidad.

Creo que es muy importante entender de qué hablan las canciones para comprender el álbum

NTD: En todos tus álbumes hay claras influencias del rock de raíz más clásica, y éste en concreto suena a veces muy fifties, incluso rockabillie... ¿Has estado escuchando últimamente este tipo de música?
SR: Aunque me gustan muchos tipos de música, hay veces que me concentro sólo en un periodo. Y sí, en este tiempo he estado escuchando a Elvis Presley, Chuck Berry, Buddy Holly... No sé por qué. A veces me da por escuchar durante tres meses sólo música africana, por ejemplo, o sólo rockabilly, o...
NTD: ¿Quién es tu favorito de esa época, si te tuvieras que quedar con uno?
SR: Elvis, Elvis es el mejor; por algo es el rey, ¿no? Su estilo, su manera de moverse... Fue algo completamente nuevo, la gente nunca había visto algo así. En términos históricos, es increíble. Aunque musicalmente, mi favorito es Chuck Berry.
NTD: ¿Es 'Them kids' un homenaje a esa época?
SR: Sí, eso es. Hasta me corté la barba y el pelo para grabar el vídeo...
NTD: ¿Sabes bailar rock and roll como la gente del videoclip?
SR: Ehhh... No (risas). Ellos son profesionales.
NTD: En los últimos años ha habido una especie de boom de la escena musical canadiense, o quizás es que antes no se conocían tantas bandas de allí en el resto del mundo. ¿Qué está pasando?
SR: No lo sé, es una gran sorpresa. En los 90 ya había muchos grupos funcionando en Canadá, pero no eran conocidos ni en Estados Unidos ni en Europa. Pienso que este boom de ahora se debe a
Arcade Fire, a
Feist... Es curioso, porque lo que ha pasado es que han venido a tocar a Europa, han tenido mucho éxito y después se han hecho muy famosos también en Canadá.
NTD: ¿Ah, sí? ¿No al revés?
SR: No, no. Es como Jimi Hendrix; nadie le conocía en Estados Unidos antes de que se marchara a Inglaterra, y después volvió como un dios. También ocurre que en Canadá hay una gran libertad creativa, no hay restricciones, en el sentido de que no existe un sonido particular, sino que cada banda tiene el suyo propio. En algunos países predomina un estilo musical muy claro, pero en Canadá es diferente. Es un país muy grande, las distancias son enormes, y ocurre que en Este no conocen a bandas del Oeste y al revés. Y esta distancia es buena, porque así no copias de nadie. La música que se hace en Montreal suena totalmente distinta a la que se hace en Toronto y ésta de la de Vancouver, por ejemplo. Esa es la razón por la que es muy difícil girar allí, porque necesitas siete días de viaje en furgoneta para desplazarte de Vancouver a Halifax. Esa distancia también significa variedad.
NTD: ¿Y qué bandas canadienses te gustan?
SR: Me gusta Feist, que tiene una voz increíble y unas letras muy bonitas. The Dears, que son de Montreal... The Stills, también de allí, que nunca han tocado en España y tienen ahora un nuevo disco muy bueno... The Sadies, que hacen rock and roll-bluegrass... Hay muchas. The High Dials, Ron Sexsmith...

En Canadá existe una gran libertad musical, en el sentido de que no hay un sonido en particular que predomine

NTD: ¿No Arcade Fire?
SR: No están mal, pero hay otras muchas. Y si tengo la oportunidad de hablarle a un periodista de otra parte del mundo de bandas canadienses... Todo el mundo conoce a Arcade, pero no a estos otros grupos, y creo que le gustarían mucho al público español si tuvieran la oportunidad de escucharlos.
NTD: Realmente, durante mucho tiempo, el único cantante canadiense que conocíamos en España era...
SR: ¡No digas Celine Dion! (risas).
NTD: No, no (risas)... Iba a decir Leonard Cohen.
SR: ¡Ah, bien, ese es otro de los buenos! Y Neil Young, ¿no?
NTD: Sí, claro... ¿Conoces a grupos españoles, tienes algún favorito?
SR: Bueno, a Amaral, que tocamos anoche con ellos en Aranda de Duero. El año pasado tocamos con un grupo de Bilbao, Thee Quibbles, que hace buen rock and roll.
NTD: Pero lo que hace Amaral no tiene mucho que ver con vuestra música…
SR: No, pero son muy simpáticos y fue muy generosa su invitación de tocar con ellos… La verdad es que me gusta la música tradicional: igual que de Estados Unidos me gusta el blues y el bluegrass, y la música africana, de España me gusta el flamenco. Creo que es porque no necesito saber el significado de las expresiones y porque el sonido de la guitarra es increíble. Es algo esencial, de raíces. Cada país tiene una música en la que hay algo que encarna el espíritu de su gente, y eso es lo que me ocurre cuando escucho flamenco. Pienso en España, igual que ahora, cuando te miro a ti, pienso en flamenco (risas). Sé que no tiene nada que ver, pero… El caso es que la música típica capta la esencia del lugar. Si escucho a alguien tocando blues, me digo: bien, lo entiendo, entiendo de dónde viene. Es lo mismo con la música africana: escuchas el ritmo, la percusión, ves el modo en que la gente se mueve y se comunica… También me gusta mucho vuestra música clásica, gente como Narciso Yepes, Pablo Sarasate...
A estas alturas, no está de más aclarar que Sam Roberts se defiende estupendamente en español –aprendido en México–, lo que facilita mucho la vida a los periodistas no tan hábiles (o directamente nulos) con el inglés.
SR: Lo más difícil es hablar de música en español, porque me falta vocabulario. Si vamos a la playa a México no necesito describir nada abstracto, pero cuando hablas de música... El año pasado, en una entrevista en la radio, hablando en español, dije que estábamos en un torneo [tournament] de rock and roll, en vez de en una gira [tour]. Seguro que todos pensaron que estaba loco (risas). Y otra vez, en lugar de cantante, dije encantador, ¡en la radio! Cuando me explicaron que un encantador era una especie de mago... (risas). El dj estaba sudando, porque estábamos en directo para toda España...
*Sam Roberts Band estará el 19.09 tocando en el BAM de Barcelona (Plaza Real) y el 20.09 en Bilbao (Kafe Antzokia).
www.myspace.com/samrobertsband
www.samrobertsband.com
www.bittersweetrecordings.com
si te gusta este disco también te gustarán...