Música y vanguardias

Inspiración rupturista y nueva euritmia


El carácter provocador e innovador de los distintos ismos de la Historia del Arte no sólo tuvo, como sabemos, una manifestación plástica preponderante -que es la que la retina guarda con mayor celo también en la memoria-, sino que los procesos de renovación e interrogación artística exceden un ámbito confinado a lo más erudito y refinado para propugnar por revisiones del concepto artístico en sí mismo y, más específicamente, en su funcionalidad y pragmática. Un tiempo para un nuevo albedrío que ha condicionado la forma de entender las distintas manifestaciones estéticas y artísticas desde una transformación que abarcó no sólo el lenguaje, sino el sentido del mismo y su papel definitorio y evolutivo en el contexto histórico determinado. La música culta, que vivía por aquel entonces la superación perezosa del posromanticismo, se cuestionaba también desde este ánimo belicoso (de avanzadilla, el avant-garde más propiamente dicho) que ansiaba la luz de lo moderno. Y lo resplandeciente de un haz cegador que también se expresaba a través de la música y su dinamización. Les Temps Modernes.

No es que queden exactamente arrinconadas (desplazadas sería decir mejor) del resto, pero sí que es cierto que se le concede siempre a las artes plásticas, a las que estamos más avezados quizás por ser más identificables, ostensibles y de una narratividad cronológica más fácilmente distinguible (quizás, también, asumible; aunque esto es ampliamente discutible), un protagonismo definitorio al hablar de las vanguardias históricas, especialmente a la pintura. Las escénicas, por supuesto, tuvieron también un peso especialmente relevante, según los movimientos y sus procedencias; y son también recurrentemente asaltadas. Pero las artes musicales de las vanguardias se han visto muchas veces obviadas o silenciadas en mute por la visibilización explícita y clara del discurso artístico plástico. Quedando horadadas y pendientes en colgantes definiciones de lo accesorio de esos años de fervor creativo y confrontación estética. Los años locos, ya saben, que encuentran su más profusa declaración en una adiestrada cultura visual como la nuestra, que no lo es tanto en la musical, sobre todo hasta la popularización de la música bien entrado el XX y más allá de la música concreta en cuyas puertas quedó presta y con ganas de más todo este período donde culminan algunas de las últimas grandes esperanzas de la experiencia estética del ser humano. Y es que la isorritmia, la talea y la coloración ya venían de largo.





 
La música, en su abstracción, todavía hoy cuesta. Tampoco es ahora éste el lugar para repasar el bagaje cultual de las artes musicales de las vanguardias históricas -hay muchas fuentes espléndidas-, a cuya atención llamamos, pero sí es una buena excusa el tenerlas en cuenta para hablar de uno de los sellos musicales que hartamente refiero con especial admiración, Les Temps Modernes, liderado por James Nice; un enamorado de la historia de la música y un defensor de estrellas y soles para el firmamento –moderno- musical. De ahí ese nombre tan sabiamente escogido (y es que ya saben que primero fue Italia y luego Francia, en esto de la alta cultura hasta bien entrado el XIX y el XX, respectivamente), que tanto señala ese anhelo en el desarrollo de lo nuevo. De lo que fue realmente moderno. LTM, que también lee ya sus acrónimos en ese logotipo tan de secesión vienesa, lleva casi tres décadas fomentando y recordándonos el pulso creativo de uno de los momentos esenciales de la historia de la música popular, allá por los años 70 y 80. Nice, que comenzó entonces en 1983 con una labor editorial colindante a la de Les Disques du Crépuscule, primo hermano belga del mancuniano Factory, no sólo ha mostrado un especial interés por rescatar los trabajos que catalogaron estos dos sellos siempre de vuelta y a colación en el retrovisor discurso de la música pop de acuse contemporáneo (y mucho más allá, pues largo camino hay, de Joy Division o New Order), sino por otro gran pilar de la música independiente, como lo fuera el también británico Sarah Records (explorando también allendidades varias más allá de Robert Wratten y The Field Mice, pues las hay). Y, en esta preocupación comisaria y en un trabajo fundamentalmente curatorial y conservador, en el sentido más profesional y menos moral de la palabra, ha tenido especial predilección también por destacar algunas de las figuras más importantes de la historia de la música de las vanguardias clásicas (además de esas otras, más modernas), reseñando y desempolvando, documentando y procurando, la herencia y la conservación de una colección exquisita de archivos sonoros de los movimientos de avant-garde más importantes. Y un auténtico capricho para el amante de estos años, esos deseos y aquellos sonidos. Así hay, además, un buen número de sellos catalogadores de muchos otros fenómenos musicales, especialmente hoy que van quedando las obras huérfanas de derechos y es mucho más sencilla (desde lo legal, la otra es cosa distinta) su reproducción.







Dentro del catálogo que más de cerca gestiona el rescate de estos archivos sonoros encontramos un amplio número de álbumes que compilan las audacias más liberales y pródigas de estos modernos, ya sea en atrevimientos musicales ambientales, recitativos, pronunciamientos, lecturas de manifiestos, entrevistas y un amplio inventario de documentos sonoros y palabras habladas (sí, spoken word, que en castellano también se lee muy bien). Además de editarlos en discos compactos temáticos, LTM Recordings dedica también algunos especiales a recoger el trabajo fundamental de figuras clave de la música de principios del siglo pasado, como los dos que publicó de Le Group des Six, en parte un capricho de Jean Cocteau y Erik Satie, a través del cual reaccionaron a los gustos impresionistas y a la magnificación (lógica) de Wagner. Asimismo, de Erik Satie recupera algunos trabajos cubistas, dadaístas o surrealistas en cinco compactos con algunos de los mejores minutos (y son unos cuantos) de todo este registro. Desde sus enigmáticas y expresivas miniaturas pianísticas, las Gymnopédies (que algunos disfrutamos hace poco en ese ciclo de mucho esplendor sobre París 1900, que acoge el Auditorio Nacional, por cierto orquestadas según la revisión de su buen amigo y contemporáneo Debussy) y sus Gnossiennes hasta sus andanzas en el ámbito del Cubismo y el Dadaísmo que le llevaron a tocar en algún café de París, en efecto, de luces, junto a alguna de las eminencias más brillantes del arte coetáneo. De hecho, alguna de estas piezas, y pienso ahora en Le Piège de Méduse, prefigura el Dadaísmo y el Surrealismo, y fue interpretada por primera vez en 1914 dejando hojas de papel entre los macillos y las cuerdas de un piano preparado para la ocasión. Más tarde fue publicada (allá por 1920), junto a tres trabajos de Braque que, en el libreto de Avant-Dernieres Pensees, ilustra cerca de las siempre interesantísimas y lúcidas notas de los cedés editados por LTM Recordings.

Marcel Duchamp fue uno de los grandes nombres de la vanguardia y del arte contemporáneo que vendría después (especialmente tras las guerras), pero a principios de siglo ya concebía algunas de las piezas ambientales y pseudos-drónicas (ríete tú de Richard Skelton o Hulk, a los que también venero, todo sea dicho de paso) en sus Musical Erratum recogidos también aquí bajo el epígrafe La Mariée mise à nu par ses célibataires, même, una de sus obras más famosas. Asimismo, las piezas ambientales y otras a piano francamente estimulantes, que exprimen toda la expresividad y dramatismo del marfil pulsado, sus lentos y rápidos y sus silencios, son acompañadas de archivos originales de la voz del artista exponiendo sus ideas y explicando su obra (sus ready made y más allá) en una entrevista.







También de Wyndham Lewis, uno de los fundadores del vorticismo (para el que no recuerde), se rescatan en el que fue el primer audiolibro de LTM algunas lecturas sobre arte, política y otras poéticas y dramatizadas de parte de la producción literaria de este escritor y pintor modernista británico. Y de lo que fue su vertiente satírica y crítica del acontecer de su tiempo, tarea a la que se dedicaría especialmente al terminar la Primera Guerra Mundial. Con nombre propio encontramos también el trabajo editado en otro compacto de lo que fueran las composiciones para piano cíclicas de Francis Picabia. Sus provocativas piezas donde, en La nourrice américaine, basa toda su fuerza en la reiteración de tres notas a lo largo de veinte minutos de una intensidad frenética, dramática y al tiempo aséptica y dinámica (tanto en su versión rápida como en la lenta), que también se acompaña de palabras en conversación del artista francés, asociado paralelamente con el Dadaísmo y el Surrealismo, movimientos artísticos para los que LTM también dedica, como veremos, parte de su catálogo compilador.

Se podría decir que no hablamos de vanguardias sin acudir a la Bauhaus o a De Stijl, otros movimientos sobre los que también repara Nice al editar, con nombre propio -además de dedicar algunos compilatorios, a ver adelante-, un disco compacto con el trabajo de la holandesa Nelly (Pétro) van Doesburg, mujer del famoso arquitecto (también pintor, escritor y teórico) Theo van Doesburg. En el disco se compilan algunos de los trabajos de vanguardia que la pianista (de conservatorio) interpretaba acompañando a alguna de las intervenciones públicas de su pareja. Piezas de Satie, Bellesz, Ruyneman, Schoenberg o Rieti, formaban parte de este repertorio moderno que Nelly interpretaba en las distintas soirées en Europa en la primera mitad de la década de los 20. Destaca especialmente la pieza de Jacob van Domselaer, que vendría a ser la aplicación estética sobre piano de las teorías neo-plásticas de Piet Mondrian.

Además de estos trabajos con nombre propio, y que en muchos casos recogen grabaciones originales, es muy amplia la labor de James Nice en el trabajo compilatorio temático en sus series sobre Futurismo, Dadaísmo, Surrealismo y Bauhaus, como veníamos adelantando. Destacan los compilatorios de piano de algunos nombres imprescindibles del futurismo musical italiano, como Franco Casavola, Lombardi, Rigacci en Futurismo / Futurlieder y tres figuras fundamentales de la vanguardia a piano vinculada también con el futurismo y la experimentación musical pianística de la época, como son los nombres de George Antheil, Arthur Lourie o Leo Ornstein, recogidos en otro volumen de nombre Futurpiano. También el volumen Musica Futurista. The Art of Noises ofrece una panorámica o buena paleta surtida de músicas originales de Pratella, otro gran nombre de este ismo, entre otros artistas del movimiento.







En Futurism & Dada Reviewed, encontramos las peripecias sonoras musicadas para una nueva ciudad o los bodegones ambientales y experimentales de los hermanos Luigi y Antonio Russolo, otros dos de los nombres más importantes del Futurismo musical. Se acompañan también de algunos archivos a piano como con la intervención vocal de Marinetti en Sintesi Musicali Futuristiche, que en el mismo compacto es preludio de La Battaglia di Andrianopoli, con estallidos de onomatopeyas y una vertiginosa lectura recitativa que es, en sí misma, un festival de efectos especiales. Definizione di Futurismo y otras piezas de Luigi Grandi forman parte, junto a las palabras de Wyndham Lewis o de Guillaume Apollinaire. En el mismo disco compacto que se acompaña de un libreto con biorafías y especificidades de cada pieza, encontramos L’Almiral Cherche une Maison á Coger, con (ni más nimenos que) Tristan Tzara, M. Janco, Kurt Switchtters y R. Huelsenbeck. Sobre Cabaret Voltaire y en un entorno de ambientes metálicos anabólicos, Marchel Duchamp explica algunas claves de lo dada.

Pero también son imprescindibles los archivos que encontramos en Voices of Dada, que sigue explorando el modernismo y la vanguardia de artistas fundamentales del movimiento dadaísta, con entrevistas y poesía fonética (de nuevo) de Marcel Duchamp, Kurt Schwitters, Tristan Tzara, Hans Arp, Richard Huelsenbeck o Raoul Hausmann. O los del Festival Dada, que supone una antología de piezas a piano vinculadas con el París de los primeros 20, con piezas de músicos como Satie, Milhaud, Auric, Stravinsky, Picabia o Ribemont-Dessaignes.

Del Surrealismo destaca una de las más brillantes compilaciones de archivos de audio, que es la que titula bajo el título Surrealism Reviewed, con entrevistas y piezas de artistas emblemáticos del movimiento de filias oníricas, como lo fueron Herbert Read, Man Ray, Robert Desnos, André Breton, Salvador Dalí, Max Ernst, Lee Miller o Louis Aragon; pero también Jean Cocteau, Duchamp, Soupault o Roland Pernose. O como lo es también el que repasa algunos documentos sonoros de la Bauhaus y ofrece un audolibro con charlas de Walter Gropius, Mies van der Rohe, Josef Albers o Stefan Wolpe (casi nada), con un libreto de lujo con detalles y notas de James Hayward, que es el autor de la mayor parte de la literatura sincrética que acompaña a estas joyas en la forma de archivos sonoros.

Queden para la posteridad siempre.


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Música de vanguardia o la revulsión musical y una nueva euritmia en la Historia de la Música y su recuperación parcial y selectiva por parte de James Nice y su sello, LTM Recordings.

por qué

Porque la música, a pesar de muchos pesares que son de muchos de nosotros, no ha gozado plenamente de los privilegios de las artes, lideradas visiblemente por las plásticas -y más concretamente por la pintura y, hoy, por la fotografía- en la historia. Y siempre merecerá de nuestro papel coadyuvante. Porque la historiografía, per se, en su planteamiento, sesga; y nunca está de más hacer un repaso muy -muy- somero, aunque sea algo disperso. Todo sea por por rescatar nombres que se quedaron injustamente en segundas filas en los ismos y por celebrar los perfiles complementarios y melómanos, diletantes, de otras figuras adalides y consagradas. Porque LTM y James Nice son el sello y artífice que más concienzudamente han llamado la atención sobre esta herencia musical (entre otras) y ha puesto mayor empeño en la gestión de su recuperación y su exposición. Porque merece que se le haga una ola (una wave, mejor dicho) o dos. Porque para cualquiera que no lo conozca es una de las mejores formas de entender, sin temor a error, más del 50% de lo que consume actualmente (en el ámbito más amplio del espectro de lo indie y de lo que no lo es). Y un pequeño tributo.