No es que queden exactamente arrinconadas (desplazadas sería decir mejor) del resto, pero sí que es cierto que se le concede siempre a las artes plásticas, a las que estamos más avezados quizás por ser más identificables, ostensibles y de una narratividad cronológica más fácilmente distinguible (quizás, también, asumible; aunque esto es ampliamente discutible), un protagonismo definitorio al hablar de las vanguardias históricas, especialmente a la pintura. Las escénicas, por supuesto, tuvieron también un peso especialmente relevante, según los movimientos y sus procedencias; y son también recurrentemente asaltadas. Pero las artes musicales de las vanguardias se han visto muchas veces obviadas o silenciadas en
mute por la visibilización explícita y clara del discurso artístico plástico. Quedando horadadas y pendientes en colgantes definiciones de lo accesorio de esos años de fervor creativo y confrontación estética. Los años locos, ya saben, que encuentran su más profusa declaración en una adiestrada cultura visual como la nuestra, que no lo es tanto en la musical, sobre todo hasta la popularización de la música bien entrado el XX y más allá de la música concreta en cuyas puertas quedó presta y con ganas de más todo este período donde culminan algunas de las últimas grandes esperanzas de la experiencia estética del ser humano. Y es que la isorritmia, la talea y la coloración ya venían de largo.
La música, en su abstracción, todavía hoy cuesta. Tampoco es ahora éste el lugar para repasar el bagaje cultual de las artes musicales de las vanguardias históricas -hay muchas fuentes espléndidas-, a cuya atención llamamos, pero sí es una buena excusa el tenerlas en cuenta para hablar de uno de los sellos musicales que hartamente refiero con especial admiración,
Les Temps Modernes, liderado por
James Nice; un enamorado de la historia de la música y un defensor de estrellas y soles para el firmamento –moderno- musical. De ahí ese nombre tan sabiamente escogido (y es que ya saben que primero fue Italia y luego Francia, en esto de la alta cultura hasta bien entrado el XIX y el XX, respectivamente), que tanto señala ese anhelo en el desarrollo de lo nuevo. De lo que fue realmente moderno.
LTM, que también lee ya sus acrónimos en ese logotipo tan de secesión vienesa, lleva casi tres décadas fomentando y recordándonos el pulso creativo de uno de los momentos esenciales de la historia de la música popular, allá por los años 70 y 80.
Nice, que comenzó entonces en 1983 con una labor editorial colindante a la de
Les Disques du Crépuscule, primo hermano belga del mancuniano
Factory, no sólo ha mostrado un especial interés por rescatar los trabajos que catalogaron estos dos sellos siempre de vuelta y a colación en el retrovisor discurso de la música pop de acuse contemporáneo (y mucho más allá, pues largo camino hay, de
Joy Division o
New Order), sino por otro gran pilar de la música independiente, como lo fuera el también británico
Sarah Records (explorando también allendidades varias más allá de
Robert Wratten y
The Field Mice, pues las hay). Y, en esta preocupación comisaria y en un trabajo fundamentalmente curatorial y conservador, en el sentido más profesional y menos moral de la palabra, ha tenido especial predilección también por destacar algunas de las figuras más importantes de la historia de la música de las vanguardias clásicas (además de esas otras, más modernas), reseñando y desempolvando, documentando y procurando, la herencia y la conservación de una colección exquisita de archivos sonoros de los movimientos de
avant-garde más importantes. Y un auténtico capricho para el amante de estos años, esos deseos y aquellos sonidos. Así hay, además, un buen número de sellos catalogadores de muchos otros fenómenos musicales, especialmente hoy que van quedando las obras huérfanas de derechos y es mucho más sencilla (desde lo legal, la otra es cosa distinta) su reproducción.
Dentro del catálogo que más de cerca gestiona el rescate de estos archivos sonoros encontramos un amplio número de álbumes que compilan las audacias más liberales y pródigas de estos modernos, ya sea en atrevimientos musicales ambientales, recitativos, pronunciamientos, lecturas de manifiestos, entrevistas y un amplio inventario de documentos sonoros y palabras habladas (sí,
spoken word, que en castellano también se lee muy bien). Además de editarlos en discos compactos temáticos,
LTM Recordings dedica también algunos especiales a recoger el trabajo fundamental de figuras clave de la música de principios del siglo pasado, como los dos que publicó de
Le Group des Six, en parte un capricho de
Jean Cocteau y
Erik Satie, a través del cual reaccionaron a los gustos impresionistas y a la magnificación (lógica) de
Wagner. Asimismo, de
Erik Satie recupera algunos trabajos cubistas, dadaístas o surrealistas en cinco compactos con algunos de los mejores minutos (y son unos cuantos) de todo este registro. Desde sus enigmáticas y expresivas miniaturas pianísticas, las
Gymnopédies (que algunos disfrutamos hace poco en ese ciclo de mucho esplendor sobre
París 1900, que acoge el
Auditorio Nacional, por cierto orquestadas según la revisión de su buen amigo y contemporáneo
Debussy) y sus
Gnossiennes hasta sus andanzas en el ámbito del Cubismo y el Dadaísmo que le llevaron a tocar en algún café de París, en efecto, de luces, junto a alguna de las eminencias más brillantes del arte coetáneo. De hecho, alguna de estas piezas, y pienso ahora en
Le Piège de Méduse, prefigura el Dadaísmo y el Surrealismo, y fue interpretada por primera vez en 1914 dejando hojas de papel entre los macillos y las cuerdas de un piano preparado para la ocasión. Más tarde fue publicada (allá por 1920), junto a tres trabajos de
Braque que, en el libreto de
Avant-Dernieres Pensees, ilustra cerca de las siempre interesantísimas y lúcidas notas de los cedés editados por
LTM Recordings.
Marcel Duchamp fue uno de los grandes nombres de la vanguardia y del arte contemporáneo que vendría después (especialmente tras las guerras), pero a principios de siglo ya concebía algunas de las piezas ambientales y pseudos-drónicas (ríete tú de
Richard Skelton o
Hulk, a los que también venero, todo sea dicho de paso) en sus
Musical Erratum recogidos también aquí bajo el epígrafe
La Mariée mise à nu par ses célibataires, même, una de sus obras más famosas. Asimismo, las piezas ambientales y otras a piano francamente estimulantes, que exprimen toda la expresividad y dramatismo del marfil pulsado, sus lentos y rápidos y sus silencios, son acompañadas de archivos originales de la voz del artista exponiendo sus ideas y explicando su obra (sus
ready made y más allá) en una entrevista.
También de
Wyndham Lewis, uno de los fundadores del vorticismo (para el que no recuerde), se rescatan en el que fue el primer audiolibro de
LTM algunas lecturas sobre arte, política y otras poéticas y dramatizadas de parte de la producción literaria de este escritor y pintor modernista británico. Y de lo que fue su vertiente satírica y crítica del acontecer de su tiempo, tarea a la que se dedicaría especialmente al terminar la Primera Guerra Mundial. Con nombre propio encontramos también el trabajo editado en otro compacto de lo que fueran las composiciones para piano cíclicas de
Francis Picabia. Sus provocativas piezas donde, en
La nourrice américaine, basa toda su fuerza en la reiteración de tres notas a lo largo de veinte minutos de una intensidad frenética, dramática y al tiempo aséptica y dinámica (tanto en su versión rápida como en la lenta), que también se acompaña de palabras en conversación del artista francés, asociado paralelamente con el Dadaísmo y el Surrealismo, movimientos artísticos para los que
LTM también dedica, como veremos, parte de su catálogo compilador.
Se podría decir que no hablamos de vanguardias sin acudir a la
Bauhaus o a
De Stijl, otros movimientos sobre los que también repara
Nice al editar, con nombre propio -además de dedicar algunos compilatorios, a ver adelante-, un disco compacto con el trabajo de la holandesa
Nelly (Pétro) van Doesburg, mujer del famoso arquitecto (también pintor, escritor y teórico)
Theo van Doesburg. En el disco se compilan algunos de los trabajos de vanguardia que la pianista (de conservatorio) interpretaba acompañando a alguna de las intervenciones públicas de su pareja. Piezas de
Satie,
Bellesz,
Ruyneman,
Schoenberg o
Rieti, formaban parte de este repertorio moderno que
Nelly interpretaba en las distintas
soirées en Europa en la primera mitad de la década de los 20. Destaca especialmente la pieza de
Jacob van Domselaer, que vendría a ser la aplicación estética sobre piano de las teorías neo-plásticas de
Piet Mondrian.
Además de estos trabajos con nombre propio, y que en muchos casos recogen grabaciones originales, es muy amplia la labor de
James Nice en el trabajo compilatorio temático en sus series sobre Futurismo, Dadaísmo, Surrealismo y Bauhaus, como veníamos adelantando. Destacan los compilatorios de piano de algunos nombres imprescindibles del futurismo musical italiano, como
Franco Casavola,
Lombardi,
Rigacci en
Futurismo / Futurlieder y tres figuras fundamentales de la vanguardia a piano vinculada también con el futurismo y la experimentación musical pianística de la época, como son los nombres de
George Antheil,
Arthur Lourie o
Leo Ornstein, recogidos en otro volumen de nombre
Futurpiano. También el volumen
Musica Futurista. The Art of Noises ofrece una panorámica o buena paleta surtida de músicas originales de
Pratella, otro gran nombre de este ismo, entre otros artistas del movimiento.
En
Futurism & Dada Reviewed, encontramos las peripecias sonoras musicadas para una nueva ciudad o los bodegones ambientales y experimentales de los hermanos
Luigi y
Antonio Russolo, otros dos de los nombres más importantes del Futurismo musical. Se acompañan también de algunos archivos a piano como con la intervención vocal de
Marinetti en
Sintesi Musicali Futuristiche, que en el mismo compacto es preludio de
La Battaglia di Andrianopoli, con estallidos de onomatopeyas y una vertiginosa lectura recitativa que es, en sí misma, un festival de efectos especiales.
Definizione di Futurismo y otras piezas de
Luigi Grandi forman parte, junto a las palabras de
Wyndham Lewis o de
Guillaume Apollinaire. En el mismo disco compacto que se acompaña de un libreto con biorafías y especificidades de cada pieza, encontramos
L’Almiral Cherche une Maison á Coger, con (ni más nimenos que)
Tristan Tzara,
M. Janco,
Kurt Switchtters y
R. Huelsenbeck. Sobre
Cabaret Voltaire y en un entorno de ambientes metálicos anabólicos,
Marchel Duchamp explica algunas claves de lo dada.
Pero también son imprescindibles los archivos que encontramos en
Voices of Dada, que sigue explorando el modernismo y la vanguardia de artistas fundamentales del movimiento dadaísta, con entrevistas y poesía fonética (de nuevo) de
Marcel Duchamp,
Kurt Schwitters,
Tristan Tzara,
Hans Arp,
Richard Huelsenbeck o
Raoul Hausmann. O los del
Festival Dada, que supone una antología de piezas a piano vinculadas con el París de los primeros 20, con piezas de músicos como
Satie,
Milhaud,
Auric,
Stravinsky,
Picabia o
Ribemont-Dessaignes.
Del Surrealismo destaca una de las más brillantes compilaciones de archivos de audio, que es la que titula bajo el título
Surrealism Reviewed, con entrevistas y piezas de artistas emblemáticos del movimiento de filias oníricas, como lo fueron
Herbert Read,
Man Ray,
Robert Desnos,
André Breton, Salvador Dalí,
Max Ernst,
Lee Miller o
Louis Aragon; pero también
Jean Cocteau,
Duchamp,
Soupault o
Roland Pernose. O como lo es también el que repasa algunos documentos sonoros de la
Bauhaus y ofrece un audolibro con charlas de
Walter Gropius,
Mies van der Rohe,
Josef Albers o
Stefan Wolpe (casi nada), con un libreto de lujo con detalles y notas de
James Hayward, que es el autor de la mayor parte de la literatura sincrética que acompaña a estas joyas en la forma de archivos sonoros.
Queden para la posteridad siempre.
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