La mutación de Joe Crepúsculo de bicho raro sintético y militante del más simplista do it yourself en todos los niveles a frondoso cantautor bizarro, parte montante de una masa indie que acabó por adorar esa garganta limitada y ese mestizaje tropicalista, cancionista y, a la larga, altruista en el que ha ido virando, es un caso digno de analizar. No porque echemos en falta aquel ejercicio en cuatro u ocho pistas ni aquel exceso compositivo de Supercrepus y Escuela de Zebras que lo alzó como una de las grandes noticias del CD-R y el limitable mundillo de la canción ligera dentro de un perfil de solista autogestionado. No. Si no, y más bien, que enfrentarnos a un nuevo disco como El Caldero, habiendo superado el aluvión del tropicalismo, decidiendo seguir una línea similar a la de la recopilación renovada que CANADA hizo hace apenas un año en aquel Nuevo ritmo, es una experiencia que, si bien se torna poco arriesgada, logra afianzar la de un género, la cutre-canción, que es ya seña de identidad y majestuosidad de songwriter del subdesarrollo. Maravillas simplistas, canciones que, a la larga, se tornan enormes. Raro, raro, raro.
El Caldero bien podría ser un disco de verbena, de sesión vermú. Los nuevos pasodobles para cuando los modernos de hoy sean los abuelos danzarines del mañana. Un ejercicio de retórica al pop cervecero, a la canción simplista, a la caja de ritmos, a la garganta oxidada, a las melodías repetitivas, a las letras facilonas, las rimas consonantes, la parodia del nuevo cantautor. Joël Iriarte bien podría ser el típico camarero que, entre chupito de licor café y copa de patxarán, saca su guitarra española de debajo de la barra y te canta un par de boleros románticos con las tragaperras como banda sonora y eco de fondo. Pero no. Estamos hablando de uno de, muy a pesar de mucha gente, los actuales símbolos del nuevo pop transgeneracional: ese que conecta la copla con la cumbia y el vallenato, el que parece simular a un nuevo Juampa y la Raja pero sin la guarrería, sino más bien la costumbre, las historias inconexas, las letras bizarras, el lenguaje que desune y un sonido que recurre a aquel exceso simplista y ambulante que Andrés Calamaro incorporó al costumbrismo excesivo de las decenas de canciones que iba grabando con su portaestudios a cuestas en las “sesiones” caseras de El Salmón.
Y allí mismo se citan cumbias colombianas en versión de la Orquesta Sintonía de Vigo (Catedral), piezas de crooner de oferta, alimentando la baratija de un Rhodes quemado y con una estructura lineal que suena a composición instantánea (La alimentación de los dignos, un intento por captar un nuevo lenguaje que, curiosamente, consigue su cometido), revisiones de un rock and roll que parece haber calcado la base del You’re the One that I Want pero hablando de higos (La Higuera), pasos dobles en versión electropop o, si se quiere, como una reversión de El Extranjero de Enrique Bunbury (Garras de metal), traslaciones al catalán más purista (Quan tothom s’ha marxat), canciones que padecen síntomas de carruselismo atómico y que acuden a historias de kebaps (Amor de fuego) o confesiones de un vago anclado en el sofá (Una semana con los polis: casi 8bit), medios tiempos livianos del típico cantante melódico de los ’70 (Sergio Denis, Julio Iglesias, Andrés Do Barro, Charles Aznavour) en canciones como Si tú te vas, Yo voy por delante o Enséñame a amar, probablemente las que más llamen la atención y el verdadero lenguaje propio que ha conseguido crear Iriarte junto con piezas más bailongas, tropicales pero melódicas a la vez como La fuerza de la vida, auténtico camino a seguir. Saca a tu prima la del pueblo a bailar. No tendrás otra oportunidad tan guay. Fijo.
*Escucha el disco en Spotify haciendo click aquí.
Artista: Joe Crepúsculo
Álbum: El Caldero
Género: Cantautor 2.0
Gira:
30.05: Barcelona. Parc del Fòrum (Primavera Sound 2012)
03.06: Barcelona. Arc del Triomf (Primavera a la Ciutat)
12.07: Benicàssim (Castellón). Recinto de festivales (FIB 2012)
Discográfica: Mushroom Pillow
Año: 2012
