En el camino Judas vende Biblias y cuando llueve limpia las reliquias.
En esta parte del mundo Dios no mira. He visto romper cuellos como astillas.
¿Qué quieren de mí? ¿Qué es lo que quieren?
La teoría y práctica del nuevo chatarrismo ilustrado, heredero tanto del rock industrial más andrógino y el kraut rock más masoquista, convierte las tibias perversiones de la musicología moderna en un conglomerado mecánico, cuasi drónico, al que asistimos desde el exceso, la necrofilia, el desapego, la violencia comedida y el sexo tántrico más precoz.
La Débil, probablemente uno de los mejores grupos en directo del país, ha logrado deformar las aristas del rock mecánico desde una reinvención de la analogía pop, adoptando la sensualidad de las cosas viscosas para trasladarlas a terrenos poco brillosos y poco plásticos, más centrado en el manoseo de la materia, la monocordia atonal y la psicotropia más ácida y explosiva.
Sángrala es un tratado apátrida exento de género y número. Centrado en la distopia. En el rearme desde el desarme. Un compilado casi temático y conceptual recogido desde la oscuridad, la alevosa nocturnidad, la perversión, el mausoleo más espectral, el espacio. La atmósfera. Por ahí patea conos
La Débil: en un terreno compartido por otros viciosos de su misma generación como
El Columpio Asesino,
Nudozurdo,
Pony Bravo /
Fiera,
Dúo Cobra,
La JR o
Lüger, entre otros; todos ellos auténticas bombas de relojería que convierten el elemento tensivo en un auténtico reloj suizo perverso. El segundo LP de
La Débil tras aquel
Lucha Perro iniciático (aunque tenía poco de ello: los madrileños ya eran un secreto a voces y unos militantes del underground con el suficiente pedigrí como para generar expectación en ciertos circuitos) que no hacía justicia a su repertorio, encuentra en los elementos físicos una consecuencia química: pretextos para volverse loco, excusas para entrar en trance. Y eso es precisamente lo que generan: no sólo porque esa concepción tan rural y mecánica, chatarrera y viscosa transforma los mismos elementos analógicos en gritos de guerra revolucionarios impresos en los textos, cuestionando ritos morales, valores religiosos, perspectivas sociales (desde la sociopatía) y auténticos postulados del exceso desde la chulería y la bulería.
Precisamente en ese desengrasamiento y maquillaje de los valores cutáneos y temblorosos de su rock yugular es donde nos topamos con una colección de canciones impoluta, etérea, puramente psicótica y madura; anunciando el fin del mundo desde la conciencia (
Cuida del niño que llevas dentro o algún día lo verás muerto. ¿Quién será la próxima víctima del hombre? rezan en
Rite Rite). Piezas que van desde cierto afán robótico new-waver en un perfil
Devo (
Rosario), el post-punk violento y convencido de sí mismo, quizás similar al de los argentinos ochenteros
Don Cornelio y la Zona (
Averigua Cuál), el kraut rock más puramente loopero (
Ten Cuidado), la conexión entre la bulería jonda y el rock psicodélico (será inevitable la comparación con
Pony Bravo en
La flor del Azafrán) y hasta se dan el gustoso disgusto de crear espacios intermedios que aportan aún más coherencia y cohesión al todo común del disco. Un espectáculo de variedades en donde lo dantesco es bello, grotesco y épico a la vez.