Reina Republicana

Reina Republicana

Imaginaros que el C86 hubiera existido en la España de aquella época en la que Hombres G y La Unión eran un must. No me imagino a David Summers componiendo el Console Me, de Fuzzbox en vez del Venecia de aquel álbum de debut, por muy logrado que haya sido. La realidad es que prácticamente géneros subterráneos como el lo-fi, el C86, el DIY sin internet (importante este calificativo: no, no es lo mismo el de ahora que el de 1991) o el riot grrrl han pasado por nuestro país como una ventolera tardía, que recién bien entrado el siglo XXI encuentran reivindicación en una serie de grupos que, al margen de heredar de bandas de culto estatales y foráneas ciertos gags posteriores a la anestesia y se disponen a abrillantar lo realizado hace quince, veinte o veinticinco años con un gusto exquisito por la rítmica, la brevedad y la melódica de aquel espíritu primigenio de la subterraneidad de aquellas escenas. En el caso de Reina Republicana, al margen de respetar con cierto ahínco el respeto por las formas del género C86, básicamente se han dispuesto a armonizar desde la técnica y el toque simplista géneros como el power pop, el indie pop de principios de los ’90 (sellos como Slumberland, Sarah y hasta Creation pueden servir de referencia) y el twee pop revival que tan en boga está en estos días pero debiendo a bandas como Hello Cuca, El Inquilino Comunista, Suárez, Entre Ríos o Le Mans cierta actitud antes vista pero no tan bien dispuesta. Bonitos amaneceres bajo el sol.

El álbum homónimo de Reina Republicana no es del todo una sorpresa: el marcaje en zona al que se sometió al proyecto creado por Israel Medina, ex miembro de Half Foot Outside y Los Planetas, desde que comenzaran a dar las primeras señales de vida siempre ha sido celebrado. Desde su nombramiento como uno de los grupos revelación de Disco Grande (a.k.a. el programa de Julio Ruiz en RNE3) o el festival Contempopránea hasta la edición de un split junto a Las Robertas (el “gran” proyecto de C86 a nivel global en esta ola revival de los últimos años) o el fichaje por Limbo Starr el quinteto ha ido de bien en mejor. La culminación es este álbum debut: diez canciones por lo general felices aunque por momentos se tornen oscuras (Mar Diamante o Ángeles pensando en mi muerte, esa última en un tono melódico más cerca de La Bien Querida que de Best Coast), cameos constantes de instrumentaciones de cuerda que desarman todo halo simplista y cualquier caricatura copista de algún experimento pretérito, asociación inmediata con proyectos estatales de felicidad flagrante como Los Ginkas, Wild Honey, ¡Pelea!, Mittens o Sacramento, disociación de otros más ruidosos y anti-técnicos como las Aias, constatación e importancia vital tanto del mentado Medina como de Maite Rodríguez (reemplazante de Amaia, vocalista en un principio) como líderes casi absolutos de la banda y lo más importante: hits que se deshacen en influencias eminentemente revivals sesenteras (¿o quizás de los ejercicios que hoy cogen influencia de aquella oleada como Cults, Tennis o Summer Camp?) como se puede apreciar en las guitarras y melodías playeras de Mala Memoria (esta incluso la podría haber cantado Karina o Concha Velasco en los ’60), Los días ya no iluminan o La ciudad ardiendo (con coros que parecen arrancados de la garganta de Guille Milkyway), aunque, a viva voz, sea en las canciones más instantáneas, hiteras, felices, feroces y veloces (Dime qué vas a hacer, La reina, Clonidina o Que cunda el pánico) en donde Reina Republicana se consagre como una de las primeras revelaciones de la temporada junto a los barceloneses Dulce pájara de juventud. Grandes alabanzas, mejores esperanzas.

*Escucha el disco en Spotify haciendo click aquí.

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