My Bloody Valentine
Loveless
Desde hace un cierto tiempo, vivimos en el mundo de la música una continua recuperación de bandas olvidadas o desintegradas. En el caso de My Bloody Valentine, la sorpresa no podía ser más tremenda. A principios de año anunciaban reunificación, que volvían a los escenarios y grabarían un nuevo disco. La noticia nos dejaba como escuchar cualquiera de sus discos: turbados y llenos de preguntas. ¿Qué habrá cambiado en la cabeza de Kevin Shields para ahora sí querer hacerlo? ¿Cómo sonarán? ¿Estará altura de su legado el siguiente disco? ¿Nos aturdirán?
Antes de obtener respuestas, algunas emociones!!! Podremos escuchar I only said y Soon en directo!!! Retorcernos como esas guitarras infinitas, ruidos y otras melodías repetitivas hasta la extenuación, gritaremos para adentro, susurraremos lamentos y sufriremos otras aceleraciones únicas e inigualables porque My Bloody Valentine no es sólo un grupo de culto, es todo un culto en sí mismo rendido a una manera de percibir la música.

My Bloody Valentine no es un grupo de culto, es todo un culto en sí mismo rendido a una manera de percibir la música

Formados en Dublín a mediados de los ochenta, es el grupo más reconocible del shoegazing, ese intento por aunar guitarras distorsionadas con atmósferas de terciopelo, en la que MBV creó un camino único que luego siguieron otros como Ride, Slowdive o Lush. Tras una sucesión de LPs y EPs (la caja que compila todas estas grabaciones es un auténtico tesoro), y ajustes definitivos en la banda: Kevin Shields, Bilinda Butcher, Debbie Googe, Colm O' Ciosoig se instalaron en Londres donde publican su tercer disco: Isn't Anything (Creation, 1988), lo que supone un empujón definitivo para traspasar la frontera de la leyenda. Su cuarto disco Loveless (Creation), editado en 1991 y último hasta la fecha, es uno de los más claros ejemplos de todo lo que hace enorme a la música.
Es una obra de arte que se mitifica porque es grandiosa y grandilocuente. A la altura de la Catedral de Burgos. Construido con elementos nada fáciles de asimilar: andamiajes de guitarras distorsionadas superpuestas, trémolos, baterías sampleadas, efectos y microdetalles en busca de la perfección sónica. Más de dos años de grabaciones en más de quince estudios diferentes. Kevin Shields obsesionado con plasmar una atmósfera asfixiante y oscura pero que al mismo tiempo era la luz más cegadora. Y un resultado apabullante, atemporal, que se llevó por delante a Creation, su sello discográfico, y a la propia banda, hasta ahora. Y por lo que dicen los británicos, donde han empezado su gira, el regreso no ha defraudado. Ya queda menos…