Khale

Sleepworks

Aparecen, caen y nos invaden, armónicas y contundentes, entre tímidas frecuencias agudas y chasquidos electrónicos, las primeras notas a piano que dan salida a este segundo trabajo de Khale. Se sitúan como elementos paralelos a los versos (más poéticos que nunca) con los que arranca Sleepworks (Own Records, 2008). Y comienza así un plácido recorrido por el que fluyen los diez temas con los que Kael Smith, puede estar seguro, nos ha dejado del todo prendados. Embarcados y convencidos, gozando los pasajes oníricos y ricos en matices con el que nos arrastra en este nuevo álbum. 

El joven Smith es uno de esos prolijos e hipersensibles músicos norteamericanos que derrochan creatividad y carisma estético. Pero sobre todo, uno de esos que sabe cómo traducirlo en notas, en colores, en ambientes, en versos, en emociones, en melodías, en luz. Y, como decimos, en muchos matices. Matices que trabajó con Jme White, de Blussom, con quien contactó y desarrolló algunos de los episodios más interesantes del trabajo que comentamos. Esa atmósfera a sintetizador que cobra forma y volumen; esas notas a piano, complementarias de esos otros acordes a guitarra, que se subliman con caricias a base de arreglos de cuerda; esos coros sobrecogedores que vuelan de una escala a otra; esos ritmos superpuestos, escenarios dinámicos de efectos electrónicos…; esa voz. Folk de efectos electrónicos orgánicos y pop ambiental que nos recuerda a Efterklang o a The Notwist, al genial Brian Eno o a Khonnor. Armónico, fluyente y plácido.

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