Chan Marshall es una cantante con actitud profesional, desenfreno por lo “bien hecho” y un talento para (todavía) tener en cuenta; aunque quizá su mayor virtud sea la de demostrar su constante adoración por quienes la inspiraron a seguir el camino de la música. Al frente de Cat Power editaba en el año 2000 The covers record, donde homenajeaba a The Rolling Stones, Neil Young, Nina Simone y Velvet underground con aclamados resultados. Ahora vuelve (nuevamente como Cat Power) a esta sana costumbre con Jukebox, abriendo su corazón a algunos de los cantantes que, desde siempre, más la cautivaron. Esta vez Marshall desnuda versiones clásicas con grandísima soltura y regala un par de composiciones personales (Song for Bobby y Metal heart) basadas en enraizadas melodías de piano. Acompañada por los Dirty Delta Blues, se viste de rompe-reglas de camisa a cuadros y vaqueros de ley y deja claro que pocas convenciones dan mejor resultado que esas en las cuales se juntan las composiciones de sus héroes y su indiscutible destreza para componer arreglos inesperados.
Así aparece su homenaje a Frank Sinatra, que abre el disco: esta vez New York suena muy interesante, tanto como aterciopelada, amarga y resultante. El Ramblin’ man de Hank Williams, rebautizado como Ramblin’ (wo)man, es de otra galaxia, donde la sensualidad parece tener la prioridad absoluta. El tono confidente y preciso de la voz de Marshall se abraza al del James Brown más romántico en Lost someone y la versión de Billie Holiday (Don’t explain) es todo un desafío del que sale intacta gracias a llevar al tema a su terreno sonoro. Jukebox sirve para seguir confiando en este talento particular que termina diseñando un disco que, a pesar de incluir canciones originales de espectros opuestos, tiene la musicalidad de una obra original.
