10 noviembre, 2017. Por

La Musa

Hablamos con Jaume Balagueró sobre su nueva película
La Musa

Si el género del terror goza de una salud razonablemente buena en España, puede deberse en parte al impulso que Jaume Balagueró le ha impreso durante los últimos 15 años. Tras dar carpetazo a la saga [REC], el realizador catalán vuelve con Musa, la adaptación de la novela La Dama Número Trece, de José Carlos Somoza. Para ello Balagueró abandona el tono asfixiante y terrorífico de muchas de sus películas, para sumergirse en un thriller sobrenatural con mejores intenciones que resultado.

Miedo a la inspiración

Samuel Salomon (Elliot Cowan) es un poeta que trata de superar el suicidio de su perfecta y joven novia, Beatriz (Manuela Vellés), cuando comienza a soñar con el macabro asesinato de una mujer. Sus sueños le llevarán a conocer a Rachel (Ana Ularu) y a sufrir el acecho de las musas, unos seres ancestrales que llevan siglos susurrando versos a los poetas pero que, también, torturan sus almas de maneras inimaginables.

En sus 101 minutos Musa consigue entretener, aunque lo hace sin apasionar. Las piezas que conforman la trama tardan, tal vez, demasiado en ordenarse y encajar para mostrar al espectador la historia que se pretendía contar desde el principio. Además, a pesar del magnetismo y la ternura que desprende su protagonista femenina, Rachel; su contrapartida masculina, Samuel, es un personaje excesivamente plano, con tendencia a las decisiones simples y menos carisma que una bolsa de patatas fritas.

Con este panorama, aún es meritorio que Musa consiga mantener el interés hasta el final. Lo hace especialmente gracias al apartado artístico, claramente mimado en aspectos como la fotografía y la caracterización de las perturbadoras musas. Y también gracias a una historia que, si bien se aprecia excesivamente condensada, tiene numerosos momentos bellos, tan poéticos como perturbadores, que puede explotar sin necesidad de plegarse a las exigencias de los cánones del terror.

Hablamos con Jaume Balagueró

Tras ver Musa tuvimos la oportunidad de entrevistar brevemente a su creador, Jaume Balagueró, para obtener información de primera mano sobre los aspectos más llamativos de la cinta. Esto es lo que nos contó.

Después de la saga [REC], que está llena de acción y de sustos, Musa es mucho más psicológica, mucho más atmosférica. No tiene sobresaltos ni gente huyendo de maneras absurdas. ¿A qué responde este cambio?

Bueno, porque esta no es una película de terror, realmente. Esto es otra cosa. [REC] era una película de terror y, por lo tanto, toda la maquinaria estaba puesta en eso. Este es un thriller sobrenatural con elementos de tragedia, drama, suspense y hasta con romance. Es otra maquinaria. La idea no es generar sustos o sobresaltos, es generar una inquietud y una intriga sobre todo. Generar preguntas.

Pero gran parte del público tiene tu nombre generalmente asociado a este cinde de pasar mucho miedo en la sala. Da la impresión de que intentas buscar un público un poquito más amplio, un poco menos centrado en el cine de terror.

Tampoco te concentras en eso. Realmente cuando haces una película no piensas en qué público quieres buscar porque, básicamente, partes de una novela y esa novela te fascina. Entonces quieres contar esa historia y entonces bueno, pues esa historia tendrá un público. Pero no es algo que yo premeditadamente diga “no, ahora quiero ir a un público más amplio”.

«La idea no es generar sustos o sobresaltos, es generar una inquietud y una intriga sobre todo. Generar preguntas.»

¿Cuándo conociste la novela La Dama Número Trece y cuándo supiste que querías adaptarla al cine?

Pues hace 15 años, más o menos. La leí hace 15 años y pensé que era maravillosa. El cómo replantea la figura de la musa mitológica y la convierte casi en bruja maligna. La poesía como un arma de maldad, destrucción y perversidad. Y, sobre todo, la trama que había en la novela. Esa trama emocional, esos personajes que descubren quiénes son y qué esconden en su interior.

Y había una cosa que a mi me gusta mucho en la novela que es esa trama de thriller sobrenatural que se va transformando en algo poético. Porque, al final, la resolución de la película es casi poética: dónde está, quién es, cómo se esconde y cómo vamos a volver a traerla. Eso me fascinaba para mi nuevo reto. Eso que es casi poético, cómo llevarlo a imágenes y que funcione. El final es poderoso pero arriesgado. Para mi era un reto.

Encaja bien, el final. Tarda un poco en hacerlo pero lo logra.

Claro, la idea era esta. Que, de repente, inesperadamente, todo encajara. Es bastante evidente. El reto era el conectar las piezas, descubrir cómo era la historia realmente y quién es él y por qué, pero que no te sorprenda. Que todo tuviese una lógica. El trabajo estaba centrado en eso.

«Leí La Dama Número Trece hace 15 años y pensé que era maravillosa. El cómo replantea la figura de la musa mitológica y la convierte casi en bruja maligna.»

Casi lo que más llama la atención de La Musa es la fotografía. La luz tenue y fría del norte de Europa está perfectamente retratada. ¿Es por eso que os habéis ido a Irlanda a rodar? ¿Con qué habéis trabajado para crear estas atmósferas?

Básicamente con la propia atmósfera de Irlanda y de Bélgica, porque también hemos rodado exteriores allí. Ya esa atmósfera es así, solamente había que retratarla un poco como era buscando las localizaciones específicas. Pero ya es verdad que el propio Dublín y sus alrededores ya nos daban esta atmósfera.

Otra de las cosas que más me han llamado la atención han sido los títulos de crédito. ¿De dónde sale esa idea tan impactante para abrir la película?

La persona que se encargaba de hacerlos nos hizo la propuesta y nos fascinó, nos pareció súper impactante. Además para romper, después de la escena de la que venimos y para crear ese minuto y pico, esa pausa para entrar en un año después.

Son muy de serie de televisión, ¿no? Me recordaron mucho a los títulos de crédito de Hannibal.

Es muy curioso porque más de una persona me lo ha dicho, lo de que parecen de serie de televisión. Y eso es porque, quizás, una cosa que era muy de cine, ahora es más habitual verla, como secuencia de créditos elaborada, en la televisión. Antes era muy de cine, teníamos estas grandes secuencias de créditos en cine, como los de Seven [David Fincher, 1995]. Esto se ha perdido un poco ahora. Cada vez se hacen menos secuencias de créditos importantes para cine. Pero, en cambio, se están haciendo mucho para televisión. Por eso lo asocias a la televisión. Pero antes de la televisión, se hacían para cine. Y a mi siempre me han gustado mucho y pienso que debemos volver a tener esas grandes escenas para cine.

«Cada vez se hacen menos secuencias de créditos importantes para cine. Pero, en cambio, se están haciendo mucho para televisión.»

En este caso, sin duda ayuda a meterte en la película.

Hay algo narrativo en ello. No solo sirve para poner nombres, sirve para narrar. Sirve muchas veces para crear un “hostia, y ahora ¿qué?”. Esos impasse narrativos funcionan muy bien con eso.

Tu cine se caracteriza por estar protagonizado por heroínas fuertes e independientes, y Musa no es una excepción. Pero da la impresión de que las musas de la película solamente le susurran versos a Dante, a Milton, a Vaughan… todos poetas varones. ¿No hablan con mujeres?

Seguramente sí. Pero yo también fui en ese sentido un poco fiel a lo que sucede en la novela. Las referencias que salen de poetas son las que hay en la novela y ahora no recuerdo, pero probablemente habría alguna también. Estoy seguro de que sí. Pero bueno, como al final es algo mitológico y yo creo que se suele relacionar con una especie de tensión sexual, hay una lógica de que asociamos la musa femenina al artista, al poeta masculino. Porque estamos hablando de poetas muy antiguos también. Entonces no sé… pero bien visto eso.

«Las musas al final son seres como muy conceptuales. Lo que tienen es que inquietar, tampoco necesariamente tienen que dar miedo»

Musa me ha recordado mucho a tu primera película, Los Sin Nombre (1999), principalmente porque me ha dado bastante más miedo el proxeneta que explota a Rachel que las musas. ¿Era parte de la idea? ¿Tienes algún interés por volver a relatos en los que el terror sea más humano que sobrenatural?

Es interesante, porque las musas al final son seres como muy conceptuales. Entonces lo que tienen es que inquietar, tampoco necesariamente tienen que dar miedo. Pero, en cambio, el castigo al que han sometido a Rachel es este [el proxeneta], y entonces eso es lo que tiene que dar miedo realmente. Lo que tiene que ver con lo humano, porque ese es el castigo. Me gusta que se vea así porque eso es lo que es intenso, lo humano. Y no deja de ser lo que echan de menos ellas, lo que ellas no pueden tener. Esa capacidad de amar o de odiar. Esa capacidad de sentir ellas no la tendrán. Entonces está bien que todo lo que es intenso, que todos los picos de intensidad [de la película] estén en lo humano.

La Musa