25 abril, 2018. Por

Muñeca de porcelana

La obra que convierte a José Sacristán en mejor actor que Al Pacino
Muñeca de porcelana

La última obra del insigne y veneradísimo David Mamet, China Doll, se pegó un batacazo de padre y muy señor mío en su estreno en Broadway hace un par de años. Al Pacino la protagonizó (Mamet, por lo visto, ya la escribió con el protagonista de El Padrino en la cabeza) y se cayó con todo el equipo. Según las reseñas, parecía que estaba a por uvas el buen hombre. Un mal día lo tiene cualquiera, de todas formas, y Pacino siempre será Pacino, por mucho que la cague. Anyway, España fue el siguiente destino de un texto que, si bien no es de lo mejor del autor de Glengarry Glenn Ross, sí que contentó aquí a público y crítica. ¿Por qué? Pues, básicamente, por una interpretación de órdago de uno de nuestros grandes patrios: José Sacristán.

Muñeca de porcelana puede verse ahora en el Teatro Bellas Artes de Madrid. La historia no es nada novedoso, e incluso puede pecar de flojita: un millonario se las ve muy felices y está preparando desde su olimpo privado (es decir, su despacho) y con su esclavo particular (un asistente que básicamente, calla, oye y asiente a las demandas de su jefe) un viaje con su novia (mucho menor que él), avión privado incluido.

La compra y los tejemanejes con el tema del avión son el Macguffin para hablarnos de la corrupción, las ansias de poder y presentar un personaje endiosado dibujado con tino por Mamet y ayudado por una puesta en escena de Juan Carlos Rubio sencilla pero de ritmo perfecto, que consigue mantener un crescendo continuo (sin que el interés decaiga en un momento, tarea complicada puesto que además la cosa se trata básicamente de un monólogo encubierto) hasta un final (a nuestro parecer, que para gustos los colores) algo decepcionante, eso sí. Ahí nos esperábamos más del autor de Oleanna, la verdad.

«‘Muñeca de porcelana’ no pasará a la historia por ser una de los mejores textos de Mamet. Pero sí por una interpretación brutal de un Sacristán que demuestra que no tiene nada que envidiar a Al Pacino. De hecho, en este caso incluso sería el mítico Tony Montana quien debería mirar con respeto a Sacristán«

De todas maneras, es la única pega que se le puede poner a un espectáculo cuyo eje central es una interpretación de las de libro. Y es que Javier Godino como asistente está espléndido en su complejísima labor (ese tipo de personajes que se tienen que tirar tres cuartas partes de una función escuchando son un auténtico reto aunque no lo parezcan y, por descontado, enfrentarse a una bestia parda como Sacristán no es sencillo tampoco); pero es que Sacristán demuestra una vez más que es uno de los mejores actores que tenemos en nuestro país. Increíble el dominio de la escena que tiene, cómo maneja los tiempos y cómo lanza y juega con las frases. Y la humanidad y verdad que aporta a un personaje (en principio) profundamente desagradable. Una de las mejores interpretaciones de los últimos años.

En definitiva, que Muñeca de porcelana no pasará a la historia por ser una de los mejores textos de Mamet. Pero sí por una interpretación brutal de un Sacristán que demuestra que no tiene nada que envidiar a Al Pacino. De hecho, en este caso incluso sería el mítico actor que encarnó a Tony Montana quien debería mirar con respeto a Sacristán.

Muñeca de porcelana