10 febrero, 2017. Por

Moonlight

La búsqueda del cariño
Moonlight

Nuestro cuerpo nos manda señales de la interacción que está llevando a cabo con una película en el proceso de visionado. Algo así como cuando nos encontramos delante de alguien que todavía no conocemos, y empezamos a enjuiciar. Una de esas reacciones físicas es el reconocible escalofrío que lleva la conmoción desde dentro hasta las extremidades. Eso es Moonlight.

Realidad sin maquillaje

Barry Jenkins, ya conocido en los círculos independientes por el paseo de dos jóvenes afroamericanos en el San Francisco de Medicine For Melancholy (2008), se atreve aquí a convertir en imagen un guion (también suyo) mezcla de sus vivencias autobiográficas con la obra teatral Moonlight black boys look blue (algo así como “los chicos negros son azules a la luz de la luna”) de Tarell Alvin McCraney. La historia se centra en las etapas de madurez (Little, Chiron y Black) que se esconden dentro de un mismo chico negro que vive en el Miami de los 80.

Un Boyhood mejorado

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero en cuanto se habla de momentos de la vida de un chico es inevitable retroceder unos años al film de Linklater. En este caso la pretenciosidad de Boyhood sale perdiendo. Todo el vacío de contenido que tenía aquella, aparece por arte de una magia muy trabajada en ésta.

La sencillez y la fuerza con la que se retrata a un individuo, resultado de su contexto, es puro arte. Con una sutileza sin palabras se presentan temas tan crudos como el bullying, las drogas, la soledad, la marginación y la discriminación.

Poesía visual

Por si el guion fuera poco, los planos, la fotografía y la música dotan a la película de los sentimientos adecuados en cada momento. Desde la primera escena se puede apreciar cómo la cámara sigue a los personajes y se instala en ellos para permitirnos acompañarlos el resto del metraje. El color y la iluminación, como del propio título (y de los maravillosos carteles de promoción) se puede deducir, superan las expectativas de calidad y complementa la interpretación para resaltar y despejar, en cada caso, la tensión.

El león de la manada

La película está repleta de lucha de poder y simbolismos. Los personajes están muy bien definidos y los actores y actrices juegan su rol a la perfección. Nunca terminamos de conocer al completo a cada uno de los acompañantes de la vida del protagonista (y menos a éste). Lo que lo convierte en un fiel retrato de la realidad.

Los tres actores Alex Hibbert (Little), Ashton Sanders (Chiron) y Trevante Rhodes (Black) se complementan como si de la misma persona se tratase sin artificios de tiempo de por medio. La figura paternal interpretada por Mahershala Ali desprende ternura y voracidad a partes iguales. Naomie Harris y Janelle Monáe (Teresa, su personaje, comparte la totalidad de momentos con la vida real de Barry) son las encargadas de representar a las madres.

Moonlight no es sólo un precioso relato de las dudas, el dolor, la homosexualidad y los anteriores temas mencionados. Es una película-escalofrío con mayúsculas. Tiembla, La la land, que nada está asegurado todavía.

Moonlight