9 enero, 2018. Por

Molly’s Game

¿Quién es Molly Bloom, la princesa del póker que devino en musa de Hollywood?
Molly’s Game

Molly Bloom tenía 26 años cuando su sueño de competir en los Juegos Olímpicos como esquiadora profesional se fue al traste. Una fuerte lesión le hizo apostar por su segundo plan de vida: estudiar derecho en Harvard. La vida fuera de casa no le resultó tan dulce como hasta entonces, así que un poco por azar y otro poco por inteligencia, acabó organizando timbas de póker de lujo. Como el que no quiere la cosa. Su audacia y la ambición que el deporte de competición –y un padre demasiado rígido- le habían dejado, la llevó a ser conocida como “la princesa del póker”. Pero ella solo quería ganar.

Y lo hizo, aunque después de un ascenso siempre hay una caída, incluso en la vida real. Acabó teniendo a Ben Affleck, Tobey Maguire o Leonardo DiCaprio entre los croupiers de sus mesas, haciéndole ganar a ella hasta 150.000 € por noche. Entre los magnates de Nueva York se corrió la voz, pero el ritmo y la cantidad de billetes que había que contar con las dos manos era tan agotadores que Molly terminó siendo adicta a las drogas.

El crimen organizado, la mafia rusa y el FBI hicieron el resto. Bloom entró en la cárcel pero volvió a levantarse. Tras duras negociaciones con las autoridades y a cambio de cientos de horas de trabajos comunitarios, consiguió su libertad condicional. La capacidad de convicción era uno de sus puntos fuertes. A su salida escribió un libro de memorias donde, a pesar de dar nombres, no contó ni un solo detalle morboso. Su rabia solo disparó alto contra una persona: Tobey Maguire, ese ser “mezquino, celoso y miserable” que la traicionó. ¿De qué manera? Supongo que eso le da para otro libro.

Cuando Sorkin encontró a Molly

Aaron Sorkin (guionista de La red social, creador de The Newsroom, entre otros hitos de su CV) leyó las memorias hace un par de años. No le convencieron, pero Bloom sí, así que escribió el guión de Molly’s Game, la película que acaba de estrenarse en España y que bien podría llamarse Oda a Molly Bloom. Con una imponente e impecable Jessica Chastain como protagonista, Sorkin retrata a una heroína de la moralidad y la inteligencia en su debut como director.

El personaje de Chastain es el reflejo de una mujer fuerte y audaz que no necesita de abalorios para ser una más en un mundo de hombres. Solo Molly frente al mundo. No hay un personaje masculino que la levante para terminar ascendiendo y no trabaja para todos esos hombres que juegan al póker. Aunque a simple vista la historia pueda dar a entender lo contrario, ellos son el medio para conseguir el poder al que ella se ve prácticamente abocada. Como un abismo. Porque sí, esta es la benevolencia con la que Sorkin trata a su protagonista, a la que aquí no juzgamos, pero que cuya historia real evidencia muchos más entresijos, alejados, claro está, de esa moralidad imperante en el pensamiento del director y guionista.

«El personaje es el reflejo de una mujer fuerte y audaz que no necesita de abalorios para ser una más en un mundo de hombres. Sola frente al mundo. No hay un personaje masculino que la levante para terminar ascendiendo y no trabaja para todos esos hombres que juegan al póker»

“La princesa del póker” no quería ser de la realeza (ella misma lo dice en un momento del filme: “¿Crees que una princesa conseguiría todo esto?”). Cuando aún es plebeya, es repudiada, y en vez de huir montada en su calabaza con su vestido roto, lo arregla con sus propias manos y sigue andando descalza. Este exceso de moralidad resulta hasta exagerado, pero también deja claro que no estamos ante la típica película americana.

A pesar de esta evidencia, es imposible no acordarse de La gran estafa americana por su fotografía y estética pop. Pero hay una diferencia abismal que nos hace separarnos bruscamente de esta idea: el guión. Los personajes de David O. Russell no tienen más recorrido que el que vemos en pantalla, a pesar de la audacia intrínseca o aprendida de cualquier mafioso. Sin embargo, los de Sorkin no son huecos, sino que poseen un amplio bagaje cultural que el propio guionista se encarga de evidenciar a lo largo de la película con cientos de referencias literarias.

Así que no, no hay rastro de nombres, ni de actores interpretando al verdadero DiCaprio o Ben Affleck. EL jugador X hace el papel de todos ellos pero sin ninguna intención de llamar al codiciado morbo y al titular del Hollywood Reporter. Ellos estuvieron allí, pero si Molly no lo contó, ¿por qué lo iba a hacer Sorkin?

Molly’s Game