20 octubre, 2017. Por

Mogwai

El largo y luminoso viaje de una de las mayores bandas de rock instrumental
Mogwai

Los escoceses Mogwai son una de las bandas más representativas del rock instrumental de las últimas dos décadas. Con nueve álbumes a sus espaldas, así como bastantes bandas sonoras, EPs y recopilatorios; Mogwai pueden presumir de ser uno de los grupos más prolíficos y versátiles del panorama post-rockero actual. Sus discos se caracterizan por atmósferas misteriosas, distorsión, guitarreo desmedido, electrónica y, a veces, elaboradas narrativas. Pero, también, por un lirismo exacerbado, similar al de las naturalezas muertas, plagado de silencios e introspección, especialmente cuando se trata de componer bandas sonoras.

Every Country’s Sun (2017) viene a ser todo lo que su predecesor (si no contamos recopilatorios, EPs y bandas sonoras), Rave Tapes (2014), no era. Fue aquél uno de los discos en los que Mogwai más han coqueteado con la electrónica y la abstracción y su continuación mientras que Every Country’s Sun es un LP luminoso y rico en emociones y color.

En su arranque, Coolverine hereda la atmósfera sintética y llena de interrogantes de Rave Tapes. Pero el Party in the Dark que le sigue apela a una de las versiones más indies y sencillas de Mogwai. Una faceta, la del uso de la voz, con la que han coqueteado recientemente en un tono similar en el Teenage Exorcists de Music Industry 3. Fitness Industry1. (2014). Y lo hacen con una pegada y una vitalidad completamente inesperadas.

No obstante, es a partir del cuarto corte, tras la dilatada transición de Brain Sweeties, donde el sonido de Every Country’s Sun se consolida: Crossing the Road Material despliega a lo largo de sus siete minutos muchas de las mejores cualidades del post-rock de hoy en día. Una atmósfera dulce y optimista que se construye con paciencia, pero que desemboca en un movimiento vital y emotivo, como los que se podían encontrar en algunos pasajes de Happy Songs For Happy People (2003). Aunque ahora, eso sí, Mogwai suenan más limpios y maduros que entonces.

Quien venga buscando a los Mogwai más desatados y ruidosos se sentirán encallados en arenosos paisajes sonoros

Es necesario calmar los ánimos y en cortes como con aka 47, 1000 Foot Race o Don’t Believe the Fife recuperamos la versión más introspectiva y enigmática de Mogwai, que va desplegando un paisaje colorido pero misterioso lleno de recursos y arreglos que ya son marca de la casa. Son momentos que quien añore de su faceta menos electrizada y más dulzona, como la de la banda sonora de Les Revenants (2013), disfrutarán sin dificultad. Pero es posible que quien venga buscando a los Mogwai más desatados y ruidosos se sientan encallados en arenosos paisajes sonoros que se estiran casi artificialmente para llegar a conclusiones más emocionales.

20 Size empieza sonando a los Mogwai de hace 10 años, guitarrera y agresiva. Pero, a medida que avanza, se va tiñendo del ánimo colorista de Crossing the Road Material para acabar sonando a algo más que un tema clásico de Mogwai. Pero lo mejor de Every Country’s Sun transcurre a partir del movimiento final de Don’t Believe the Fife. Las guitarras se desmadran en Battered At a Scramble, pero el ruido o la sobrecarga de capas de sonido no llegan a emborronar la elaborada melodía. El desmadre se va de las manos en Old Poisons: violento, rompedor con el resto del sonido del álbum pero, a su vez, contraste necesario con el tono reflexivo de éste.

Finalmente el tema que da nombre al disco y que, a su vez, lo cierra, vuelve a ser un despliegue de lírica pero ruidosa belleza. Un estilo que los de Glasgow dominan a la perfección después de más de 20 años de práctica. El sabor, al final, es bastante redondo. Mucho más memorable que otros trabajos más recientes de la banda, pero evolucionando ligeramente dentro de su estilo. Con músculo, sí, pero también con un tipo de delicadeza que solo dan los años.

GIRA:

25.10: Madrid, La Riviera (entradas)

Mogwai