4 mayo, 2018. Por

Mi Querida Cofradía

Mucho más que una divertida comedia de enredo sobre costaleros y mantillas
Mi Querida Cofradía

Recién salida del Festival de Málaga, donde se llevó el galardón a la Mejor Actriz de Reparto y el Premio del Público (que cambién ha cosechado en el BCN Film Fest), esta semana se estrena Mi Querida Cofradía (Marta Díaz de Lope Díaz, 2018). La ópera prima de esta realizadora y guionista andaluza es una comedia necesaria e inteligente, que brilla en varios aspectos que trascienden por encima del mero género cómico. Una cinta ambiciosa que, en lugar de engatusar al espectador con un sinfín de gags y situaciones delirantes que le obliguen a reírse a carcajadas durante todo su metraje, se propone compaginar la risa y la sonrisa cómplice con la reflexión, la exposición sincera y sencilla de un mensaje empoderante y feminista y una producción artística francamente destacable.

“Más que encadenar un sinfín de gags, se permite que la misoginia se ponga en ridículo a sí misma, pareciendo chistosa de lo puramente absurda que es”

Tras tres décadas de servicio y devoción a la cofradía local, Carmen (Gloria Muñoz) ve cómo su sueño de convertirse en la hermana mayor y, por lo tanto, máxima responsable de ésta, se ven truncados a pesar de su incuestionable popularidad entre los demás cofrades. Nadie se atreve a decirlo en voz alta, pero toda Ronda sabe que Carmen no llegará nunca a hermana mayor porque es una mujer. La frustración de Carmen es tal que, en un desagradable encuentro con Ignacio (Juan Gea), el recién elegido hermano mayor, éste acaba inconsciente en su baño. Carmen no tiene más remedio que elegir entre llamar a una ambulancia o tomar ella misma el control de la cofradía en las críticas horas de la Semana Santa que preceden a su salida en procesión.

Unos pueden pensar, a priori, que Mi Querida Cofradía se pitorrea y banaliza una de las tradiciones más arraigadas de Andalucía. Mientras que aquéllos a los que la Semana Santa les sea del todo indiferente, pueden sentirse incómodos ante una cinta en la que la espectacular liturgia de las procesiones y la devoción es mucho más que una excusa o un telón de fondo desde el que armar un relato. Ambos temores son comprensibles. Pero Díaz de Lope Díaz es capaz de dirigir su narración habilidosamente entre ambas aguas, logrando retratar la tradición desde una amorosa fascinación, pero sin caer en el seguidismo o la defensa exacerbada de las costumbres católicas.

“Díaz de Lope Díaz logran retratar la tradición desde una amorosa fascinación, pero sin caer en el seguidismo o la defensa exacerbada de las costumbres católicas”

El mundo de las cofradías y la fé es mucho más que un mero escenario en el que se desarrollan los acontecimientos de Mi Querida Cofradía. La película se atreve a reflexionar sobre el papel de la mujer en estas organizaciones sin meterse a cuestionar el arraigo o la importancia que tienen para un buen número de ciudadanos de nuestro país. Es más: Díaz de Lope Díaz se deleita en toda la parafernalia religiosa. En las flores, las velas, las vírgenes, las mantillas… incluso se permite, en uno de los mejores momentos de la película, rodar la preparación del séquito de mujeres de luto que acompañarán a la Virgen en su dolor durante el recorrido de la procesión, las llamadas “mantillas”, casi como si de superheroínas vistiéndose para la batalla se trataran.

No se desaprovecha ni una sola ocasión para que tanto Ronda como la parafernalia católica embellezcan los planos

Pero la película va aún más allá. El eje en torno al cual gira no es la carcajada y el gag, lo cual puede desconcertar a muchos espectadores que paguen una entrada esperando una comedia desternillante. Afortunadamente, Mi Querida Cofradía no es una de esas comedias que no le hacen reír a uno. Pero el guión depende más de la acción y de un mensaje claro más que del puro enredo. Uno se acerca a Mi Querida Cofradía esperando, tal vez, algo parecido a las frenéticas comedias costumbristas de Félix Sabroso y Dunia Ayaso, como Descongélate (2003) o Mujeres (2006), y se encuentra con un discurso de corte berlanguiano.

“‘Mi Querida Cofradía’ no es una de esas comedias que no le hacen reír a uno. Pero el guión depende más de la acción y de un mensaje claro más que del puro enredo”

Por otro lado ni el catolicismo ni la tradición distorsionan el mensaje feminista de la cinta. Los personajes de Mi Querida Cofradía no tienen pelos en la lengua a la hora de hablar de los problemas de las mujeres en cualquier organización jerarquizada. La discriminación a la que es sometida Carmen, sobre quien lleva años recayendo el trabajo emocional, imprescindible para la buena marcha de la cofradía, se muestra sin dramas, pero sin tapujos. Más que encadenar un sinfín de gags, se permite que la misoginia se ponga en ridículo a sí misma, pareciendo chistosa de lo puramente absurda que es. Es aquí donde reside el valor y la inteligencia de la cinta.

No pasan desapercibidos los numerosos nombres femeninos en el equipo técnico que enriquecen, sin duda, la cinta, tanto a nivel artístico como emocional

Es cierto que se echa de menos algo de pegada cómica: el chiste de las torrijas no acaba de cuajar y la situación del machirulo inconsciente tirado sobre el suelo del baño no se explota en toda su riqueza. Pero el reparto se defiende de manera excelsa, abrazando unos diálogos frescos e inteligentes que le hacen a uno sonreír. Ronda como escenario monumental y la riqueza de detalles con la que se retrata el día a día en una cofradía hacen el resto para que, incluso quien no tiene el más mínimo interés en estos asuntos, se sienta fascinado. Mi Querida Cofradía molestará a unos cuantos, que reconocerán frases y actitudes propias en los “villanos” de la historia. Pero alguien tenía que hacerlo. Y qué bien que haya sido Marta Díaz de Lope Díaz en su debut.

Mi Querida Cofradía