6 septiembre, 2018. Por

Mercedes Peón

En el centro de un Mátrix musical, la artista indefinible, sin vallas ni géneros
Mercedes Peón

Era el Día Das Letras Galegas, y en la sala de reuniones de las oficinas de Altafonte, en Madrid, una de las artistas más importantes y revolucionarias nacidas en tierras gallegas me espera sobre la mesa. De apariencia menuda, Mercedes Peón es absolutamente todo menos eso: la raíz de su música es ella misma, aunque se la considere como uno de los máximos exponentes de la revolución que ha conseguido imponer a la música gallega.

Y es que, tras varios años siendo una de las instrumentistas más reclamadas por parte tanto de la ortodoxia como la heterodoxia de la música tradicional gallega, Mercedes Peón se reinició a sí misma para reiniciar la comprensión de todo lo que podíamos entender como música folclórica, pero también música de vanguardia. En Galicia se la reconoce en círculos tanto rurales como intelectuales; ha recibido prácticamente todos los premios habidos y por haber; pero su mirada no es ni local ni regional ni nacionalista: es global.

Así lo vuelve a demostrar, ocho años después de SOS, en Deixaas, su último y explosivo cancionero, en el que cavila entre la sonoridad industrial de los buques y navíos, la adherencia a la música de construcción popular, las exploraciones con música electrónica y de vanguardia y un discurso ampliamente dinamitador con todo tipo de géneros. Hablamos con ella largo y tendido sobre géneros, mapas, idiomas, sonidos y viceversa.

“Si ahora yo hiciera música en castellano nunca se hablaría de mí como “artista gallega”. Se me dice eso porque canto en gallego. Por lo tanto, Galicia no es España”

Antes que nada, felíz Día Das Letras Galegas. No sé si te hace más ilusión que te saluden por el Día das letras galegas que por tu santo.

Gracias, pero soy de las que piensas que el Día Das Letras Galegas debería ser todos los días. Es cierto que este año estamos de bastante enhorabuena porque han premiado María Victoria Moreno, y en 56 años de existencia de este día, solo había tres señoras que habían sido premiadas (sin contar a Rosalía de Castro); y hay varias cuestiones de cambio de paradigma mental que vendrían bien que instalen.

Esperemos que no solo sea un gesto…

Eso espero yo, que sea un cambio de paradigma real. Si es un gesto, acaba siendo peor, convirtiéndose en una construcción y no en una igualdad e integración real.

Me daba la sensación de que en tus discos proyectas una Galicia casi futurista. No sé si a la hora de construir el discurso de cada nuevo disco también hay una especie de Galicia imaginada por ti.

Sí. Lo que pasa es que yo no pienso tanto en Galicia, sino que mi mirada es más global. Es verdad que yo estoy allí y surge de allí; pero mis discos son creaciones de esta personita, que está instalada en una de las tantas periferias que hay en el mundo. Miro para la humanidad, para lo que está pasando a escala global.

“Soy una artista muy querida por la gente más humilde, que vieron en mí un reconocimiento, y han visto que siento la inmensa belleza de sus formas creativas y sus lenguajes. No sé si se sienten representados por mí, pero, desde luego, yo me represento a mí misma”

¿Hay una reflexión humanista en discos como este Deixaas?

En cierta medida, sí. Hay una parte importante de subjetividad, de cómo podrían ser las cosas, cómo son, cómo se podrían proyectar, mundos posibles, situaciones distintas…

Hace unas semanas estuve con Carlos Núñez, y me decía que creía que “las nacionalidades culturales no existen” y que “las culturas no tienen por qué reflejarse en los mapas”. ¿Tú también piensas eso?

Yo lo que creo es que hay hegemonías que ejercen su poder, y subalternidades que reclaman sus derechos. En ese sentido, es muy importante darle voz y espacio a quien está en esos reclamos. Si tú eres transexual, por ejemplo, y no sales a la calle y no te muestras y no te posicionas políticamente y no intentas cambiar la situación vas a ser un subalterno y, además, bastante violentado.

Y quien dice “transexual” dice cualquier cultura absorbida por la hegemonía, porque no sobrevive: no tiene los mismos lenguajes ni está en los mismos lugares públicas. No mostrarte significa estar fuera de la política: eres invisible en ese extracto; porque luego hay muchas cosas que nos pueden parecer invisibles, pero quizás es porque no somos capaces de verlas, y los que somos invisibles en esos extractos somos nosotros. Podríamos hablar incluso de un mundo, que es donde uno está instalado, y unos no-mundos…

Como si fuera Mátrix, casi.

Sí, hay algo cuántico en eso. Todo está aquí en este momento y en este instante, y hay que estar muy atentos.

“En el momento en que representas a un pueblo y que el pueblo se siente representado por ti formas parte del folclore, pero el mío no creo que sea el caso”

Al hablar de tu obra, siempre se menciona la relación entre la música tradicional gallega y sonidos más vanguardistas, electrónicos, industriales. Al haber salido tanto por el mundo y ser una de las artistas gallegas más internacionales, ¿te sientes una embajadora cultural de tus raíces?

Nací en los Castros, en Coruña; vivo en Oza dos Ríos, también Coruña; Coruña está en Galicia. Pero Galicia es una construcción: podría ser hasta parte del Bierzo, parte de Portugal o Portugal toda. España también podría ser Portugal, o solo parte del País Vasco… Al final estamos hablando siempre de construcciones.

En el momento en que representas a un pueblo y que el pueblo se siente representado por ti formas parte del folclore, pero el mío no creo que sea el caso. Yo soy una artista muy querida por la gente más humilde, que vieron en mí un reconocimiento, y han visto que siento la inmensa belleza de sus formas creativas y sus lenguajes; y también me siento muy querida por la intelectualidad gallega. No sé si se sienten representados por mí, pero, desde luego, yo me represento a mí misma: soy una persona que sí que sé que tengo una carga cultural conmigo inmensa, maravillosa y escandalosamente explosiva como son los micro-hábitats de Galicia. Pero lo que puedo representar es la imagen de una compositora que ama profundamente la creación colectiva; pero eso no quiere decir que yo haga música de creación colectiva, porque sería una falacia: yo hago música sola, sin la colectividad. Pero sí que estoy impregnada de toda esa energía, sería también una falacia decir que no.

En Galicia se hizo un trabajo por visibilizar la música tradicional en los años ’90; pero no sé si te preocupa que las nuevas generaciones pierdan el interés, y se pierda esa búsqueda por parte de los más jóvenes en sus raíces.

Desde luego me preocupa. Lo que más preocupe en Galicia es el desamparo de nuestro idioma: es, desde el punto de vista institucional, preocupante; se salta los mínimos que se piden en la Unión Europea. Galicia es el único lugar de España que se pierden gallegohablantes: en Cataluña, País Vasco, Baleares… aumenta. Es obvio que es una cuestión política: cuando yo era niña, hace 40 años, el 75% de la población gallega hablaba el gallego y el 100% lo entendía. Hoy queda un 10% de niños y niñas hablando en gallego.

Hay una preocupación tremenda, en ese sentido. No es cuestión de sensibilidad, es cuestión de sentimiento: una construcción que creó una sociedad de manera colectiva hace cientos de años ahora está siendo aniquilada por las instituciones. La gente tiene una percepción diferente: creen que cada vez hay más gente que habla en gallego. Pero la realidad es otra.

“Lo que pasó con la música celta es una construcción, una fantasía: claro que hay conexiones entre Galicia y el mundo celta… pero las principales conexiones que hay en la música gallega no es con ‘lo celta’, sino con música africana y del Amazonas”

¿Por qué crees que hay intereses políticos?

Porque el idioma es poder. Yo tengo un convencimiento: en el momento en que sustraen el idioma de tu comunidad también te extirpan tus deseos primigenios. Acaban estando mediados, no son como con los que te encarnaste: acaba siendo no válido, inferior, vulgar. Y eso crea una situación de poder.

Eso pasa en cualquier sitio que se colonizó: siempre se ha empezado por el idioma. ¿Quién sabe aquí que en México se hablan 55 idiomas? Hay gente allí que se disculpan por no saber hablar tu idioma, cuando en realidad es fantástico que siga habiendo esa resistencia: deberíamos agradecerles nosotros a ellos, y no exigirles que se adapten a nuestro idioma.

Eso de “perder lo primigenio” también se relaciona con otro tipo de realidades originales culturales, todo lo “folclórico” en general, no solo lo musical.

Yo llevo todo eso a lo político: a tu capacidad de tomar tus decisiones en base a tus propios deseos, y no a deseos mediados exteriores. El folclore es lo que representa a un pueblo; tradición es la creación colectiva; y luego está la construcción de ese folclore que acaba representando al pueblo. Pero todo eso acaba derivando en cuestiones geopolíticas, y si no hay resistencia, es difícil que otras construcciones más grandes no acaben haciendo sucumbir construcciones más pequeñas.

“En el momento en que sustraen el idioma de tu comunidad también te extirpan tus deseos primigenios. Acaban estando mediados, no son como con los que te encarnaste: acaba siendo no válido, inferior, vulgar”

¿Crees que en Galicia hay parte de la población que ven la difusión de la música tradicional como una “música subvencionada”, con mucho apoyo político durante los años ’90?

En los años ’80 vivimos la revolución de las pandereteiras: la gente se echó a las aldeas y se generó un movimiento de miles y miles de personas intentando llevar ese lenguaje folclórico a los escenarios, aunque siempre desde un punto de vista subjetivo. ¡Tendrías que ver las cintas que yo tengo grabadas de aquella época! Es increíble, hay cosas inmensamente bonitas, cualquier persona se quedaría con la boca abierta. Hace unos días se las mostré a un bailarín francés, y viendo a las señoras bailando se quedaba totalmente impactado; pero no por complejo, sino por singular, por profundo.

Pero luego, lo que pasó con la música celta es una construcción, una fantasía: claro que hay conexiones entre Galicia y el mundo celta, Irlanda… pero para mí las principales conexiones que hay en la música gallega no es con ‘lo celta’, sino con la música africana y del Amazonas. Desde mi punto de vista, cualquier microhábitat que creó una música singular no necesita justificarse con músicas creadas en el exterior: es inherente a su lugar. Y para mí eso es lo fundamental.

“En las aldeas hay un pensamiento mucho más queer y contrasexual que en la ciudad de la Coruña”

¿Cómo consigues, utilizando instrumentos antiguos y tradicionales, conseguir sonar en cánones tan contemporáneos?

Tengo una manera de trabajar de mucho ensimismamiento; y, además, no trabajo ni con productores ni arreglistas ni compositores: yo me encargo de todo. Y todo forma parte de un todo más grande, y voy investigando texturas y espacios, y lo mezclo y lo pongo en sintonía con otras texturas y espacios. Me gusta que en cada espacio interaccionen elementos radicalmente diferentes; y que, luego, esos espacios con raíces radicalmente diferentes también convivan. Esto no es ni una fusión ni nada de eso: soy yo.

¿Te molesta que llamen “fusión” o “world music” a lo que haces?

A mí no me molesta, porque es la subjetividad de quien te observa con cariño, y que tiene que catalogarlo. Pero, ¿qué es fusión? ¿Mezclar cosas de raíces diferentes? Yo no hago eso: yo soy la raíz. No me vienen dadas, las invento: es un proceso muy artesanal.

Da la sensación de que construyes las canciones no tanto desde un formato-canción ni de estructuras-pop; sino casi como performances, como si fuera una suma de minutos donde sucede casi una especie de arte de acción.

Sí, eso es verdad. Es muy interesante lo que dices, y te voy a contestar en base a mi memoria. Por una parte, a veces busco trances; y el trance lo encuentro a través del encarnamiento; el encarnamiento lo encuentro a través de la ejecución; y la ejecución es performance. Entonces, sí, a través de alguna forma de performance llego allí: hay caminos abiertos que acaban estando plasmados en mis canciones.

Yo me tomo las canciones como plataformas que me llevan al trance, como si fuera un ritual chamánico. Y me mete un subidón como si fuera una droga. Deixaas, por ejemplo, la trabajé a partir de la polirritmia, pero desde un lugar de producción de percusiones sintetizadas. Lo trabajé más desde la música electrónica.

“Tienen que dejarnos de organizar a través de la sexualidad: debería abolirse el matrimonio”

Parece por momentos metal industrial, como si tuviera cosas de Rammstein, Nine Inch Nails o Marilyn Manson.

Ahora que lo dices, puede ser.

En cuanto a concepto, está muy relacionado el proceso, producción y sonido de este disco con la industria naval. ¿Qué es lo que te interesaba plasmar?

Buscaba provocarme sensaciones, conceptos: qué podía ocurrir metiéndome en esos entornos. Cuando fui a Navantia me quedé impactada por los sonidos: no es una cadena de ensamblaje, hay un trabajo de ingeniería bestial donde es increíble cómo las piezas consiguen crear esas construcciones. Los metales son completamente irregulares, y están afinados en tonalidades distintas: es como una orquesta de atonalidades, como de escala por encima de las escalas.

Es un mar de sonidos muy hermosos. Algunos de los sonidos de máquinas y portaviones que grabé me recordaban a subgraves como el del didgeridoo e instrumentos similares. Y acabé utilizando ese portaviones que estaban haciendo como metáfora: todo este disco está inscrito en ese portaviones.

“Yo no pienso tanto en Galicia: mi mirada es más global”

Uno de los nombres asociados a una de las canciones centrales del disco, Ela propón, es el del activista trans Paul B. Preciado. No sé si es una manera de hablar de ‘lo trans’ más allá de la sexualidad, sino de ‘transgénero’ a nivel discursivo general.

Discursivamente sí. Se llama Ela propón pero quizá sería más justo que sea Ele propón. Es una canción que habla de la violencia latente y patente para con las mujeres: he hecho un guiño a La Llorona, y es una canción-grito, una manera de que yo sea violenta; y también hablo desde una perspectiva animal, de las crías mamíferas, donde entramos todos y todas, toda la humanidad somos crías mamíferas.

Y Paul B. Preciado proponía una serie de cosas: que no existen los géneros y que, a partir de ahora, pactemos a través de contratos, y más en un momento tan digitalizado como el que vivimos. Tienen que dejarnos de organizar a través de la sexualidad: debería abolirse el matrimonio. Pero mi cuestionamiento de los géneros viene del trabajo que hice en las aldeas, con recogidas de campo, al estar con esas personas que vienen de la tradición. Si bien esas personas no están ajenas a vivir un franquismo o un patriarcado, es increíble que conviva mucho más aire fresco y con muchas menos fronteras que las que se viven en las ciudades.

En los microhabitats de creación colectiva no existía toda esa construcción colectiva de géneros que sí hay en el resto de la sociedad, mucho más apegados a los aparatos de verificación y a los diferentes mecanismos del capitalismo. En las aldeas hay un pensamiento mucho más queer y contrasexual que en la ciudad de la Coruña.

 “¿Qué es fusión? ¿Mezclar cosas de raíces diferentes? Yo no hago eso: yo soy la raíz. No me vienen dadas, las invento”

Muchas veces al hablar de ti se mencionan conceptos o calificativos como “extravagante”, “irreverente”, “radical”… ¿Conectas con este tipo de apelativos?

Yo me considero una persona sincera, modesta y humilde: no busco grandilocuencias, intento ser lo más sincera y honrada posible en mis trances y canciones; coherente en la asimilación de las incoherencias. Lo de “irreverencia” viene de un texto en el que decía que era “irreverente con la música gallega”; pero yo dije que si era irreverente lo era en general, y no solo con la música gallega.

Estás todo el rato desmarcándote de “lo gallego”: tratas de universalizar la percepción de tu música.

Es que me parece reduccionista hablar solo de “música gallega”, porque cuando lo hacen, hay que tener en cuenta que estamos inscritos en el “país España”, y si te quedas solo en “lo gallego” estás encerrado en una parcela muy pequeño. Es como si dijesen “música de mujer”.

“Yo me tomo las canciones como plataformas que me llevan al trance, como si fuera un ritual chamánico”

Que hay quien también dice eso.

Claro. Mi historia tiene que ver con todas las personas de Galicia; pero hay también otra historia común con España y con Europa. Hay algo en común entre todas las cosas. Si ahora yo hiciera música en castellano nunca se hablaría de mí como “artista gallega”. Se me dice eso porque canto en gallego. Por lo tanto, Galicia no es España.

Gira
07.09: Madrid. Explanada de Madrid Río (Fiestas de La Melonera)
11.10: O Grove (Pontevedra). Concertos do Marisco

Mercedes Peón