19 enero, 2018. Por

Me estás matando, Susana

Los peligros de satirizar con el prototipo del macho mexicano
Me estás matando, Susana

Una buena comedia siempre se agradece. Y si lo que nos prometen para ver en estos últimos días navideños es una buena comedia protagonizada por Gael García Bernal, podemos asegurar que se agradece aún más. Desde Y tu mamá también, y quizá en algunos momentos de Diarios de motocicleta, no veíamos la frescura innata del actor mexicano, que tan bien se mueve en la comedia a pesar de haber interpretado más dramas por goleada. Me estás matando, Susana es una comedia ligera, sin pretensiones, con sus más y sus menos, pero que nos provoca muchos conflictos internos. Porque utiliza, supuestamente, el humor para denunciar el estereotipo de macho mexicano, machista y mujeriego, pero… ‘denunciar’, ‘denunciar’, lo que se dice ‘denunciar’, no lo hace mucho.

«No se entiende cómo se puede promocionar el encanto de un protagonista que engaña pero pone el grito en el cielo cuando le engañan; es decir, el prototipo del macho latino, agresivo pero entrañable»

 

La tercera película del director Roberto Sneider es una adaptación literaria, como sus anteriores títulos; en este caso, basada en el éxito de Ciudades desiertas, novela escrita por José Agustín en 1982. Sneider, solvente director de publicidad ganador del León de Oro en Cannes por uno de sus spots, ha viajado al Festival de Málaga y a los premios Ariel con la película. Y parece encontrar de manera recurrente la inspiración en obras literarias. En este acaso, película y libro hablan de los entresijos de un amor irresoluble por no tener respuestas rotundas: aquí todos somos culpables. No obstante, por lo menos en la pantalla, sí que podríamos decir que los problemas de Eligio y Susana, la pareja conformada por García Bernal y Verónica Echegui, los causa él única y exclusivamente.

Eligio llega borracho a casa con los primeros rayos del día. Su mujer le espera haciéndose la dormida, para no tener que lidiar con una situación que parece habitual. Al día siguiente, él se besuquea de forma también habitual en el trabajo, ajeno a lo que ocurre en casa: Susana se ha llevado su ropa, ha dejado el móvil encima de la mesa y ha desaparecido. Y entonces ahí, como buen estereotipo de macho dominante, Eligio enloquece. Enloquece hasta encontrarla en Estados Unidos, adonde viaja en un impulso romántico. Y así comienza una historia que más bien no es ningún principio de nada, sino algo que lleva repitiéndose mucho tiempo. Porque Eligio siempre acabará volviendo a emborracharse y a engañar a Susana, y porque siempre le montará una escena al más puro estilo Stella. Y mientras, ella se enfada y le perdona, y se enfada y le perdona.

«Utiliza, supuestamente, el humor para denunciar el estereotipo de macho mexicano, machista y mujeriego, pero… ‘denunciar’, ‘denunciar’, lo que se dice ‘denunciar’, no lo hace mucho»

Según el propio director, la conclusión de la película es básicamente que “no hay quien entienda a las mujeres, y a los hombres tampoco”. Realmente, podríamos compartirla, porque tanto el cretinismo de Eligio como la pasividad de Susana se nos hacen ininteligibles. Pero, las cosas como son: con la que está cayendo, lo que sí que no entendemos es cómo se puede promocionar el encanto de un protagonista que engaña pero pone el grito en el cielo cuando le engañan; es decir, el prototipo del macho latino, agresivo pero entrañable.

Y de ahí nacen todas nuestras contradicciones internas, porque tanto el ritmo de la película, como la frescura de los diálogos y del contexto, y hasta las interpretaciones de Bernal y Echegui, son sumamente disfrutables. Una película perfecta para ver estos días… si no fuese porque lo que intenta satirizar, al final lo preserva.

Me estás matando, Susana