20 marzo, 2018. Por

Mammón

Un ‘Resacón en los Teatros del Canal’, una exploitation teatral, una gamberrada de tomo y lomo
Mammón

“Bueno, como algunos de vosotros ya sabéis, ‘Mammón’, la obra de Nao Albet y Marcel Borràs, no se va a poder representar esta noche. Para que lo entendáis bien tenemos que remontarnos cinco años atrás…”

Así entran Irene Escolar y Ricardo Gómez en una escena para comunicar al respetable que la obra que iban a ver en los Teatros del Canal, pues que no se verá. Evidentemente (aunque por los cuchicheos, alguno se lo ha creído), esto es sólo una estratagema para desarrollar la hilarante historia de dos creadores, un mastodóntico proyecto de más de cien mil euros y un viaje a Las Vegas en busca de financiación.

Lo de Mammón viene de una expedición de Borràs a Alepo en 2013, en el que un sirio le relata la historia de dos familias que convivían tranquilamente en un valle lleno de cuevas con piedras preciosas. Hasta la llegada de un hombre misterioso, el Mammón en cuestión, que es enviado para ayudarles para que se den cuenta de la utilidad de ese oro para poder invertirlo en defensa (todo con la buena voluntad de evitar un ataque que está al caer). Pero, básicamente, acaba liándola.

«En arameo, «mammón» significa «riqueza», y en hebreo «tesoro», y es para los cristianos «el diablo de la avaricia» mientras que para los fenicios, sin embargo, es «el Dios de la bonanza». Aquí, Mammón es una gamberrada de tomo y lomo»

Mammón en arameo significa «riqueza», y en hebreo «tesoro», y es para los cristianos «el diablo de la avaricia» mientras que para los fenicios, sin embargo, es «el Dios de la bonanza». Aquí, Mammón es una gamberrada de tomo y lomo (pero con chicha) que comienza de una manera muy seria, en plan pseudo-documental (con las imágenes del viaje a Siria proyectadas mientras Escolar y Gómez relatan los detalles en plan conferencia), y acaba desfasando como las pelis de otra pareja creativa, Tarantino y Robert Rodríguez. Una auténtica road movie (bueno, road play) que nos planta directamente en la atmósfera de Resacón, Miedo y asco o cualquier película en la que se les va de las manos algo a alguien en la ciudad de las lucecillas de Nevada.

Hay que decir, además, que la labor de los intérpretes es bastante brutal. Por un lado, los dos ya citados: Irene Escolar, que está como quiere en todos sus papeles (siempre), y Ricardo Gómez, que ha logrado evitar el encasillamiento que podría acarrearle Cuéntame y tiene pinta de que lo va a petar en breve. Desde luego, aquí demuestra su versatilidad con creces. Por otro lado, los dos autores, sencillamente hilarantes: se nota que se lo pasan de puta madre (así, directamente) y eso se transmite al público. Y, por último, un auténtico descubrimiento (para el teatro madrileño, que por tierras catalanas por lo visto se prodiga bastante más) que es Manel Sans: una especie de Danny Trejo (salvando los años que le apartan del protagonista de Machete) con una presencia y flow espectaculares en escena y un personaje para el recuerdo, Danny Bravo, que podría salir de cualquier novelista de la Generación Beat bien puesto de anfetas.

«Los autores consiguen engañar y deleitar al público llevándole por donde les da la gana: desde lo que parece un alegato crítico con el tema central de los refugiados sobre la mesa, hasta una ida de pinza que le da la vuelta llenando el tablero de pasta, coca, alcohol y prostitutas»

Nao Albet y Marcel Borrás retan al espectador a una partida de póker de las buenas con esta función. Guardándose ases bajo la manga a tutiplén, los dos jóvenes autores consiguen engañar (y deleitar) al resto de jugadores (en este caso, el público) llevándole por donde les da la gana, desde lo que parece un alegato crítico con el tema central de los refugiados sobre la mesa, hasta una ida de pinza que le da la vuelta llenando el tablero de pasta, coca, alcohol y prostitutas.

Y si en un principio el ritmo puede parecer algo moroso, al final de la función el despiporre es máximo y uno no puede reprimir las ganas de aplaudir. Porque, al fin y al cabo, lo que se acaba de ver es Mammón, con sus avaricias, su historia sobre la corrupción del alma humana y demás, de una manera harto efectiva y sin necesitar una superproducción para ello. Qué listos el Albet y el Borràs.

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