25 mayo, 2018. Por

Maluma

Ni rey del reggaetón ni el nuevo Ricky Martin: lo nuevo del colombiano hace aguas por todos lados
Maluma

Es bastante sarcástico y metafórico que el mismo artista que ha sido tildado como el “machista de los machistas del reggaetón” sea quien cuyas marcas originales más identificables residan precisamente en su propio carácter de hombre-objeto, explotando sin parar lemas como “Good Boy” cada dos frases, lanzando besos cada otras dos, diciendo “Maluma, baby” cada otras dos o utilizando la sonrisilla sexy.

Así lo ha demostrado Maluma en su nuevo álbum, una especie de recopilatorio con material añadido de los singles de su último año; y, de algún modo, el primer álbum del colombiano después del éxito internacional que lleva viviendo estos últimos tres años, a partir de la publicación de Pretty Boy, Dirty Boy y de Felices los 4, un single con entidad propia que la han metido con calzador en este F.A.M.E., a modo de falso bonus track… o quizás para sostener un repertorio que demuestra que Maluma no sabe bien hacia dónde tirar.

“El repertorio de ‘F.A.M.E.’ resulta aburrido, con el desarrollo de su identidad musical en un estado cuestionable: no es ni un grande de la música urbana latina (al menos no al nivel de los grandes de hoy), ni es el nuevo Ricky Martin, ni es el más machista de los machistas del género (Bad Bunny le ha quitado el puesto de largo), ni ha dado con ningún hit con opciones de convertirse en planetario con el que nos vayan a estar dando la chapa este verano”

Y es que tras las fulminantes críticas y persecución mediática por mensajes misóginos y machistas en algunas de sus canciones (sobre todo en Cuatro Babys), y tras llevar tres años adaptándose a la cultura del single vía streaming, este F.A.M.E. no solo no es una reflexión acerca de las derivas de la fama, sino que suena descafeinado y casi como un ejercicio para vender plástico por parte de su compañía discográfica, y un curioso limbo artístico.

Por momentos, parece que quiere ser el nuevo Ricky Martin; en otros, parece obligado a intentar competir con los grandes del reggaetón y trap-atón actual (a siglos luz de Daddy Yankee, J Balvin, Bad Bunny, Ozuna, Nicky Jam, Karol G, Becky G o Natti Natasha) pero desarrollando un sonido vacuo, sin pegada, que ni siquiera incita al perreo bruto (ni al romántico) ni desarrolla nuevas vías para un género en crecimiento; en otros, tira de colaboraciones estrella (Timbaland, Jason Derulo, Prince Royce) para intentar ampliar un campo de acción con temas que acaban sonando menores, teniendo en cuenta el estado planetario que está cobrando el pop latino; y en otros, Maluma presenta un sonido que suena antiguo, con una pegada de medio tiempo reggaetonero y una dirección musical que recuerda la facción más chusca del Sonido Miami de los años ’90.

Maluma presenta un sonido que suena antiguo, con una pegada de medio tiempo reggaetonero y una dirección musical que recuerda la facción más chusca del Sonido Miami de los años ’90. Sus hits-gancho están por debajo del nivel de inmediatez de Felices los 4 (que lo hayan colado en el repertorio de este F.A.M.E. habla muy mal del resto del repertorio: el principal reclamo sigue siendo una canción de hace más de un año que ya nos sale por las orejas)”

Sus hits-gancho están por debajo del nivel de inmediatez de Felices los 4 (que lo hayan colado en el repertorio de este F.A.M.E. habla muy mal del resto del repertorio: el principal reclamo sigue siendo una canción de hace más de un año que ya nos sale por las orejas), Borro Cassette, El Perdedor, Sin contrato o singles que se han acabado quedando en el limbo, sin formar parte del repertorio de ningún disco, como la mentada Cuatro Babys o GPS, posiblemente por las controvertidas frases que hay en estas canciones. Para colmo, su álbum lo arranca con una introducción que parece el ensayo de una despedida, agradeciendo a Dios y a su familia y confirmando que la doble lectura del título del disco en realidad tiene una concepción casi espiritual: “fe, alma, música y esencia”. Una pena que en su disco haya mucha fe, pero poco del resto.

Quitando Felices los 4 (repito: metida con calzador), su particular intento por conquistar la radiofórmula brasileña (Corazón, junto a Nego do Borel, uno de los artistas más exitosos del país carioca), su balada a lo Justin Bieber (Marinero parece una respuesta tardía al Amorfoda de Bad Bunny) y algunos momentos cómico-eróticos de Hangover o How I Like It, el repertorio que aglutina Maluma en su nuevo álbum resulta aburrido, con el desarrollo de su identidad musical en un estado cuestionable: no es ni un grande de la música urbana latina (al menos no al nivel de los grandes de hoy), ni es el nuevo Ricky Martin, ni es el más machista de los machistas del género (Bad Bunny le ha quitado el puesto de largo), ni ha dado con ningún hit con opciones de convertirse en planetario con el que nos vayan a estar dando la chapa este verano. Una gran decepción.

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