16 mayo, 2018. Por

Crónica Mallorca Live Festival 2018

Hemos estado en el festival revelación del año, y sobrevivimos para contarlo
Crónica Mallorca Live Festival 2018

Podéis patalear o aplaudir, pero las cifras no engañan, y hemos estado allí para certificar una realidad: un sold out como un zepelín y más de 27.000 asistentes han sellado, en su apenas y jovencísima tercera edición, que el Mallorca Live Festival ha sido, al menos en este 2018, la revelación absoluta del panorama festivalero, pase lo que pase con los que vengan: no se atisba que otro festival de su edad vaya a superar los números de una cita que, incluso con el supuesto hándicap de no ser peninsular, se acerque a estos registros.

No es un farol, es una realidad que nosotros hemos vivido el pasado fin de semana, 11 y 12 de mayo, en Calvià, en la parte occidental de la isla de Mallorca, junto a la sierra de la Tramontana. No solo hemos vivido en primera persona el fenómeno, sino que hemos sobrevivido para contarte algunas de las claves del éxito de la tercera edición del Mallorca Live Festival.

“El Mallorca Live Festival ha conseguido evidenciar lo que la cultura de la playlist lleva años demostrando: los puntos que conectan a aquellas escenas que, aunque con la intención por parte de la prensa y algunos sellos y programadores de separarse, están obligadas a entenderse. […] los géneros son barreras mentales, y que existen más puntos sonoros comunes que barreras entre las propuestas artísticas de los proyectos musicales de ‘escenas diferentes’”

UN NUEVO ENTENDIMIENTO PARA LA CONVIVENCIA MUSICAL

No es el primer festival que aboga por la ruptura de los ‘festivales de género’ (y esperemos que no sea el último), pero por muy incoherente que parezca para muchos el hecho de que en un mismo cartel, e incluso en una franja de dos o tres horas, se pueda ver bajo el mismo paraguas a artistas que provienen del circuito indie estatal, a nombres centrales del circuito fusión y mestizaje, a iconos del rock anglosajón, a hitos del bakalao moderno o incluso a traperos o raperos de ayer y de hoy; la realidad es más bien diferente

¿Tan distantes son propuestas que mezclan ritmos latinos, contraguitarrazos ska y melodías pop-rock como hacen tanto La Raíz como Izal? ¿Tan poco tienen que ver iconos de la rave noventera como The Prodigy con capos del techno como Solomun? ¿Tan lejos están las proyecciones del rock and roll que plasma Primal Scream como las que plasman Los Espíritus, Black Lips, Morgan o L.A.? ¿Tan alejada está la proyección de sonidos de vanguardia de grupos de dream alternativo como Oso Leone si la comparamos con la armazón folktrónica de Chancha Vía Circuito? ¿Están tan lejos los coros colectivos que se forman a la hora de cantar hits de Muchachito como cuando se cantan hits de El Columpio Asesino, Macaco o Kase.O?

El Mallorca Live Festival ha conseguido evidenciar lo que la cultura de la playlist lleva años demostrando: los puntos que conectan a aquellas escenas que, aunque con la intención por parte de la prensa y algunos sellos y programadores de separarse, están obligadas a entenderse. Lo que por parte de muchos era un “festival incoherente” en su programación, o “una ensalada de estilos” acabó demostrando que los géneros son barreras mentales, y que existen más puntos sonoros comunes que barreras entre las propuestas artísticas de los proyectos musicales de ‘escenas diferentes’.

¿EL MEJOR SONIDO DE UN FESTIVAL EVER?

Si la banda va a tocar mal, que se note. Si la banda va a tocar bien, también.

He fumado festival a cascoporro estos últimos lustros; pero posiblemente la inversión en calidad de sonido que se ha hecho por parte del Mallorca Live Festival deje llorando en las esquinas a algunos de los festivales más grandes y masivos de nuestro país. La calidad sonora de los directos era arrolladora: no solo en cuanto a potencia, sino en cuanto a nitidez.

“La calidad sonora de los directos era arrolladora: no solo en cuanto a potencia, sino en cuanto a nitidez. Otro nivel, otra Liga y un ejemplo que deberían tomar desde todos los festivales”

Otro nivel, otra Liga y un ejemplo que deberían tomar desde todos los festivales: que las bandas puedan proyectar su propuesta como es debido, con las condiciones técnicas que deben escucharse las bandas. Que estemos celebrando el buen sonido en un festival es ya de por sí lamentable: nos hemos conformado tan poco y hemos exigido menos; ya va siendo hora de remontar: solo así se conseguirá que los espectadores no prefieran estar escuchando esas mismas canciones en su playlist favorita, con los cascos inalámbricos que le han vendido desde Apple.

DESCENTRALIZACIÓN, LA SOLUCIÓN

Lo que era uno de los principales hándicaps del festival, acaba siendo una virtud. Y es que, sí, a Mallorca no llegas pagando peajes: llegas pagando billetes de ferris o de avión, porque nadando hasta allí igual se te complica.

La realidad es que han pasado los años y ha habido apuestas de festivales en islas como Ibiza o Canarias, e incluso algún tímido intento en Malorca o Formentera. Pero la península se acaba merendando todas estas propuestas dada lo complicado de los traslados y alojamientos.

Pero este año, y vistas las casi 30.000 almas que han pasado por allí, se confirma que el Mallorca Live Festival es el festival insular más importante del estado, y una opción razonable para cualquier festivalero peninsular, pero sobre todo aquellos que tienen a tiro de piedra pillar un RyanAir (desde Madrid, por ejemplo, pillando los vuelos con no demasiado tiempo de antelación te gastabas poco más que en los peajes a algún festival peninsular) o incluso barco (desde Cataluña o el Levante, sobre todo). La experiencia de vivir una cita musical de gran envergadura y que proyecta tal interacción musical ha demostrado que no sólo de la península ibérica vive el festivalero de pro.

NEO-MAGALUF

Es Calvià, pero es también Magaluf. El descrédito que la ‘Marca Magaluf’ genera en cualquiera ha hecho que desde el festival no se quiera asociar la propuesta del MLF con lo que nos llega que sucede en Magaluf.

Lo cierto es que el festival consigue rehabilitar la demonización que se tiene de aquella zona de la isla: no solo el público es mayoritariamente mallorquín y español, sino que el público internacional que se acerca al festival no es el del perfil que nos llega, asiduos a la barra libre y el balconing.

Se trata de un festival tranquilo; incluso desde los puestos del mercadillo alrededor de los escenarios (un puesto para cortarte el pelo, para maquillarte, para comprar discos o para informarte sobre el reciclaje) y en la zona de comida y asueto (con tumbonas, pufs, sofás hechos con palés y jardines artificiales) comunican una conexión con la Mallorca-Magaluf más natural: la que deja ver la Sierra de la Tramuntana a pocos kilómetros, y no la que tira de garrafón en packs vacacionales. Igual es hora de empezar a proyectar más propuestas turísticas como éstas.

La gran afluencia de público es una excelente noticia para el festival, pero también una situación que plantea una duda: si se sigue creciendo, ¿qué? Tiene pinta de que el recinto es versátil, y que, de cara al próximo año, si buscan ser ambiciosos, el recinto podrá hacerse más grande”

EL MALLORCA SOUND

Hace unos días escribíamos un reportaje preguntándonos que qué pasa en Mallorca; si es una casualidad o no que tantos grupos hayan conseguido trascender en el resto del país, e incluso tantos otros pujando por hacerse un hueco como habituales de la escena alternativa estatal.

El festival les ha dado la razón: no solo artistas como L.A. y Sexy Sadie abarrotaron el escenario-carpa en sus actuaciones (de hecho, L.A. bien merecía estar programado en el escenario central a la hora de unos Black Lips que les ha costado encontrar a su público), sino que propuestas alternativas como The Wheels firmaron algunos de los directos-revelación de esta edición, y otros como Oso Leone, pese a la pasividad atmosférica de su propuesta, sellaron uno de los mejores directos del festival.

¿Y LOS CABEZAS DE CARTEL?

La música se dejó oír, que no es poco; y como en todos los festivales, ha habido sorpresas, decepciones y triunfos. Los gustos son como los culos, y es complicado encontrar un directo que haya destacado sobre el resto. Los que más público acumularon han sido, posiblemente (y por orden) unos The Prodigy que batallaron contra la lluvia del sábado, el intenso directo de Izal, la lección magistral de ego y poesía de Kase.O y la orquesta desvencijada de Primal Scream.

Quedan así definidos sus directos. El directo más intenso en cuando a volumen y puesta en escena ha sido el de unos The Prodigy que siguen tirando de sota-caballo-rey: sonido ravero industrial muy bestia; excentricidad estética; y mucho ruido y pocas nueces: por momentos, parecía que ellos estaban sobre el escenario doblando el sonido que ya salía por los bafles.

Primal Scream fue una de las grandes decepciones: la sensación de estar ante una especie de “funcionarios del rock”, su show parecía más una jam session de blues & roll que una clase magistral de rock y psicodelia. Bobby Gillespie intentaba sin demasiado tino levantar un directo que lo más grande que tenía es el nombre de la banda: su repertorio está envejeciendo mejor en los discos que en los directos.

Los dos ‘grandes nacionales’ firmaron directos con intensidades diferentes. Izal se enfrentaban a su público pocos días después de las polémicas acusaciones que vivió Mikel en redes sociales. No hubo alusiones al tema en cuestión, pero la banda parecía estar hablando a través de sus canciones, sobre todo las de Autoterapia, cuya canción que da título al disco fue la primera, y arranca diciendo esto: “Simplemente dejaré que salga todo fuera y vaciarme / Prueba de estilo, autoterapia, vómito tranquilo interminable”. Un repaso a sus grandes éxitos y a algunas canciones de su flamante nuevo álbum sirvieron para que la banda vaya liberando tensiones: parecían muy intensos cada vez que se acercaban al micrófono, como si estuvieran regresando de una guerra. Quizá faltó algo más de esa chispa épica y musculosa a la que acostumbran en sus directos, pero se les puede reprochar más bien poco: su repertorio fue uno de los más celebrados y de los que mejor sonaron en el festival.

El que fue más sobrado, a pesar de haber confesado que se encontraba algo mal de la garganta, fue Kase.O, que dejó claro a quienes lo veían por primera que: “estás follando con el mejor, hermano: después de esto no hay nada más”. Tenía razón, nadie le tose frente al micro; sobre todo si tenemos en cuenta que la nueva generación de artistas urbanos se acercan más bien poco al micro (Bad Gyal certificó esto en un directo que parecía más una clase de aeróbic que un concierto).

El zaragozano desplegó parte del repertorio del flamante El Círculo y una buena cantidad de clásicos de Violadores del Verso (Pura droga sin cortar, Cantando, Vicios y virtudes o Balantains, entre otras); y dejó los discursos más comprometidos del festival: hizo un auténtico mitin político contra la sentencia a Valtonyc (casualidades de la vida, la sentencia del Constitucional al rapero mallorquín salió ese día ordenando su entrada en prisión), contra La Manada (dando una lección de educación al público masculino, y entonando el #NoEsNo) o contra la problemática de los refugiados.

Por momentos parecía un predicador, y aunque ha tenido algunos gazapos cuando ha intentado cantar (está claro que no es lo suyo: así quedó claro en Mazas y catapultas), Kase.O firmó el que posiblemente fuese el directo más redondo: público entregado, clásicos a coro, compromiso político y la sensación de estar viendo a una leyenda que incluso, en nuestro país, superó la leyenda de los internacionales (Prodigy y Primal Scream llevan muchos años sin publicar un buen álbum: él lo hizo hace dos).

MUY BIEN, BIEN, MAL Y VICEVERSA

Las propuestas escudriñadas en torno al circuito fusión o de la parte más vanguardista del cartel entregaron algunos de los mejores directos.

Entre ellos, el regreso de Muchachito al formato ‘bombo infierno’, una mutación de hombre orquesta que reparte rumba acelerada, casi punk-funk, y con un repertorio centrado en clásicos (sonaron muchos de Vamos que nos vamos, su icónico debut) que sirvieron para volver a darle legitimidad a uno de los grandes repertorios del circuito fusión. Algo similar, aunque acompañado de seis músicos, ocurrió con Macaco: canciones cantadas a coro, una base de reggae-pop, proclamas combativas y comprometidas y, aunque su cancionero tiene cierto aire a cancionero de iglesia, demostró la solvencia de un directo potente y con una dinámica y energía bestiales.

Sorprendente fue ver a una auténtica orquesta-fusión (con todo lo bueno y lo malo de ese concepto) como La Raíz confirmando que es, posiblemente, la banda más convocante del circuito mestizo (con permiso de La Pegatina, los únicos que le pueden toser hoy en día): su sonido tiene trazas de Negu Gorriak, trazas de Ska-P, trazas de Riot Propaganda; pero también tiene identidad cuando consiguen salirse del librillo de canción ska-punk-pop y tiran de elementos de la música urbana. Su concierto fue un caldero de fans.

Las propuestas que llegaron desde Argentina fueron de las más arriesgadas del festival. Por un lado, un Chancha Vía Circuito que le costó unos minutos encontrar el clima, pero acabaría consiguiéndolo: sus gorgoritos naturalistas, su pulso por el folclore argentino mezclados con beats de deep house y su cancionero neo-ancestral no entregaron un show de masas, pero sí de una conexión diferente con el sonido de vanguardia. Con Los Espíritus, el concierto se hizo corto: algo menos de una hora en los que los argentinos exploraron y abrieron nuevas fronteras entre el rock de barrio, el blues más psicodélico y guiños a The Doors.

Especialmente intensos y épicos sonaron dos de los mejores directos en la carpa: los de unos L.A. que bordaron un concierto en el que jugaron de locales y demostraron que se han convertido en la nueva gran banda mallorquina: no se olvidaron de clásicos de su primer álbum, pero sobre todo han demostrado la coherencia y cohesión de la evolución sonora de la banda. Algo similar sucedió con unos Morgan especialmente sueltos en su rollo soul & roll: repasando canciones de sus dos discos, permitiéndose momentos para las baladas e incluso demostrando que Nina de Juan posee una de las voces más desgarradoras y singulares del circuito, el combo madrileño superó con nota un directo en el que siguen poniendo a punto el cancionero del flamante Air.

Directos como los de El Petit de Cal Eril o Polock demostraron que se podía capear el hecho de actuar a casi primer ahora en el festival, y que se podía articular un repertorio de menos a más, para acabar dejando al respetable con ganas de poder disfrutar de sus conciertos en un horario con el público ya con más ganas de entregarse a su causa.

Quizá una de las mayores decepciones junto a Primal Scream ha sido Bad Gyal. No podemos negar que su directo fue divertido (aunque largo hasta el hartazgo): la propia artista catalana desplegó su arsenal de canciones trap-hall, pero con esa característica y desganada forma de cantar. El grueso del tiempo acompañada de dos bailarinas en las que se apoyaban coreografías en donde el twerking y la seducción jugaban un papel central, el exceso de auto-tune (y el carácter absolutamente ininteligible) y su micrófono-diadema la acercaban más a la de una clase de aeróbic o a un karaoke millennial que a un concierto.

COSAS A MEJORAR

Menos mal que hay margen de mejora, porque si no el Mallorca Live Festival ya podía ir cerrando el chiringuito. Las sugerencias son eso: propuestas desde fuera que percibimos desde Notodo y que quizá sirvan para ir buscando fórmulas de cara a la que será la cuarta edición, en la que ya está trabajando el festival.

Quizá lo más sonado y cuestionado ha sido el olor de los baños, que se colaba en la entrada al recinto el segundo día. Posiblemente haya sido algún problema de limpieza, pero al intentar lavar los baños de cara al segundo día, el derrame y olor nauseabundo que te recibía al entrar no era la mejor carta de presentación. Afortunadamente, estaba muy focalizado en esa área; pero no pasaba desapercibido: todos entramos por allí.

La gran afluencia de público es una excelente noticia para el festival, pero también una situación que plantea una duda: si se sigue creciendo, ¿qué? Tiene pinta de que el recinto es versátil, y que, de cara al próximo año, si buscan ser ambiciosos, el recinto podrá hacerse más grande. Y será necesario: en hora punta, el tránsito hacia la zona gastronómica generaba algunos tapones que, aunque no peligrosos, si se busca la comodidad del espectador, estaría bien evitar aquello de “morir de éxito”.

No hemos podido estar los días previos al festival para disfrutar de las Jornadas Profesionales. Una pena, porque la programación de profesionales era especialmente atractiva, y no está de más encontrar en el Mallorca Live Festival una nueva vía para el desarrollo de este tipo de jornadas, como ya hacen en festivales como el BIME, el Primavera Sound o el Monkey Week.

Esta sugerencia es más subjetiva que el resto, pero dio la sensación de que la posición de algunas bandas en algunos escenarios no beneficiaba demasiado al flujo de público. Conciertos como los de L.A., Macaco o La Raíz en la carpa (el segundo escenario en capacidad) se quedaron pequeños, y el público rebalsaba la carpa; mientras que directos como los de Black Lips, El Columpio Asesino o incluso Primal Scream dejaban severas calvas en el Escenario Principal en hora punta. Es difícil siempre saber quién moverá más gente cuando se habla de grupos internacionales o convocantes, pero igual hay que buscar una vía para ver cuál es la mejor manera de que la alta concentración de público acabe siendo en el escenario más grande.

Crónica Mallorca Live Festival 2018