27 septiembre, 2017. Por

madre!

Todo el mundo se pone en pie con la nueva de Aronofsky: unos para alabarlo y, otros, para lapidarlo
madre!

Desde que madre! se estrenó hace un mes en el Festival Internacional de Cine de Venecia, no han parado de correr ríos de tinta sobre la dichosa peli. Por cada crítico o cada espectador que sufre una especie de éxtasis religioso o alguna revelación personal mientras la contempla, otro sale de la sala pegando un portazo, con un mal cuerpo insoportable y la sensación de no haber entendido nada. ¿Cuál de los dos tiene razón? Llámenme tibia, pero creo que ambos.

Sobre lo que no existe duda es sobre el monumental batacazo que madre! se está pegando en taquilla: solamente 7.5 millones de dólares en su primer fin de semana en las pantallas estadounidenses, mientras It bate récords. Por si fuera poco, CinemaScore, una de las empresas más respetadas de las que se dedican a sondear al público estadounidense, le ha asignado una “F” (un suspenso redondo, vamos) a la cinta de Darren Aronofsky (aunque tampoco es la primera película “buena” que obtiene esta calificación).

Desde la productora, Paramount, afirman que nada de esto les pilla del todo por sorpresa. De hecho, la campaña de promoción de madre! ya utiliza como premisa que es la película más controvertida de las últimas décadas. Supongo que mejor que hablen de uno, aunque sea mal, que que no se hable en absoluto.

Que se hable de uno, aunque sea mal

Pero ¿de qué demonios va madre!?

He aquí la primera controversia de la noche. Cuando vimos el trailer de madre! por primera vez hace algunos meses poco quedaba claro. Una pareja (interpretada por Jennifer Lawrence y Javier Bardem) con una considerable diferencia de edad entre ellos. Unos invitados inesperados y molestos (Ed Harris y Michelle Pfeiffer) que vienen a perturbar una existencia idílica. Grandes dosis de la perturbadora y rebuscada concepción de la violencia que caracteriza el cine de Darren Aronofsky. Y la sensación era la de algún tipo de remake u homenaje a la inmortal La Semilla del Diablo (Roman Polanski, 1968).

A posteriori hemos sabido que la ambigüedad y el despiste inducido por dicho trailer fue absolutamente deliberada porque resulta que madre! es una de esas pelis a la que hay que ir leído e instruido de casa. O no. Hasta en esto hay división de opiniones: mientras que su creador defiende que la cinta ha de disfrutarse sin prejuicios ni informaciones previas, su protagonista aboga por que algo sí que hay que saber antes de que se apaguen las luces de la sala de cine.

Quien escribe estas líneas está de acuerdo con el punto de vista de Aronofsky, que exhorta al espectador a buscar sus propias explicaciones e interpretaciones a lo que sucede en la cinta (en los próximos párrafos veremos por qué). De manera que es difícil explicar el argumento de madre! sin dirigir de algún modo la interpretación o la opinión del espectador.

Ninguno de los personajes de madre! tiene nombre: los protagonistas son Him (Él), un poeta en plena crisis creativa; y Mother (Madre), su amantísima y joven esposa que se ocupa de reconstruir y embellecer la idílica casa de campo en la que residen. El tenso equilibrio de la pareja se ve perturbado con la llegada de dos desconocidos, Man (Hombre) y Woman (Mujer), enigmáticos, perturbadores, maleducados y abusones. La tiranteces entre las dos parejas estallan cuando los hijos de Man y Woman irrumpen en la escena. Y hasta aquí puede uno leer.

En contra: ¿¿¿WTF???

“Grotesca”, “injustificadamente horrenda” o “desmadrada” son palabras que se pueden usar (y se están usando) para describir madre!. Ninguna de ellas es desacertada. madre! es una película áspera y dura de ver en no pocos aspectos: desde la ausencia absoluta de banda sonora hasta imágenes que, por breves que sean, hacen a cualquiera retorcerse en la butaca. Por si fuera poco, tanto Lawrence como Bardem están forzados y sobreactuados en no pocos momentos, y uno se queda con ganas de más interpretaciones como las de Ed Harris y Michelle Pfeiffer: medidas, dinámicas y redondas.

En madre! Aronofsky vuelve a explorar muchos de los elementos que ya son familiares en su cine, especialmente en Pi, fe en el caos (1998) y Cisne negro (2010). La narración desde una agobiante primera persona (la del personaje de Jennifer Lawrence, en este caso); el plano secuencia subjetivo como medio desde el que inducir angustia al espectador; un tratamiento vivo y atractivo de los colores que choca el uso de lugares comunes propios del cine de terror así como violencia gráfica, orgánica y sanguinolenta.

La diferencia es que nunca los había llevado el cineasta hasta límites tan perturbadores como en madre!. Ni siquiera en aquel frenético tramo final de Cisne negro o en el etéreo y preciosista sinsentido de The Fountain (2006). Aunque una parte de la audiencia sea capaz de disfrutar de algún modo de la asfixiante orgía de sangre, violencia, tensión y desconcierto en el que se convierte madre! en su tramo final (para el cual lleva siendo angustiosa y desagradable un buen rato), el divorcio con otros muchos espectadores es inevitable.

Si a lo grotesco de algunos momentos le añadimos el hecho de que bien puede no entender uno ni una sola palabra de lo que sucede en madre! (no entender nada también es una interpretación válida de la peli), la conclusión es que Aronofsky pide demasiado. No se puede someter a los espectadores a las tensiones, a la sensación de abandono e incomprensión, la angustia y el dolor por los que pasa el personaje de Jennifer Lawrence de una forma tan aterradoramente vívida y no aportar explicaciones o respuestas claras a cambio.

A favor: tabula rasa

Y, aún así, del tono sosegado de este texto se puede inferir que no me encuentro entre aquéllos a los que madre! les ha causado rechazo. Más bien al contrario. La clave está, sin duda, en poder ver más allá del espectáculo grotesco en el que se acaba convirtiendo madre!. En dejarse llevar por la poderosa carga emocional de dichas imágenes sin permitir que la violencia gráfica que se cuela entre ellas se convierta en algo más que una provocación vacua, en lugar de la patada en el estómago que impide a muchos disfrutar del resto.

Hay belleza, y mucha, en el caos, tal y como se plantea en el film. Hay crudeza y hay sorpresas que se pueden disfrutar inmensamente, si uno está dispuesto a dejarse llevar por el torbellino. Y hay un deleite innegable en la belleza con la que el hogar de los protagonistas está representado hasta el más mínimo detalle, con sus brillantes colores, sus delicadas texturas y sus terroríficos rincones oscuros. Igual que la belleza del ballet contrastaba con la angustia de todo lo que había tras él en Cisne negro.

La ecléctica casa en la que viven los protagonistas parece un personaje más en ‘mother!’

Darren Aronofsky vuelca en mother! su activismo ecologista y sus obsesiones religiosas, como ya lo hiciera en su anterior película, Noé (2014). Pero, en este caso, lo hace de una forma mucho más sutil e inteligente: Noé es una cinta con detalles interesantes (especialmente en el apartado visual) pero absurdamente simple y olvidable, mientras que madre! se queda clavada en la retina y en la cabeza de uno durante días tras su visionado.

La diferencia entre ellas, lo que hace de madre! una pieza única, es la cantidad casi infinita de interpretaciones que admite. La película es tan abierta y tan maleable que prácticamente cada espectador puede interpretarla en función de sus propios intereses, obsesiones u ocupaciones. Incluso puede uno no interpretarla en absoluto, tomarla en el sentido literal y, aún así, disfrutar de su frenético lirismo. Esta flexibilidad no es en absoluto casual (así llega a decirlo uno de los personajes durante la película), y constituye una forma refrescante de interpelar al espectador.

A madre! le lastra la necesidad imperante de obtener explicaciones claras e inmediatas de todo lo que sucede ante los ojos de uno. En este aspecto no está muy lejos de lo que hemos visto estas últimas semanas en torno al final de Twin Peaks. Parece que sea algún tipo de crimen retar al espectador, obligarle a extraer sus propias conclusiones sobre algo o, anatema, exhortarle a leer sobre el asunto para obtener una visión más completa de la historia que se le ha contado.

Resumiendo mucho: no, madre! no puede gustar a todo el mundo. Es imposible. Comprar una entrada para verla es jugar a la ruleta rusa. Ni siquiera puede guiarse uno por las sensaciones que le produzca la filmografía de Aronofsky: personalmente se trata de un cineasta que rara vez me ha producido más que tedio e indiferencia y, sin embargo, madre! me emociona y obsesiona a partes iguales.

Baste decir que no es una película apta para quien tenga problemas con la violencia ni para quien necesite tramas cerradas y compactas. Así que el riesgo es grande. Pero el premio, para quien no tenga miedo del locurón en el que se convierte, es aún mayor.

madre!