23 octubre, 2018. Por

Luigi Ghirri

El fotógrafo que convirtió la Italia de los ’70 en una elipsis entre la tradición y la modernidad
Luigi Ghirri

“Me interesan la arquitectura efímera, el mundo de la provincia, los objetos que todo el mundo define como kitsch pero que para mí nunca han sido tal cosa, sino objetos cargados de deseos, sueños y recuerdos colectivos… ventanas, espejos, estrellas, palmeras, atlas, esferas armilares, libros, museos y personas vistas a través de las imágenes”

Así definía su trabajo el italiano Luigi Ghirri, quien comenzó a dedicarse plenamente a la fotografía al inicio de los setenta. Trabajaba en la ciudad de Módena y sus alrededores y, desde el principio, fotografiaba solo en color. A lo largo de esa década reunió un amplio repertorio de imágenes a partir de las que definió su propio lenguaje creativo y trazó un laberinto poético a través de la cultura y la geografía de la Italia moderna, la mayor parte del tiempo en espacios exteriores, paseando por las calles de Módena, viajando en coche por los las zonas rurales cercanas –lo que él denominaba “viajes mínimos”-, y visitando lugares de ocio como parques de atracciones y playas.

La exposición El mapa y el territorio que podrá visitarse en el Museo Reina Sofía hasta el próximo 7 de enero, analiza el trabajo de Ghirri a través de sus casas periféricas, jardines, imágenes publicitarias, el mundo artificial de los parques de atracciones o detalles de mapas extraídos de un atlas. Le fascinaban las representaciones del mundo en forma de reproducciones, fotografías, carteles, maquetas y mapas, y la manera en que estas representaciones o signos estaban introducidas en el mundo, la ciudad o el paisaje.

“En un momento en el que la fotografía en color traía de cabeza a los círculos artísticos predominantes por su proximidad a la fotografía popular y publicitaria y la “fotografía seria” estaba dominada por el blanco y negro, Ghirri trabajó solo en color. “Hago fotos en color, porque el mundo real es en color y porque el cine en color ya ha sido inventado”, escribió”

La muestra, que coge el nombre de una de las novelas más conocidas del escritor francés Michel Houellebecq, recoge 250 imágenes y ha sido organizada por el propio museo madrileño en colaboración con el Museum Folkwang de Essen y la galería Jeu de Paume de París. Comisariada por James Lingwood,  supone el primer estudio importante de las fotografías de Ghirri fuera de Italia. El paisaje de la Italia de los setenta es el indiscutible protagonista, así como el devenir de la vida en Módena y los movimientos en los núcleos rurales cercanos a la ciudad. También resalta el contraste entre las dos Italias que él mismo quería evidenciar.

En un momento en el que la fotografía en color traía de cabeza a los círculos artísticos predominantes por su proximidad a la fotografía popular y publicitaria y la “fotografía seria” estaba dominada por el blanco y negro, Ghirri trabajó solo en color. “Hago fotos en color, porque el mundo real es en color y porque el cine en color ya ha sido inventado”, escribió. Y dentro de ese cromatismo, casi siempre retrató su objeto de interés frente a frente, evitando el drama, el movimiento y la emoción. Durante esa década tomó miles de fotografías, con las que cartografió los contornos cambiantes de la vida moderna en una Italia que se balanceaba entre lo viejo y lo nuevo y generó una singular reflexión sobre el lenguaje fotográfico y su papel en la construcción de las identidades modernas en un período de expansión de los suburbios en el que también emergían el arte conceptual y la generación pop.

“Casi siempre retrató su objeto de interés frente a frente, evitando el drama, el movimiento y la emoción. Durante los ’70 tomó miles de fotografías, con las que cartografió los contornos cambiantes de la vida moderna en una Italia que se balanceaba entre lo viejo y lo nuevo y generó una singular reflexión sobre el lenguaje fotográfico y su papel en la construcción de las identidades modernas en un período de expansión de los suburbios”

Ese planteamiento poco o nada pretencioso, unido a su profesión anterior, topógrafo que lleva a la experiencia previa de trabajar sobre el terreno, medir el espacio, y delimitar el territorio, son lo que dan a sus imágenes la sensación de que han sido meticulosamente preparadas. Centrándose en los signos y símbolos promocionales del paisaje, ya se trate de gasolina o queso parmesano, del catolicismo o del comunismo, Ghirri retrata los lugares comunes de una cultura de provincias que se encuentra atrapada entre la tradición y la modernidad. En sus fotos no hay casi personas, porque lo importante es la Italia que esas personas ocultas han creado, la Italia en la que viven.

Luigi Ghirri