3 mayo, 2018. Por

Lucky

Una ceremonia íntima con forma de film para despedir a Harry Dean Stanton
Lucky

En una sencilla escena perteneciente a la tercera temporada de Twin Peaks, veíamos a Harry Dean Stanton sentado en una silla de jardín, rasgando una guitarra y cantando con voz tenue Red River Valley, una canción tradicional americana, adaptada a muchos idiomas, que evoca la partida de un ser querido.

Resulta tentador, y nada descabellado, pensar que los rodajes de Lucky y de la serie de David Lynch coincidieron en el tiempo, porque también en la película de John Carroll Lynch oiremos repetidamente la melodía de Red River Valley, esta vez tocada en harmónica. Late, en ambas ficciones, una voluntad de dejar constancia del paso de unos cuerpos y de unos rostros, ya ausentes, por nuestras retinas. La breve escena de Twin Peaks prácticamente podría formar parte del universo de Lucky, donde Dean Stanton también se marca una canción mariachi en uno de los pasajes más tiernos y desconcertantes de la película.

«Lo que filma el director es una serie de encuentros y anécdotas en los que, mediante la conversación, distintas personas ponen sobre la mesa sus formas de acercarse a la idea de la muerte»

De planificación serena, ligeramente meditativa, Lucky trata sobre un hombre que, tras sufrir una caída mientras se prepara el desayuno, oye por boca de su médico que no le pasa absolutamente nada, que simplemente es viejo y va a serlo más todavía. Y que llegará un momento en el que abandonará este mundo. Y lo que filma John Carroll Lynch es una serie de encuentros y anécdotas en los que, mediante la conversación, distintas personas ponen sobre la mesa sus formas de acercarse a la idea de la muerte.

Entre quienes comparten el tránsito hacia la aceptación de la mortalidad de Lucky (así se llama también el personaje) están el mismo David Lynch o Tom Skerritt, con quien Dean Stanton se reúne en una cafetería treinta y ocho años después de pertenecer ambos a la tripulación de la Nostromo en Alien. Durante esa breve charla, los dos ancianos intercambian recuerdos de la Segunda Guerra Mundial. Después, en una fiesta, Lucky le hará una broma a una mujer refiriéndose al lema del Che Guevara: “Hasta la victoria siempre”. Como si, en cierto modo, ese hombre ya estuviera fuera del tiempo ordinario, recordando lo vivido, lo resistido, lo perdido, mientras espera la llamada definitiva.

«La película tiene algo de ceremonia íntima, de película para despedir a un amigo. Por otra parte, quizá la muerte del actor en septiembre del año pasado haya acentuado las connotaciones fúnebres»

Es una película humilde, de pequeños gestos, a la que quizá sin pensarlo mucho se ha adscrito al indie norteamericano cuando en realidad yo diría que no tiene mucho que ver con el grueso de los filmes que cada año salen de Sundance; Lucky tiene algo de ceremonia íntima, de película para despedir a un amigo. Por otra parte, quizá la muerte del actor en septiembre del año pasado haya acentuado las connotaciones fúnebres de una película que no será la última en la que veremos a Harry Dean Stanton: le queda por estrenar Frank and Ava, de Michael Oblowitz, que narra la tormentosa relación entre Frank Sinatra y Ava Gardner.

Lucky