7 marzo, 2018. Por

Loving Pablo

Cine de acción correcto para quienes no se enteraron de la existencia de ‘Narcos’
Loving Pablo

Con la promesa de aportar un nuevo punto de vista sobre la vida, muerte y fechorías del narcotraficante por excelencia, Pablo Escobar, la producción hispano-búlgara protagonizada por Javier Bardem y Penélope Cruz, Loving Pablo (Fernando León de Aranoa, 2017) echa la casa por la ventana para contarnos exactamente lo mismo que nos relataron las dos primera temporadas de Narcos. Con más medios a la hora de rodar las escenas de acción, una fascinación morbosa e innecesaria por la violencia y actores de primera fila, la cinta de Fernando León de Aranoa parece poco más que a un malgasto de dinero y talento que podrían haberse empleado en algo más interesante.

“La cinta de Fernando León de Aranoa parece poco más que a un malgasto de dinero y talento que podrían haberse empleado en algo más interesante”

La historia ya la conocemos: entre los 80 y los 90 la cocaína es el combustible que alimenta las grandes ciudades de los Estados Unidos y, su mayor suministrador, Colombia. De las barriadas de Medellín surgió Pablo Escobar, una especie de leyenda del narcotráfico, la violencia y la extorsión que hasta 1993 controló gran parte de la coca que llegaba a Norteamérica. A la DEA y al gobierno colombiano les costó más de diez años derribar su imperio y, para cuando ello sucedió, el reguero de cadáveres, secuestros y bombas que había dejado el narcoterrorismo en Colombia era ya irreparable.

Un relato que cualquiera con acceso a una cuenta de Netflix conoce pormenorizadamente ya que Narcos es, desde 2015, una de las series insignia de la cadena. Así que uno pensaría que quien deseara embarcarse en el rodaje de una superproducción (para los estándares del cine español) sobre exactamente el mismo tema debe tener un buen pretexto para ello. Para León de Aranoa el libro de memorias de Virginia Vallejo, Amando a Pablo, Odiando a Escobar, debía serlo. En él la periodista, que fue la primera en entrevistar a Pablo Escobar, describe su relación romántica con éste, así como los puntos clave y las conexiones latinoamericanas de su imperio de narcotráfico.

“‘Loving Pablo’ es un resumen de dos horas de ‘Narcos’: acelerado, peor explicado y con una construcción de personajes pobre”

Pero quien pague una entrada esperando encontrar un punto de vista novedoso o diferente sobre lo relatado en las dos primeras temporadas de Narcos, se va a llevar una sonora decepción. Loving Pablo es un resumen de dos horas de Narcos: acelerado, peor explicado y con una construcción de personajes pobre, absolutamente insuficiente, dada la rimbombancia del producto. Rodada en inglés con acento colombiano, hace imposible no añorar al Escobar de Wagner Moura, algo más carismático y socarrón que el de Bardem. El del español, eso sí, da bastante más miedo.

Es verdad que Javier Bardem y Penélope Cruz se mueven como sendos peces en el agua en Loving Pablo. Ambos se crecen a la hora de abrazar personajes excesivos, histriónicos y al límite entre lo genial y lo odioso. Especialmente Bardem, que se hace hábilmente con las riendas del narco, tiene terreno abonado para lucir sus incuestionables dotes para la imitación, la transformación física y la exageración de las características negativas de cualquier personaje. Y Cruz no tiene problema en construir una Virginia Vallejo que, aunque parece sacada de una telenovela colombiana, es francamente creíble.

“Javier Bardem y Penélope Cruz se mueven como sendos peces en el agua en ‘Loving Pablo’

Lo que no lo es es la relación entre sus dos personajes. Si la intención de Loving Pablo es arrojar luz sobre la relación entre Escobar y Vallejo, su fracaso es estrepitoso. Entre Bardem y Cruz no hay química (y sabemos que puede haberla porque la hemos visto antes): solamente agresividad, violencia y una intimidad viscosa que ni es erótica ni excitante ni esclarecedora. El espectador no logra comprender si entre ambos personajes hay amor, atracción o mera conveniencia, puesto que los intentos de mostrar dichas facetas son torpes y casi vergonzantes.

Bardem se crece con personajes como éste, pero no es suficiente

No ayuda nada que la construcción de ambos personajes se desarrolle a trompicones, con momentos tan inconexos como una escena en la que Escobar le explica a su hijo por qué nunca debe consumir el polvo de coca que él mismo distribuye por medio continente. El acoso al que se ve sometida Vallejo por parte de los enemigos del narco tampoco es capaz de despertar ningún tipo de empatía en el espectador porque el retrato del personaje es tan simple que, si no se siente indiferencia por ella, lo que se siente es desprecio.

“De ‘Loving Pablo’ solamente se salvan unas cuantas escenas de acción, rodadas con una solvencia exquisita”

De Loving Pablo solamente se salvan unas cuantas escenas de acción, rodadas con una solvencia exquisita, en algún caso, en espectacular plano secuencia. Ya había demostrado esta faceta Fernando León en su anterior película, Un Día Perfecto (2015). Está claro que el madrileño se crece cuando el presupuesto es suficiente y es capaz de encadenar escenas con ritmo trepidante de manera eficaz. Pero no es suficiente: si bien es cierto que Loving Pablo tiene algunas secciones entretenidas, su ritmo se desploma completamente en su última media hora, interminable y excesiva que no contiene ni una sola sorpresa.

Parece increíble que tanto talento y recursos se empleen en contar una historia que ya ha sido contada hace menos de dos años y en hacerlo de una forma mucho más vulgar. Narcos tiene muchos defectos, pero está llena de detalles (la música, el personaje de la madre de Pablo Escobar o el carisma de los agentes de la DEA que le persiguen) que la hacen adictiva. Loving Pablo no tiene nada así. Y, lo que tiene, no lo aprovecha. No se me ocurre quién podría querer verla.

Loving Pablo