15 diciembre, 2017. Por

Los Últimos Jedi

Los porgs hacen mucha gracia mientras Star Wars se ahoga en sus propios MacGuffins
Los Últimos Jedi

Decía Alfred Hitchcock, ya en los años 30 del siglo pasado, que un MacGuffin es un objeto vacío y carente de importancia cuya única finalidad es obligar a la trama a avanzar. El propio creador del universo Star Wars, George Lucas, ha reconocido en alguna ocasión que el androide R2-D2 no es más que un elaborado MacGuffin en Una Nueva Esperanza. Aunque Lucas ha defendido que los MacGuffins han de ser importantes, a algún nivel, para los espectadores (todos amamos  a R2). Todo esto lo cuento porque hoy se estrena Star Wars Episodio VIII: Los Últimos Jedi (Rian Johnson, 2017) y, francamente, es una película que se entiende mejor con el concepto del MacGuffin en la cabeza.

“No estamos ante el nivel de vergüenza ajena que dieron los Episodios I-III, pero es innegable que a esta película se le ven mucho más las costuras que a su predecesora.”

No voy negar que las expectativas levantadas por Los Últimos Jedi, tras los sorprendentemente positivos precedentes que marcaron El Despertar de la Fuerza y Rogue One, pueden haberse ido un poco de madre. El escenario y los personajes planteados por el Episodio VII, a pesar de los innegables paralelismos con Una Nueva Esperanza, era fresco y prometedor. La sólida y resolutiva independencia de Rey, la tontorrona inocencia de Finn o el carisma de Poe se vienen abajo de manera precipitada y no del todo justificada en Los Últimos Jedi. No estamos ante el nivel de vergüenza ajena que dieron los Episodios I-III, pero es innegable que a esta película se le ven mucho más las costuras que a su predecesora.

El motivo es, principalmente, que a los numerosos MacGuffins de la trama, a esos interrogantes tan aparentemente importantes que se habían ido planteando a  lo largo de El Despertar de la Fuerza, no hay ninguna intención de darles respuesta. Y cuando un MacGuffin se hereda de una película a otra, generando dos años de cháchara y teorías delirantes en internet, lo que empieza a recordar es una temporada de Perdidos.

Así que, a quien se sienta decepcionado por lo vacuo del avance de la trama, solamente le queda la esperanza de poder disfrutar de la acción y las aventuras que, obligatoriamente, tienen que abundar en cualquier película del universo Star Wars. Y, en este aspecto, Los Últimos Jedi también se queda un poco a medias. La dinámica de separar a los tres protagonistas para seguir el entrenamiento de Luke por un lado, y la desesperada huida de Leia y Han por otro funcionaba como un reloj en El Imperio Contraataca.

“Pasan demasiados minutos hasta que alguna de estas tramas se vuelve interesante”

Pero en Los Últimos Jedi ni el “entrenamiento” (si se le puede llamar así, o si es solo un MacGuffin) de Rey consigue enganchar, más allá de los momentos en los que éste tramo de la cinta abraza sin pudor las referencias al Episodio V; ni la aventurilla que viven Finn y Rose (¿de dónde ha salido este personaje y por qué me tiene que gustar? ¿es esto una excusa para privarnos de la química de Finn y Poe en la pantalla?) parece tener ritmo, pies o cabeza. Del conflicto interno que se da en las filas de la rebelión y de la prepotente actitud de Poe mejor ni hablar, porque sencillamente es una estúpida nube de humo en la que los personajes deciden, deliberadamente, mentirse unos a otros.

Laura Dern es una de las incorporaciones más jugosas del nuevo episodio de la saga. Su personaje tiene bastante más desarrollo en la literatura paralela a las películas que se está publicando

Pasan demasiados minutos (no olvidemos que la película dura la friolera de dos horas y media) hasta que alguna de estas tramas se vuelve interesante y, para este momento, el riesgo de que muchos espectadores ya hayan desertado de la historia  es más que real.

Al final se queda uno con la sensación de que Los Últimos Jedi desaprovecha a sus protagonistas, poniéndolos a corretear un poco como pollos sin cabeza y haciendo que los desarrollos de dichos personajes acaben dando unas vueltas que parecen de campana. La salvan el carismático e inspirador personaje interpretado por Laura Dern, la Almirante Holdo, y el complicado viaje que Luke Skywalker ha de emprender para volver a llevar esperanza a la galaxia.

“Los Últimos Jedi desaprovecha a sus protagonistas, poniéndolos a corretear un poco como pollos sin cabeza y haciendo que los desarrollos de dichos personajes acaben dando unas vueltas que parecen de campana”

Porque la película va de esperanza, que es lo que siempre representó Luke. Pero uno teme que el mensaje lo captó y lo transmitió con mucho más tino Rogue One. Aquí parece quedarse ahogado entre batallas espaciales y algunos combates que no consiguen ser todo lo vibrantes que deberían. Mientras que en Rogue One un puñado de personajes que ni venían de ninguna parte ni iban a ningún sitio me hicieron soltar alguna lagrimita con su épico desenlace.

En Los Últimos Jedi Rian Johnson carece, además, de un recurso fácil que sí pudo aprovechar J.J. Abrams en El Despertar de la Fuerza: chantajear al espectador plagando su cinta de imágenes, momentos o personajes icónicos, herencia tres décadas de expectación. Johnson es sabio al no hacer que su cinta dependa tanto del material anterior (salvo por  una escena, que no les estropearé pero que es de lo mejor de la película). Y lo es todavía más a la hora de decidir los elementos con los que compensarlo: el humor y la introducción de nuevas criaturas.

“Muchos planos son carne de meme. Y se ríe uno con ganas en todos los tramos de la peli.”

El humor es lo que mejor funciona en Los Últimos Jedi. Los gags están trabajados con mimo, medidos al milímetro, y son fundamentales para quitar hierro a la (aparentemente) grave trama. Muchos planos son carne de meme. Y se ríe uno con ganas en todos los tramos de la peli. Y también se debe celebrar que cada vez vemos más mujeres pilotando los X-Wing y accediendo a puestos de responsabilidad en la saga Star Wars (un fallo gordo que tenía Rogue One).

Leia gana peso en la película pero, contra todo pronóstico, no se chantajea en exceso con la figura de Carrie Fisher

Por otro lado, los nuevos “animales fantásticos” que conocemos en la película no estorban, dan lugar a algunas situaciones tiernas y, en especial los porgs, bastante desternillantes. El problema es que estos bichos ni siquiera hacen avanzar demasiado la trama (mucho reírse  de los ewoks, pero al menos ellos hacían cosas), de modo que se nota demasiado que han nacido para vender muñecos y peluches como rosquillas estas navidades. Es decir, otro MacGuffin.

“Los Últimos Jedi no es la montaña rusa de emociones que algunos esperábamos, sino un producto correcto pero plano”

Al final, lo puntos a favor son insuficientes a la hora de maquillar el resultado: Los Últimos Jedi no es la montaña rusa de emociones que algunos esperábamos, sino un producto correcto pero plano. A quienes la acción y los porgs les haya compensado la falta de respuestas y los giros absurdos, enhorabuena. De verdad, os envidio. A quienes la sensación de ver una pieza firmada por un comité de hombres grises le haya frustrado, crucemos los dedos: todavía queda otra oportunidad. Eso sí, ya sin Carrie Fisher.

Los Últimos Jedi