11 mayo, 2018. Por

Los Espíritus

Los ‘The Doors argentinos’ que redimensionaron la bluescodelia hacia el clamor popular
Los Espíritus

“No es mi tarea elegir si la marea lleva o trae: iré por donde alumbre el sol”, cantan Los Espíritus en Jugo, una de sus canciones más recientes, parte de Agua ardiente, su nuevo disco. De algún modo, esa frase resume el devenir de un grupo forjado en la parte más suburbial del underground argentino, esa que se dibuja las portadas, graba discos en estudios rodeados de escombros y bolsas de cemento (como grabaron su segundo LP, Gratitud) y consigue articular un discurso conceptual y sonoro que rompe con los cánones de cualquier cosa que hayamos oído antes.

La banda argentina podría haberse pasado toda la vida grabando canciones de manera doméstica, haciéndose un hueco en el circuito underground sin superar las salas para 150 personas y preguntándose qué esperar cuando estás esperando; pero la marea decidió que los llevaría a una nueva dimensión, un entendimiento por parte del público de algo que vive en Los Espíritus que no está en ninguna otra banda del circuito.

Su sonido se debate entre una jam session ritual que mezcla bluescodelia absolutamente en trance lisérgico, aires afro-rioplatenses y melodías del folk-rock hippie de los ’60 y ’70; y unas letras que perforan, por un lado, en la facción más (sic) espiritual de la reflexión zen, y por otro, en las historias de barrio de los suburbios, del extrarradio, una panorámica de la vida en los bajos fondos que los acerca en ocasiones a cierta literatura callejera propia de líricas muchas veces deslegitimadas en la música popular argentina, como el llamado «rock cabeza» (esos grupos de rock and roll de los suburbios que cantan a la mala vida de los barrios marginales) o la cumbia villera, encontrando en Los Espíritus un altavoz popular que conecta con otro tipo de oyente que, hasta ahora, solía rechazar párrafos como «Negro Chico tiene miedo y nadie lo vino a buscar. Se trata el llanto Negro Chico, porque es de puto ponerse a llorar».

No es raro que su próximo paso tenga billete de aterrizaje en nuestro país, por segunda vez en menos de un año: el viernes 11 de mayo en la Sala Apolo de Barcelona, el sábado 12 en el Mallorca Live Festival, el jueves 17 en la Sala Caracol de Madrid, dentro de la programación del Sound Isidro, el viernes 18 en la sala Peter Rock de Valencia.

Cartel de la nueva gira española de los argentinos

DE DÓNDE VIENEN Y A QUÉ SUENAN

El capitán de Los Espíritus es Maxi Prietto, un nombre conocido en aquellos que han seguido de cerca los movimientos más subterráneos de la psicodelia underground en la era post MySpace, sobre todo por haber liderado Prietto viaja al cosmos con Mariano, un esbozo mucho más psicodélico y bajo en fidelidades de lo que ahora es Los Espíritus, un grupo cuyo sonido y discurso no se entendería sin él, pero tampoco sin Santiago Moraes, la otra pata fundamental de una banda que consigue articular un sonido casi de big band psycho-blues-folk gracias a Miguel Mactas, Martín Fernández Batmalle, Pipe Correa y Fernando Barrey.

En su sonido se cuelan ecos de diferentes tradiciones: desde esa colisión entre música psicodélica y blues (que hoy día suena también en bandas como GOAT) repleto de groove de la Jimi Hendrix Experience, Pink Floyd, Jefferson Airplane o, sobre todo, The Doors; la mecánica creativa de las zapadas (o jam sessions o improvisaciones en torno a una nota que se mueve en círculos); y la herencia del folk-rock y la música progresiva argentina de los años ’70, desde Pescado Rabioso y Manal a Alma y Vida, Vox Dei o La Máquina de Hacer Pájaros. De hecho, hay una icónica banda de rock progresivo argentino de los ’70 que se llamaba Espíritu. ¿Casualidad?

Formar parte de una escena común con otros proyectos que han conseguido expansión no sólo nacional, sino internacional, como Él mató a un policía motorizado u Onda Vaga, ayuda a que el camino de la banda argentina pueda encontrar un hueco en el circuito español: si Él Mató son Los Planetas argentinos”; bien podría encontrar Los Espíritus hermanos de este otro lado del charco, como Pony Bravo o Guadalupe Plata.

EN QUÉ MOMENTO CAMBIÓ TODO

Hace tres años eran un grupo de minorías; hace año y medio se subían como una de las pocas bandas argentinas al escenario del Lollapalooza Argentina; unos meses más tarde aún se los consideraba “el secreto mejor guardado” del circuito alternativo; semanas después de aquello saldrían a México; hace escasas semanas reventarían una sala icónica como El Teatro de Flores; y ahora, cuando tienen confirmadas su primera visita a España, hacen ojitos a uno de los recintos más masivos de Buenos Aires, el Estadio Luna Park, como siguiente paso.

No siempre fue así, claro. Los primeros esbozos del proyecto fueron especialmente experimentales: una canción de media hora llamada Hacele caso a tu espíritu! servía como pistoletazo de salida a una banda que parecía abogar más por una experiencia ritual, por una suerte de psicodelia tan cerca del funk de la música negra como de las melodías psycho-pop o la atmósfera de una sesión de yoga.

Los siguientes pasos (dos EPs, titulados Lo echaron del bar y El Gato) acabaron articulando las marcas de agua más identificables del proyecto: mantenían esa sonoridad libre, sensual, casi en trance, de su primer movimiento; pero consiguieron combinarlo con un formato canción en la que su discurso, completamente aterrizado en la tierra, fuera de frivolidades hedonistas y absolutamente comprometidos con la vida en los barrios, tanto como paisaje costumbrista como elemento de denuncia.

Precisamente esto es lo que ha ayudado a redimensionar la idea de “rock barrial”, tan popular en Argentina desde los años ’90, y conectarla con una facción del mal llamado “rock cabeza” (de letras marginales, cercanas a la cumbia y las clases bajas); abriendo la puerta y sirviendo como cabecillas de un movimiento que está encontrando en nuevos referentes como Perras On the Beach o su líder, Simón Poxyrán, un relevo que tiene como uno de sus puntales iniciales a Los Espíritus.

¿QUÉ TRAERÁN A ESPAÑA?

Agua ardiente. Pero no la bebida (bueno, quizás también), sino su flamante nuevo (y tercer disco), publicado el pasado mes de mayo, presentando a sala llena en Buenos Aires y que continúa la senda sonora de sus dos anteriores ejercicios.

Los Espíritus siguen tomándose con calma la dinámica de las canciones: bajos graves que persiguen el groove negroide del blues y el pop psicodélico; letras que hablan sobre todo de esa suerte de magia ritual, que se acercan a la literatura trascendental de Carlos Castaneda en sus experiencias con el peyote y la lisergia experiencial; pero que no olvida ese contacto con el barrio y las dinámicas sociales de una Buenos Aires en llamas.

De ahí que podamos escuchar en voz de Prietto y sus compinches líneas como “reponiendo las góndolas me vigila la mirada / ‘el trabajo dignifica’, eso dice mi patrón”; “un señor que mira a la señora caminando / la verdad, que le mira la camisa abierta / y lo asustan esas tetas mirando / ¡que ella no te vea con la cara colgando así!” o una frase que bien puede servir para que los que apoyan el referéndum catalán se apropien: “Las armas las carga el diablo y las urnas, si está de humor. Si le anda la lapicera le agrega un verso a la Constitución: donde vayas no estará lejos”.

Los Espíritus