2 octubre, 2018. Por

Los aprendizajes solares

El ciudadano como aprendiz y la ciudad como escuela
Los aprendizajes solares

Hoy en día se habla mucho del problema de la gentrificación y de cómo combatirla desde la ciudadanía. Los recientes cambios en las ciudades generan múltiples interpretaciones y sobre ellas despunta una pregunta fundamental: ¿Estamos todavía frente a lo que tradicionalmente se ha llamado ciudad? Todo principio tiene un antagonista y paralelamente a la “remodelación” institucional de las ciudades surge también un replanteamiento social de las políticas urbanas. ¿Qué pasaría si de pronto y sin pedir permiso fueran sus habitantes quienes se hicieran cargo de ella? Que la ciudad se convertiría entonces en un espacio educativo en el que el urbanismo libre y las intervenciones e iniciativas ciudadanas serían las protagonistas.

Esto es lo que ha venido pasando durante los últimos diez años en Madrid, donde los ciudadanos, cansados e indignados, aprendieron a abrir y liberar la imaginación política de la ciudad a través de pedagogías ciudadanas, que germinaron en huertos y solares, plazas y asambleas y dieron como fruto una serie de aprendizajes abiertos al público que han transformado el “habitar una ciudad” en “aprender a gestionar una ciudad”.

«Muy poco se habla en los medios de los grupos de consumo presentes en cada barrio; ni se da mucha importancia al asociacionismo vecinal, que cumple ya medio siglo de lucha en los barrios, ni a los proyectos de arquitectura social que contribuyen a la sostenibilidad de la ciudad, ni mucho menos al arduo trabajo asociativo que se lleva a cabo para combatir las desigualdades funcionales o de género»

Muy poco se habla en los medios de los grupos de consumo presentes en cada barrio, que además de ayudarnos a alimentarnos mejor, impulsa mejores condiciones laborales además de la creación de formas de distribución que evitan la contaminación. Tampoco se da mucha importancia al asociacionismo vecinal, que cumple ya medio siglo de lucha en los barrios, ni a los proyectos de arquitectura social que contribuyen a la sostenibilidad de la ciudad, ni mucho menos al arduo trabajo asociativo que se lleva a cabo para combatir las desigualdades funcionales o de género.

Todas estas iniciativas pueden consultarse en un trabajo también colectivo: Los Madriles, un atlas para mapear iniciativas vecinales cuyos objetivos son por un lado servir de reconocimiento al trabajo colectivo de miles de vecinas y vecinos para hacer una ciudad más habitable, y a los que antes que ellos hicieron lo mismo reivindicando viviendas dignas, más espacios comunes o servicios básicos, y por otro, servir como mapa y punto de encuentro de esta ciudad que está en plena efervescencia pero tristemente invisibilizada.

Los aprendizajes solares, en CentroCentro hasta el 30 de septiembre, forma parte de una trilogía titulada Madrid, a medias, que junto a las pasadas exposiciones El urbanismo libre y Las ciudades manuales nos habla de estos fenómenos: centros sociales, huertos urbanos, asociaciones vecinales, despensas solidarias, medios comunitarios, intervenciones artísticas en espacios públicos, colectivos de arquitectura social, espacios feministas…en los que emerge la figura del ciudadano como aprendiz y la concepción de la ciudad como escuela.

«Las personas que trabajan para construir una ciudad más habitable, sostenible, inclusiva y participativa ponen en valor la potencia de una ciudadanía crítica y activa que hace posible vivir de otra manera, mediante la autogestión y la participación. Parece que las grandes promotoras van a tener que seguir viéndoselas con su eterno rival: la organización social. ¡No contaban con su astucia!»

La muestra pretende consolidar la idea de que de que estamos ante un cambio de paradigma del que “estamos siendo tanto testigos como participantes activos, que es la transición de un urbanismo público a un urbanismo libre”, según Alberto Corsín, uno de sus comisarios. Haciendo un guiño a lo aprendido en la acampada Sol, evidencia la efectividad de nuevas herramientas respecto a las reclamaciones, movilizaciones y protestas llevadas a cabo en la ciudad en los años sesenta y setenta. Las personas que trabajan para construir una ciudad más habitable, sostenible, inclusiva y participativa ponen en valor la potencia de una ciudadanía crítica y activa que hace posible vivir de otra manera, mediante la autogestión y la participación. Parece que las grandes promotoras van a tener que seguir viéndoselas con su eterno rival: la organización social. ¡No contaban con su astucia!

Los aprendizajes solares