25 octubre, 2018. Por

Los años rápidos

La historia de una familia en crisis a través de tres cuadros temporales
Los años rápidos

“Pero es que los años pasan rápido.
Y hay que seguir queriendo”

Es lo que les sucede precisamente a los protagonistas de la función que se puede ver en Teatro del Barrio: 30 años que pasan rápido, muy rápido. Demasiado. Sobre todo si se trata de los miembros de una familia que, por circunstancias e intolerancias varias, han dejado de hablarse.

Secun de la Rosa (actor conocido de la pequeña pantalla pero también creador inquieto de la escena off teatral) es el responsable de este breve pero incisivo montaje que es Los años rápidos. Secun plantea esta función casi como un ejercicio narrativo de juguetona estructura. con tres cuadros: uno en el pasado en los años 80 (protagonizada por un matrimonio él un hombre frustrado e intransigente que no sabe relacionarse con el mundo, ella una mujer que ya está cansada de todo), otra en el presente (el reencuentro de dos hermanas) y otra tercera que juega con ambos tiempos.

Cierto es que ese tercer cuadro no llega a aportar demasiado más allá de sorprender gratamente en un primer momento, ser curioso en detalles de su desarrollo y jugar con ese hallazgo. Y que podría haber dado para un desarrollo más completo y/o complejo. Pero da igual. Los años rápidos consigue emocionar con ese retrato de una época y unos personajes (esas dos hermanas son una maravilla) dibujados con sensibilidad y muchísimo mimo.

«‘Los años rápidos‘ consigue emocionar y dejar un poso que acompaña tiempo después de abandonar la sala. Una de esas funciones sencillas que, aunque pasan rápido (como los años), se te agarran por dentro y no te sueltan.

La puesta en escena consigue introducirnos de cabeza en este ambiente, en este salón familiar, el epicentro de unos personajes interpretados maravillosamente por cuatro intérpretes absolutamente creíbles que ponen el corazón en la función: José Luis Martínez, como ese padre fuente de la intolerancia que consigue seguir corriendo treinta años después; Pepa Pedroche, fantástica su sencilla esposa, llena de hartazgo y con la que el público empatiza desde el primer momento; Cecilia Solaguren, espléndida como esa hermana heredera de su padre a quien ha estado cuidadando toda la vida, pero que también deja entrever el profundo amor que sigue profesando a su hermana. Personaje interpretado por una Sandra Collantes sencillamente maravillosa, que conjuga su aparente superficialidad con una infinita tristeza que casi (y sin el casi) llega a doler. Uno de esos personajes  que se te quedan clavaditos en el corazón.

Y es que Los años rápidos consigue emocionar (y si añadimos una selección musical ochentera con temas como Con todo y mi tristeza de Rocío Dúrcal o el Frente a Frente de Jeanette, pues ya os podéis imaginar) y dejar un poso que acompaña tiempo después de abandonar la sala. Una de esas funciones sencillas que, aunque pasan rápido (como los años), se te agarran por dentro y no te sueltan.

Los años rápidos