28 febrero, 2017. Por

Lori Meyers

Una casa de la pradera pintada de color esperanza
Lori Meyers

¿Indie de autoayuda? ¿La tranquilidad después de la paliza? ¿Un disco conceptual sobre reflexología y cultura zen? ¿El disco hare krishna de Lori Meyers? ¿Cuántos grados de separación existen entre “me levanto tarde, y la resaca que ahora tengo me impide llamarte… ¡y con las ganas que ahora tengo de follarte!” y “alza tus manos junto a las mías, grita más alto lo que decías, el mismo himno y sintonía: decir ‘te quiero’ todos los días”? El tiempo en grados no lo sé, pero los granadinos tardaron solo cuatro años en mostrar las dos caras de una misma moneda.

Y es que si aquel amor romántico, con sus momentos de testosterona embrutecida al mejor estilo Jorge Cremades, se prodigaba en su cancionero con un serial de himnos urgentes que iban ponderando lo zen como leitmotiv en aquel Impronta que publicaron en 2013; este En la espiral bascula en una incomprensible zona que los apuntala como asistentes permanentes de las clases de yoga y pilates y los desapunta (al menos de momento) de las de spinning y crossfit.

LA REVOLUCIÓN DE LOS CORAZONES COLOR ESPERANZA

Lo sienten por interrumpir la idea que tenías hecha de Lori Meyers, pero su inquietud y su ánimo de movimiento ha hecho que, como ya impusieron en cambios anteriores, que no hayan venido a preguntar.

Vale, sí, su nuevo disco parece compuesto por Osho, el Dalai Lama o el Señor Miyagi. Supongo que el volantazo que pega el trío con respecto a la urgente colección de hits que lanzaron hace casi un lustro desconcertará a buena parte de los loriers que esperaban como agua de mayo (aunque haya sido de febrero); pero el giro temático de los principales puntales conceptuales de En la espiral buscan hacer la paz a un extremo casi inexplorado en el indie mainstream.

Nos estamos volviendo más de piedra, y pensamos que tenemos que lograr un equilibrio con nosotros mismos, reflexionar… esto es un disco de amor y desamor, pero en realidad contigo mismo”, decían hace unos días en una entrevista para El Español. Y en realidad ese es el discurso que vertebra unas letras en un modo zen y positivista que nos remiten al Color Esperanza de Diego Torres o, por buscar un referente estilístico más propio para su universo, el Smile de Brian Wilson.

“Mientras buscarás alguien que te diga la verdad de aquí a la eternidad”, “pienso aprender las lecciones: no perjudicar a quien me salvará” o “siempre brilla el sol: no lo decidimos pero siempre da calor” nos embeben en una suerte de inesperada Casa de la Pradera Meyer. Incluso cuando hacen algún tipo de guiño político o anticorrupción parecen disfrazados de maestros zen (“me iré a vivir a Marte, allí no hay nadie aun lanzando besos al aire que no respirar tú: se avista un nuevo horizonte”).

PSYCHOSURF TELETUBBIE

Hay aires al pop armónico de los años ’60: es indudable que canciones como Oceános o baladas con el azúcar por las nubes como la nostálgica 1981 o Todo lo que dicen de ti tienen mucho de aquella (sic) impronta de Simon & Garfunkel, The Byrds o CSNY pero en versión superhappy.

Incluso ese trabajo polifónico, ensamblando a la voz de Noni y Alejandro los matices finos de Anni B. Sweet (pareja de Noni), en canciones como Evolución o Zona de confort, trascienden las órbitas psicodélicas que parecen perseguir para acercarse más a Fleetwood Mac o matices de Supertramp o Mike Oldfield.

Es una pena que los desarrollos psicoplanetarios que consiguen implementar en las sorprendentes canciones de apertura y cierre (en la que colabora otro experto cosmólogo del pop como Antonio Arias), dos de los momentos más virtuosos del combo andaluz en este disco, se queden casi como anécdotas, en pos de una suerte de [perdonadme el lenguaje a lo Aless Gibaja] surfpop teletubbie, eternamente shiny happy people.

¿Y LOS HITS?

Si algo ha hecho de Lori Meyers uno de esos grupos bisagra, con maneras tan cerca del circuito alternativo al que se los adjunta pero también aspirantes a formar parte de la radiofórmula (algo que consiguieron parcialmente en aquel Cronolánea del que se radiaron con intermitencias dos de sus singles, Alta fidelidad y Luces de neón), son precisamente sus hits. Cuando ellos comenzaron a petarlo, la etiqueta de indie mainstream no había asomado en el circuito.

Canciones como Viaje de estudios, Tokio ya no nos quiere, las mentadas Alta fidelidad y Luces de neón, Luciérnagas y mariposas, Mi realidad, ¿A-Ha han vuelto?, Planilandia, Emborracharme… Son muchos los títulos conocidos por cualquier asistente a festivales o discotecas modernícolas. Todas esas canciones (y varias más) son clásicos imperecederos de la cultura indie. Pero, ¿hay alguna canción que oposite a formar parte de esa ilustre corte de hits de las que forman parte de En la espiral?

El tiempo (y los conciertos, sobre todo) dirán si las melódicas Pierdo el control, Un nuevo horizonte o Siempre brilla el sol consigue colarse en la facción más ilustre y comercial de su cancionero. A priori, el cancionero (a excepción de Pierdo el control) pierde nervio y eficacia en lo que a la primera escucha se refiere.

Veremos si este “nuevo horizonte reflexivo” los sumerge definitivamente en una espiral con múltiples puertas que se abren o sin salida.

Gira:
16.03: Granada. Industrial Copera
24.03: Madrid. La Riviera
01.04: Barcelona. Apolo

Lori Meyers