28 mayo, 2018. Por

Lo que más me gusta son los monstruos

Cuando el mundo real puede ser más complicado, hermoso y aterrador que cualquier ficción
Lo que más me gusta son los monstruos

La intrahistoria tras esta gigantesca novela gráfica de cuatrocientas páginas es bastante curiosa. Emil Ferris (1962), una ilustradora y diseñadora de Chicago, contrajo a los cuarenta años la fiebre del Nilo Occidental, una rara enfermedad que le provocó una parálisis con la que lucharía a lo largo de varios años. Mientras se recuperaba empezó a trabajar en un cómic autobiográfico inspirado en sus recuerdos de niñez.

Eso se advierte en cuanto pasamos la primera página: esta es una obra en la que la autora ha invertido una cantidad de tiempo y esfuerzo desmesurada, dotada de un detallismo y un cuidado obsesivo. Y como en un cuento de hadas o en una película de superación típicamente norteamericana, tras su publicación por el prestigioso sello Fantagraphics en 2017, fue alabada por grandes del medio, como Chris Ware o Alison Bechdel y considerada, inmediatamente, el cómic del año por la mayoría de los medios especializados.

“‘Lo que más me gusta son los monstruos’ es cualquier cosa, excepto una obra ligera: casi a cada página encontramos escenas sorprendentes, dibujos impresionantes a medio camino entre Robert Crumb y Maurice Sendak, densas masas de texto”

Lo que más me gusta son los monstruos es cualquier cosa, excepto una obra ligera: casi a cada página encontramos escenas sorprendentes, dibujos impresionantes a medio camino entre Robert Crumb y Maurice Sendak, densas masas de texto (es un cómic con muchísimo texto, lo que hace que en ocasiones parezca una novela ilustrada). Su diseño evoca un cuaderno en espiral, lo que acentúa la sensación de que nos hallamos ante el diario gráfico de una niña en edad escolar.

Todo al servicio de la historia de Karen Reyes, una niña de diez años que se cría, como la autora, en el Chicago de los sesenta, a la que le encantan las viejas películas de monstruos de la Hammer o la Universal y que compensa el rechazo que la rodea en el ámbito escolar con el amor de su núcleo familiar, conformado por su madre, el personaje más claramente positivo de la obra, y su hermano Deeze, un dibujante apuesto y bohemio. Su perspectiva y su voz impregnan todo el libro, de modo que la satisfacción que inspire su lectura depende en gran parte de la empatía que sientas por ella. En ese sentido, sus mayores referentes no se encuentran en la historia del cómic, sino en la literatura: en la narrativa de formación de adolescentes de su país, del Huckleberry Finn de Mark Twain a El guardián entre el centeno de Salinger.

Portada del libro

A Karen le obsesionan los monstruos de ficción, pero en gran parte lo que nos relata es su contacto con la maldad real. El punto de ignición es la muerte de una vecina, Anka, de origen polaco, una superviviente de la II Guerra Mundial bella, extraña, con profundos trastornos psicológicos, con cicatrices físicas y mentales. Karen, que suele dibujarse a sí misma enfundada en un disfraz de detective de cine clásico, con una gabardina y un sombrero, descubrirá una cinta con su historia, lo que la conducirá hasta el corazón de la gran pesadilla del siglo XX: el nazismo. Sin embargo, esto es solo el hilo narrativo principal, a lo largo de sus caudalosas páginas, se cuentan muchísimas cosas y se nos presentan a un sinfín de personajes, mientras recorremos las calles de la Chicago psicodélica y expresionista que contemplan los ojos de Karen. Por otro lado, a Karen le encanta visitar con su hermano el Museo de Arte de Chicago, lo que sirve como excusa pare recrear un montón de obras de arte desde el tremendamente imaginativo punto de vista de la niña, enlazándolas a la narrativa del cómic.

“Desde el punto de vista visual es una novela gráfica magistral y abrumadora, una obra magnífica; desde el literario, la recreación de la voz de una niña que descubre que el mundo real puede ser más complicado, hermoso y aterrador que cualquier ficción es casi perfecta. La conjunción de ambos aspectos justifica la alta valoración que se le ha dado desde el instante de su publicación”

Desde el punto de vista visual, Lo que más me gusta son los monstruos es una novela gráfica magistral y abrumadora, una obra magnífica; desde el literario, la recreación de la voz de una niña que descubre que el mundo real puede ser más complicado, hermoso y aterrador que cualquier ficción es casi perfecta. La conjunción de ambos aspectos justifica la alta valoración que se le ha dado desde el instante de su publicación. Para los que se acerquen a él, simplemente, buscando una obra interesante y entretenida, todo depende si conectas con la voz de Karen. Si consigues identificarte con ella, te hechizará de principio a fin.

Lo que más me gusta son los monstruos