Me temo que la luz tendrá que apañárselas para entrar, quizás a través de las grietas y hendiduras, Richard Yates.
Miren a su alrededor. En la oficina, en el mercado, en el colegio de sus hijos, en el bar de enfrente, en el vagón de metro… Si se fijan con atención podrán encontrar un buen puñado de personajes similares a los que Richard Yates (Yonkers, Nueva York 1926- Alabama 1992) retrata en sus Once maneras de sentirse solo (RBA). Son esos seres silenciosos y anónimos, intrahistóricos que diría Unamuno, cuyas vidas pasan sin mayor trascendencia. Algunos soñadores, y puede que incluso algún rebelde, pero sin la fuerza necesaria para coger las riendas de su vida y tomar un camino diferente al que parecen estar destinados y que, vestidos de una apariencia idílica, son profundamente desgraciados.
Estos once relatos, escritos en la década de los '50 y publicados en 1962, un año después de la aclamada Vía Revolucionaria (Alfaguara) que, antes de caer en un temporal e injusto olvido, fue finalista del National Book Award para décadas después ser recuperada en el cine por Sam Mendes, hablan de pequeños retazos de vida cotidiana: una profesora y un alumno con dificultades, una pareja a punto de casarse, un hombre al que acaban de despedir, un periodista, un ex soldado, un escritor… y sus historias de soledad y sueños rotos hilvanadas a golpes de una prosa directa, sencilla y muy visual con profusión de diálogos en la que lo más importante son las sutilezas y ese subtexto tan difícil manejar y que provoca una reflexión en el lector que debe ir más allá de las palabras para descubrir lo que se esconde detrás de ellas. Yates es además un gran observador y, como tal, parece colocarse tras un teleobjetivo para entrar en alcobas y automóviles, en bares y oficinas captando escenas que inmediatamente nos recuerdan a los cuadros de Edward Hopper.
Al igual que ocurre en Vía revolucionaria, en Las hermanas Grimes (Alfaguara) o en Cold Spring Harbor (RBA) el escenario es el Nueva York de los años '50 y los protagonistas de estas historias son personas de clase media atrapados entre finos hilos de realidad cuyo escaso margen de libertad –en gran medida autoimpuesta- les aboca a pequeños actos y decisiones que determinan irremisiblemente su futuro, y el amor –o el desamor-, la frustración, la soledad y el desencanto son los temas recurrentes. El gran Raymond Carver se confesó admirador y deudor de Yates y, si bien los relatos del primero cortan como navajas afiladas, en los que nos ocupan aún queda un cierto espacio para la esperanza y la redención. Hágale un hueco en su estantería -los guionistas de Mad Men, serie que si no han visto aún no deberían perderse, seguro que los tienen siempre sobre la mesa- que la buena literatura es un modo perfecto de sentirse acompañado.
