Pablo Palacio

Un hombre muerto a puntapiés

Mientras que autores del grupo de Guayaquil como Demetrio Aguilera, Joaquín Gallegos Lara o Enrique Gil Gilbert cultivaban el realismo social y Jorge Icaza se convertía en uno de los máximos exponentes de la literatura indigenista, surge en Ecuador la figura de Pablo Palacio (Loja, 1906- Guayaquil, 1947) para situarse en la vanguardia literaria. Inédito hasta ahora en España, acaba de hacerse un hueco en las librerías de la mano de Veintisiete Letras, Un hombre muerto a puntapiés, una colección de cuentos que fue publicada por primera vez en 1927, a la que se suman los relatos aparecidos en revistas entre 1921 y 1930. Impactantes, diversos tanto en su forma como en su contenido, irreverentes, a veces extraños, los textos de este volumen revelan a Palacio como un autor adelantado a su tiempo lo que le llevó a la incomprensión y muchas veces la crítica feroz llevada a lo personal de algunos de sus coetáneos. Y es que la vida de Pablo Palacio no fue sencilla. Hijo de madre soltera –su padre no quiso reconocerlo hasta que ya era famoso y él lo rechazó- sufrió de pequeño un grave accidente al caer por una cascada lo que le produjo múltiples heridas en la cabeza (hecho sobre el que se ha especulado hasta la saciedad relacionándolo con la enfermedad que lo llevó a la muerte). Tras el fallecimiento de su madre cuando aún era un niño, se hizo cargo de él un tío suyo que se ocupó de costear su educación. A los 15 años, compitiendo con universitarios, ganó su primer premio literario con el cuento El Huerfanito y pronto comenzó a publicar relatos en diversas revistas de la época. Se trasladó a Quito para estudiar Derecho donde su carrera literaria despuntó con obras como Débora, Vida del Ahorcado o la que nos ocupa. Tras licenciarse en 1932, se convirtió en abogado de prestigio y profesor y años más tarde contrajo matrimonio con la actriz Carmita Palacios. Poco después comenzaron los primeros síntomas de su enfermedad –perdía la memoria y el hilo de las conversaciones- y en 1940 tuvo que ser ingresado en una clínica psiquiátrica donde falleció. Este trágico final, alimentó las injustificadas críticas que atacaban su creación literaria y que olvidaban que Palacio escribió sus magníficos cuentos cuando aún estaba cuerdo (y si no fue así, ¿a quién le importa?). Es la condena que conlleva nadar contra corriente y salir del agua casi ileso y que sólo el tiempo logra redimir pero demasiado tarde. 

Cuentos como el que da título al libro, El antropófago, La doble y única mujer, Relato de la muy sensible desgracia acaecida en la persona del joven Z o Las mujeres miran las estrellas son sólo algunos ejemplos de la maestría de este autor. En ellos se exploran los meandros de la mente, las anomalías, el fino hilo que separa la cordura de la locura a través de personajes heridos y antihéroes cotidianos que se desenvuelven en un entorno urbano, con una mirada comprensiva y a veces cómplice, irónica casi siempre, plagada de sugerentes y poderosas imágenes en un estilo personal que busca nuevas formas de contar historias, palabras que se quedan resonando en la cabeza del lector y que fueron escritas, no lo olvidemos, hace más de 80 años.

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denisse 9/08/2011, 17:32
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Autor: Pablo Palacio

Título: Un hombre muerto a puntapiés

Género: Narrativa

Editorial: Veintisiete Letras

Año: 2010

Páginas: 184

Precio: 12,95€