6 junio, 2018. Por

Phonogram: Rue Britannia

Magia, britpop y nostalgia en un cómic que todo amante de la música debería leer
Phonogram: Rue Britannia

The Wicked + The Divine se está convirtiendo en uno de los cómics de fantasía más exitosos de los últimos tiempos. E, independientemente de que a uno le guste o no dicho tebeo, su éxito está teniendo la positiva consecuencia de devolver a la palestra trabajos anteriores del tándem creativo responsable de él: el guionista Kieron Gillen y el dibujante Jamie McKelvie. El más significativo de ellos es Phonogram, otra serie que comparte con The Wicked + The Divine los tintes fantásticos y las constantes referencias a la cultura pop, pero que es mucho más madura en sus temas, trasfondo y desarrollo. Recientemente Norma Editorial ha traducido, publicado y coloreado el primero de los tres volúmenes de Phonogram, Rue Britannia. Y es un cómic imprescindible para todo el que se haya vuelto loco alguna vez cuando han puesto Common People en un garito.

Corre el año 2006 y David Kohl arrastra su atractiva personalidad por los eventos musicales de Inglaterra con cierta pereza. Kohl es un fonomante: un mago que para sus encantamientos utiliza canciones como catalizador. Britannia, la deidad que inspiró el britpop, murió hace tiempo y los hechizos de Kohl han tenido que evolucionar. Pero, repentinamente, la mente de Kohl comienza a cambiar: repentinamente empiezan a gustarle canciones de Ocean Colour Scene que hasta hace pocos días despreciaba y recibe visitas del fantasma de Beth, una fan de los Manic Street Preachers a la que hace años que no ve. Kohl comprende que alguien está intentando resucitar a Britannia y, por el camino, está modificando el pasado. La resurrección de la deidad sería catastrófica para el legado del britpop, así que el fonomante ha de encargarse de impedirlo.

Cada portada de Rue Britannia es un homenaje a un disco clásico del britpop. Los grupos mencionados son Elastica, Black Grape, Oasis, Blur, Suede y Manic Street Preachers

Vacaciones en el britpop

Con tan desmadrado planteamiento queda claro que Phonogram no puede ser plato para todos los gustos. La conexión con el lector depende exclusivamente de que éste se sienta interpelado por la idea de que hay magia en la música. No es una idea muy distinta a de la que se parte en The Wicked + The Divine, aunque Phonogram hace mucho más hincapié en la música que en los personajes. Así, aunque se incluye un (delirante) glosario con someras explicaciones sobre los grupos que se van mencionando en las viñetas, algún conocimiento y opiniones propias sobre la historia del rock británico son necesarios si se desea disfrutar de la trama. Incluso se puede decir que el mero conocimiento es insuficiente: Phonogram sólo atrapa (y mucho) cuando se ama la música tanto como lo hacen los personajes que desfilan por sus páginas.

En el caso de Rue Britannia, además, algún grado de fascinación por el britpop es necesario, ya que gran parte de la trama está construida sobre guiños a dicho periodo. Por él pasean Pulp, Suede, los Manic, Blur, Echobelly, Ash o Catatonia. Bandas que apelan directamente a la juventud de los que ya levantamos más de treinta años. No hace falta haber vivido en el norte de Inglaterra a principios de los 90 pero es imprescindible emocionarse con alguno de los anclajes musicales que Gillen nos va dejando por las viñetas, como la desaparición de Richey Edwards. Su tardía publicación en España, además, no ayuda: en 2006 la memoria del britpop estaba bastante más fresca, y las referencias a los grupos que capitalizaron su herencia en aquel momento, como The Libertines o Arctic Monkeys, tenían mucho más sentido.

Aunque es un personaje demasiado secundario, Beth es uno de los elementos del relato que mejor capitalizan la nostalgia del lector

La magia de la música (y la música de la magia)

Pero, para quien sepa que hay algún tipo de magia en la música o quien viviera, aunque fuera de lejos y tangencialmente, aquello del britpop, Phonogram: Rue Britannia es un cómic que puede emocionar hasta límites inesperados. Porque en él Gillen y McKelvie saben apelar directamente a la memoria emocional del lector. Toda la aventura que recoge este primer volumen de Phonogram es, en realidad, una reflexión hermosa e inteligente acerca del poder de la nostalgia. Y tiene detalles tan brillantes como el de presentarnos dicha reflexión a través de un personaje tan histriónico como Indie Dave, un fonomante del punk al que conocemos abrazado a un disco de The Clash mientras quema viejos vinilos de Lush para calentarse.

Aunque Rue Britannia trata más sobre música que sobre sus personajes (esto no es tan cierto en los dos siguientes volúmenes) el mordaz cinismo de David Kohl nos atraviesa. En parte porque el tío es un perfecto imbécil pero, también, porque sería necio no reconocer que se le profesa no poca envidia. Mediante la decadente personalidad de este protagonista se nos muestran, incluso con ternura, las luces y las sombras de aquéllos cuyas vidas giran en torno a algo tan etéreo como la música. Es difícil no sentirse identificado con él en varios momentos y gracias a ello el mensaje de Rue Britannia acerca de la necesidad de buscar nuevas y frescas ideas en lugar de estancarse tratando de revivir las antiguas llega claro y sencillo al lector.

Cada viñeta de Phonogram está pensada para remover las emociones y la memoria del musiquero de más de treinta años

Al final Phonogram se publica tratando de atraer al público que ha convertido a The Wicked + The Divine en un fenómeno de masas al que muchos ya llaman el “Sandman millenial”. Es un error: la mayoría de los post-adolescentes que leen este tebeo no saben quién fue Richey Edwards y no tienen el más mínimo interés por descubrirlo. Hay una generación entera de gente que ya no se emociona con el Common People y a los que Blur y Oasis les suenan a la Prehistoria. De las referencias a The Clash y a Joy Division ni hablamos. Y eso no se puede cambiar, por mucho que se añada color a las monocromáticas viñetas originales.

Cada viñeta de Phonogram está pensada para remover las emociones y la memoria del musiquero de más de treinta años que se acerque a él, puesto que el propio cómic pretende hacernos reflexionar sobre el poder y la importancia de la nostalgia. Lo que hace a Phonogram un cómic inolvidable es que cuando uno se da cuenta de que puede escuchar las canciones en su cabeza mientras lo va leyendo, a medida que se va emocionando con cada comentario sarcástico sobre tal o cual grupo que le gustaba en la adolescencia, le queda claro que la premisa del relato es completamente cierta. Hay magia en la música: la nostalgia. Pero no todo el mundo puede comprenderla. Y mucho menos disfrutarla.

Phonogram: Rue Britannia