27 marzo, 2017. Por

OuLiPo

Un Atlas de literatura potencial
OuLiPo

Oulipo. Ou-Li-Po. Parece una variante tosca y forzada del comienzo de cierto libro de Nabokov, pero no van por ahí los tiros. Ou-Li-Po es el acrónimo de Ouvroir de Littérature Potentielle, taller de literatura potencial. Se trata de un grupo de experimentación literaria creado en 1960 por el escritor Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais. Sin duda una combinación cuanto menos curiosa.

La editorial Pepitas de calabaza rescata del ostracismo OuLiPo, Atlas de la literatura potencial 1, ideas potentes. El OuLiPo reniega de todos los -ismos, pese a que el propio Queneau se había iniciado en el surrealismo. De hecho, este movimiento puede entenderse como algo diametralmente opuesto a esta corriente. Si el surrealismo abandona a la razón y mira de cara al inconsciente para hallar el proceso creativo, el paradigma oulipiano hace exactamente el recorrido inverso, aplicándose consciente y razonadamente restricciones que le permitan nuevas formas de creación.

Estas restricciones, llamadas trabas, junto con el concepto de potencialidad son los dos aspectos fundamentales a tener en cuenta. Toda obra literaria se construye a partir de una inspiración (al menos es lo que sostiene su autor) que ha de acomodarse mal que bien a una serie de trabas y procedimientos que entran los unos en los otros como muñecas rusas. Trabas que pueden ser del vocabulario, de la gramática, de la novela, de la tragedia clásica o de la versificación. La traba, lejos de ser un impedimento, es el principio de escritura del texto, su mecanismo de desarrollo y al mismo tiempo su sentido. Estas trabas generan unas nuevas estructuras dotadas de potencialidad para que otros escritores puedan también usarlas.

La traba es intencional, voluntaria y lucha contra el azar. Si eres de aquellos que al escribir buscan la escritura automática y la inspiración divina a la hora de plasmar ideas en un folio en blanco, enhorabuena. Acabas de conocer a tus antagonistas más feroces. OuLiPo considera que la inspiración que consiste en obedecer ciegamente a todo impulso es en realidad una esclavitud: “El clásico que escribe su tragedia observando cierto número de reglas que conoce bien es más libre que el poeta que escribe lo que pasa por su cabeza siendo esclavo de otras reglas que ignora”.

No se repudia el automatismo entendido como el rechazo de los procedimientos mecánicos, sino solo de aquellos que lo son solamente por ignorancia.

El Oulipo guarda una relación sin equívocos con las matemáticas. Consideran que el lenguaje es matematizable, incluso aritmetizable, ya que existe una relación muy estrecha entre los textos y las cifras, una relación bidireccional. Entran en juego las permutaciones, las combinaciones de letras y el intento de despejar ecuaciones con sonetos. Aspectos tan matemáticos como la teoría de conjuntos están más que presentes en los autores oulipianos.

Igualmente son defensores a ultranza de lo axiomático, olvidar la semántica y los significados y centrarse en la correcta observación de las reglas de la sintaxis.

Pero, ¿cómo llevan todos estos principios a la práctica? Veamos algunos ejemplos ilustrativos:

  • El secuestro es el nombre de una novela que trata de un secuestro, concretamente el secuestro de la letra a, y es a la vez la novela de lo que se cuenta y el relato de la traba que crea lo que se cuenta. La traba es pues un principio, no un medio.

“Ondoyons un poupon, dit Orgon, fils d´Ubum Bouffons choux, bijoux, poux, puis du mou, du confit, buvons non point un grog, un punch”. (Vemos que en este párrafo se riza el rizo y tampoco incluye el uso de la letra e)

  • – Otro ejemplo. Se escogen dos enunciados tan diferentes como sea posible. En cada uno de los enunciados, se sustituyen los significantes por su definición. Al término de una serie de transformaciones, los enunciados de partida dan lugar a un texto único. Según este método, dos enunciados cualesquiera en una lengua siempre son equivalentes. Por ello, según este modo de deducción, la lengua es tautológica.
  • – El Método S+7, consistente en reemplazar en un texto todos los sustantivos por el séptimo que le siga en un diccionario cualquiera.
  • – Dado un texto, escribir otro utilizando los mismos fonemas (isovocalismo o isoconsonantismo) o el mismo esquema gramatical (Isosintactismo).
  • – La lipogramática, escribir en prosa o en verso imponiéndose la ley de suprimir una letra del alfabeto
  • – La conversión de poemas en haikus orientales

Versos homófonos, restricciones fonéticas… todo encaminado a explorar las potencialidades del lenguaje para multiplicar su valía.

La finalidad básica del trabajo de los oulipianos es generar literatura en cantidades ilimitadas, potencialmente producible hasta el fin de los días. Buena muestra de ello es la publicación de Queneau llamada Los cien billones de poemas, cuyo procedimiento es el que sigue: Se escriben diez sonetos con las mismas rimas. La estructura gramatical es tal que todo soneto “base” es intercambiable con cualquier otro situado en la misma posición en el soneto.  Hay por tanto diez opciones independientes posibles por cada verso de un soneto nuevo. Hay catorce versos, con lo cual tenemos 10 elevado a catorce, o cien billones de sonetos. Es una suerte de poesía exponencial.

Ante tanta deriva teórica, ellos defienden que el trabajo oulipiano es divertido, es intrínsecamente innovador y no puede valerse de ninguna finalidad de las llamadas serias ni de los criterios científicos. El juego es el engranaje necesario para engrasar una maquinaria tan netamente teórica a priori. Ante la pregunta “Para qué sirve” o “Qué problema resuelve” , no hay una respuesta clara. Pero no es algo que parezca enfadar a sus fundadores, Queneau a la cabeza, que no rechaza esa marginación intencionada por parte de aquellos que asignan etiquetas peyorativas sino que se vale de ella para fortalecerse..

El autor oulipiano es “una rata que construye ella misma el laberinto del que pretende salir”. Llevan más de cincuenta años negando que sean un grupo literario, un -ismo, un movimiento, una vanguardia o un grupo científico. Son más que todo eso. Grandes nombres de la literatura francesa como Georges Perec o de la italiana como Ítalo Calvino pertenecen a este colectivo. Otros, como Roberto Bolaño, César Aira o Enrique Vila-Matas son algunos de sus seguidores más representativos en lengua castellana. Todos ellos se sienten seducidos por la prohibición autoimpuesta, en una suerte de sadomasoquismo literario que potencia exponencialmente sus habilidades. Y debe ser una sana fijación, ya que hoy día el OuLiPo no solo sobrevive, sino que se mantiene en una envidiable forma.

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