Jean de La Ville de Mirmont fue un joven escritor parisino, aunque nacido en Burdeos, que apenas tuvo tiempo de disfrutar de la publicación, en 1914, de su única novela. Poco después de que Los domingos de Jean Dézert viera la luz, fue alistado como sargento en el ejército francés durante la primera guerra mundial y no tardó mucho en morir en una trinchera por el efecto de un obús enemigo. Poco podía imaginar el bueno de Jean que su única obra narrativa (tiene además tres poemarios publicados a título póstumo) se convertiría, casi un siglo después, en una obra reverenciada y de lectura casi obligada para cualquier lector de nuestros días. La capacidad para crear mitos literarios en Francia nadie la pone en duda pero en este caso está plenamente justificada. Algunos, hoy en día, consideran a Jean de La Ville el más grande escritor francés del siglo XX. Esto puede resultar exagerado pero es indudable que Los domingos de Jean Dézert es una obra brillante y sorprendentemente moderna. La introducción de lo fragmentario y la desarticulación del gran estilo clásico y de su obsoleta idea de totalidad son actitudes visionarias y un claro antecedente de lo que viene haciéndose en los últimos tiempos.
Claramente emparentado con el Bartleby de Melville y con El hombre de la multitud de Poe, el melancólico Dézert es un joven y gris funcionario que se aburre mortalmente y escribe en su anodino y ordenado diario cosas como: "15 de Noviembre de 19…Domingo Mal tiempo. Ligero catarro 8 de Febrero de 19… Paciencia de las lluvias de invierno, no conseguiréis sacarme de mis casillas. 5 de Mayo.- Domingo. Elecciones municipales. He votado en una escuela". Y así sucesivamente. "Si Jean Dézert fuera una marioneta, yo diría que le faltan algunos hilos, porque, en verdad, el Dueño de nuestros Destinos parece tirar siempre del mismo.”, según las palabras del propio Jean de La Ville de Mirmont. Poético, irónico, conciso, aparentemente ingenuo, divertido, descriptivo del París de principios del siglo XX y sin embargo perfectamente moderno. Quizá, incluso, imprescindible.
