En junio de 2008, el premio Príncipe de Asturias distinguió a la canadiense Margaret Atwood (Ottawa, 1939), guionista, poeta, ensayista y, ante todo, novelista, de lo cual nos felicitamos, ya que nos ha permitido disfrutar de la reedición de alguna de sus mejores obras, entre las que destaca con luz propia –una luz oscura y terrible- El cuento de la criada. Atwood nos lleva a través de los recuerdos y vivencias de una mujer en un futuro brutalmente distópico que nos recuerda, y mucho, al creado por Orwell en 1984 o Alan Moore en V de vendetta: tras el asesinato del presidente, supuestamente por islamistas, Estados Unidos se ha convertido en la República de Gilead, un régimen teocrático dominado por el puritanismo más extremo en el que se persiguen con saña a los disidentes religiosos o políticos.
Ante la falta de niños –se han producido una serie de accidentes nucleares y hay un grave problema de fertilidad-, las mujeres son divididas según su capacidad reproductiva. Una clase especial, las criadas, de fecundidad garantizada, se convierten directamente en esclavas sexuales de jerarcas del régimen cuyas esposas no son capaces de procrear. La protagonista pertenece a esa clase sometida, separada de su marido y de su hija, ha perdido incluso su nombre, pues se tiene que llamar con un compuesto que indica de quien es propiedad: De-Fred, Defred. La autora nos conduce con maestría a la intimidad de una mujer que, a pesar de su situación, intenta mantener la independencia de su espíritu, nos incita a compartir una vida asfixiada en un universo de constante opresión en el que jugar una partida de Scrabble se convierte casi en un acto de desafío y hace que quedemos atrapados por su voz tenue, pero vital y llena de ironía. El brillante epílogo permite al lector conocer algo más acerca del génesis de la monstruosa República de Gilead y, también, sobre su conmovedora protagonista.
