El mandato de los tiempos: pertenece, sé de muchos clubes, nunca expreses tu auténtico yo, adáptate. No destaques, intégrate, pertenece al club, sé normal. Y empapélate la personalidad con certificados, carnés, seguros y tarjetas de crédito. Es probable que nunca lleguemos a darnos cuenta de cuán sellada está la identidad por medio de la documentación. Lo narrado en Manual del contorsionista parte precisamente de ese punto: las audacias y técnicas desplegadas por un muchacho diferente para no resaltar y ser dejado en paz. Sin embargo, por contra a lo dicho hasta aquí, su estrategia consiste en desaparecer cada poco tiempo y convertirse en otro. John Vincent nació “raro”: algunos problemas de aprendizaje, familia disfuncional, sexto dedo en la mano izquierda... Además de ataques insufribles de migrañas inexplicables. Sus peculiaridades no acaban aquí, porque es además un tipo hábil con los números y guarda en la memoria hasta el más mínimo detalle de cuanto le rodea. Al hacerse mayor, decide acabar con esa sensación de estar siempre señalado y borra a John Vincent. Simplemente, cada vez que se procura una fuerte dosis de analgésicos no prescritos termina delante de un “evaluador” psicológico, con riesgo de acabar en un sanatorio mental. Cíclicamente: crearse un nombre, hacerse un nicho, dotarse de papeles: ocultar quién es para preservar quién es.
Clevenger es una de esas voces de finales de los noventa que se alimenta de un mundo en que ser alien era moda en el cine (lo era también en la música, y ahí quedó el grunge) pero, en cambio, está muy mal visto fuera. Los EEUU, el país del freak por excelencia, saben hacer maravillosas versiones mediatizadas de la rareza (recordemos Monster, Boys Don't Cry o, en clave de humor, el cine de Kevin Smith, y muchas más), pero cuando esos especímenes están en la sala de espera del servicio de salud junto al resto de “normales”, son detestados, aislados y, si dan mucho problema, anulados. Poniendo el dedo en la llaga sobre ese asunto, el cómo sobrevivir dentro de un complicado sistema acostumbrado a fagocitar la diferencia, el libro de Craig Clevenger es un emocionante y bien templado asalto al concepto de identidad y personalidad. Se lee con brío, el relato es original y trepidante, y enfrascados en sus páginas podemos, incluso, dejanos llevar por la nostalgia de una década y sus símbolos remotos, casi desaparecidos.
