Esta es una novela acerca de cómo la época en la que uno le toca nacer marca de forma indeleble a los individuos en periodos históricos muy distantes, pero, a su modo, extrañamente paralelos. El autor, el bosnio-norteamericano Aleksandar Hemon –que nació en 1964 en una ciudad tan cargada, para su desgracia, de historia como Sarajevo- es un especialista en el tema: sus dos primeras obras, La cuestión de Bruno y El hombre de ninguna parte, se centraban ya en personajes nómadas a su pesar, empujados por circunstancias que se encontraban más allá de su control. En esta ocasión, nos encontramos a Brik, un aspirante a escritor de origen yugoslavo asentado en Chicago –un irónico trasunto del propio Hemon-, que consiguió abandonar su país antes de que fuera destrozado por los conflictos interétnicos. Brik decide utilizar para su primera novela el caso de Lázaro Averbuch, un emigrante judío que fue asesinado en Chicago a principios del siglo XX por un alto jefe policial bajo la acusación de ser un peligroso anarquista. En compañía de un amigo de la infancia, Rora, veterano de la guerra de Bosnia, viajará tras sus huellas hasta Ucrania, antiguo escenario de sangrientos pogromos y que ahora ocupan negocios mafiosos, ruinas soviéticas y prostíbulos…
Aleksandar Hemon es comparado a menudo con dos enormes escritores que, procedentes del este de Europa, acabaron renovando la literatura en lengua inglesa de su tiempo: Conrad y Nabokov. Aunque tal vez resulte un elogio excesivo para un autor aún joven, su sombría visión de seres humanos obligados a reconstruir una y otra vez su identidad, el estilo preciso e irónico y su inteligente construcción llena de intriga, demuestran de sobra que merece la pena seguir los pasos de Hemon. Y de momento, podemos disfrutar de esta magnífica novela.
