Ahora que no paras de oir hablar de Miguel Noguera, quizá llegues a preguntarte: “Ah, pero esto, ¿no será un hype más?”. Intentaré que te contestés tú mismo al final de esta reseña. “Más de 300 ideas de Miguel Noguera”, se lee en la faja (un pequeño libro en sí mismo) que recubre la negra tapa de Ultraviolencia. No hay mucha gente por ahí que se venda diciendo que tiene “ideas”. O sí, claro, todos esos emprendedores del mundo actual. Noguera no es de esos, más bien es su antítesis. Si este libro es tu primera aproximación a su mundo de “ideas”, digamos que desde el prólogo ya da pistas de que son “ocurrencias” más o menos salvajes a partir de su discurrir cotidiano: proliferan las rampas, las cafeterías, los viejos y el universo genital. Abundan las personas con taras o vicios extraños, los paisanos con filias muy raras y fobias aún peores. Y aunque muchas de sus “ideas” son muy oscuras, barrocas, desquiciadas, la mayoría de ellas son tremendamente verosímiles. Qué quiero decir: la historia titulada Regalar un bebé a un niño termina con la siguiente frase: “seguro que ha pasado”.
Y al llegar a este punto, vi. Tuve que admitir que las historias narradas y dibujadas de este libro, de apariencia absurda, son completamente plausibles. Es por eso que, al cabo, dan más miedo. Ouija en el AVE, Pro-evolucion soccer, Ir de culo, El espíritu de la orina, Fiestas de seroconversión... Bufff, si lo piensas un poco (o es que las “ideas” de Miguel Noguera me han subsumido el cerebro), no están tan lejos de la realidad. Realidad expandida, realidad aumentada, realidad distorsionada que logra descorrer los velos de lo políticamente correcto y fijar nuestra mirada en aquello de lo que, de habitual, la apartamos. No queremos quemarnos con tanta clarividencia. Claro que no va de filósofo, pero consigue expandir los límites, darnos a mamar de una sabiduría triste, melancólica, que maldita la gracia que tiene aunque de cuando en cuando consiga arrancarnos una sonrisa. Frente a este libro, aconsejo dos cosas: una, consume Ultraviolencia. Lee este libro que empuja los límites. De lo moral, de lo formal, del discurso, de la alienación y la brutalidad “ideal”, de las costumbres y los vicios, así como de la autocomplacencia escritora. Dos, consume Ultraviolencia con moderación. No quiero decir que te apetezca, después de su lectura, blandir un palo y apalear viejas. No. Puede que lo que te den ganas de hacer sea dejar tu trabajo y/o realizar alguna de las mejores ideas sobre tu jefe/a. Firmo como lectora lo que él mismo explica al comenzar: "No he disfrutado demasiado, pero sí he aprendido mucho". Eso.
