Julián Rodríguez

Palabras insondables


A menudo los escritores grandes revisten proyectos pequeños, o viceversa. Actualmente se pueden encontrar los dos primeros volúmenes de la serie "Piezas breves" de Julián Rodríguez, editados en el sello Errata Naturae: autor y editorial dan rienda suelta a sus deseos de engarzar joyería fina (que nunca cara) en estos pequeños libros reescritos durante una década.

Julián Rodríguez es una de las figuras más activas del panorama literario español: publicando desde hace una década (ahí están sus libros Antecedentes -Mondadori, 2010-, que reúne sus dos primeros volúmenes editados en pequeñas tiradas ya inencontrables, Unas vacaciones baratas en la miseria de los demás -Caballo de Troya, 2004-, o Lo improbable y otras novelas, en De Bolsillo), también lleva la editorial Periférica desde Cácares, casa de algunos de los autores en español más prometedores (Yuri Herrera, Carlos Labbé, Octavio Escobar Giraldo...) y de "clásicos modernos" como Fogwill, Elizabeth Smart o Gordon Lish. Además, encauza inquietudes artísticas en el proyecto Casa sin fin, inaugurado este mismo año. Su faceta escritora, estos días, es la que nos da la excusa para esta entrevista: dos menudos libritos llamados Tríptico y Santos que yo te pinte salen en Errata Naturae, un "sello amigo" que ha visto con buenos ojos empaquetar cuidadosamente (como es su costumbre) estos textos que llevan varios años, diez nada menos, en permanente elaboración y reescritura. 

En la literatura de Rodríguez, si es que se puede resumir en pocas líneas, hay huecos. Nada está dejado al azar. Nada es sencillo ni obvio en sus textos, prosas líquidas entre el cuento, el ensayo, el poema en prosa. Encontrarse dentro de sus pasadizos es una permanente aventura lectora. Deseábamos con fervor conocer cómo es esa aventura en el otro lado, en el lado de quien nunca está conforme con las palabras y siempre halla nuevos fondos de los que extraer significados. Son las cosas del querer, esa palabra insondable.

Ecribimos sobre nosotros mismos para, como dice el título de ese libro en marcha, fingirnos perfectos


Notodo: Hace unos días, un amigo me hizo esta pregunta (que no es una pregunta, es una putada, pero en tus libros pasan a menudo): ¿por qué escribes? 
Julián Rodríguez: Tresponderé en breve. Es decir, voy a responderte, si esto es posible, con “otro” libro que aún no he publicado: estoy escribiendo la tercera “pieza de resistencia”... Se titulará Fingirnos perfectos. Llevo trabajando en ese texto varios años. "Piezas de resistencia", en conjunto, es una serie de textos, casi ensayísticos, en el límite de lo narrativo, y siempre autobiográficos... Cada una de las entregas es una suerte de diario también, no sólo la “memoria” de un tiempo, en pasado, sino un día a día real... Y un poco, por tratar de responderte ahora, el prólogo habla de la relación del dolor con la identidad. Es decir, nos reconocemos en nuestro dolor y nos reconocemos en el dolor de los otros. Un dolor que sólo en ocasiones la escritura lograr exorcizar. El dolor que nos produce lo que no comprendemos de nuestra identidad en vías de constitución, incompleta hasta nuestra muerte, es (no suelo coincidir con Le Breton, pero en esto sí) “pain”, un dolor, diríamos, colectivo, y no “suffering”, esto es, sufrimiento individual... Y nos defendemos de ese dolor universal “autocreándonos”: escribimos sobre nosotros mismos para, como dice el título de ese libro en marcha, fingirnos perfectos. 

NTD: Antecedentes (Mondadori, 2010) era la reunión de dos volúmenes publicados al inicio de tu carrera, en uno solo... Santos que yo te pinte y Tríptico, en cambio, son dos breves libros, ¿por qué en este caso decidiste que tenían que ser separados? Trabajar en formato tan pequeño, ¿no es un poco capricho de artista (digo, frente a lo editorial)? 
JR: En realidad, los tres títulos reúnen textos de finales de los 90: los primeros que escribí como aspirante a escritor, pero con una diferencia importante: los relatos y poemas de Antecedentes no han sido retocados (quizá una coma o un adjetivo), pero Santos y Tríptico son fruto de la constante reescritura de unos textos primerizos que han ido metamorfoseándose año a año desde 1998. Por otra parte, es habitual que en otros “mercados editoriales”: Francia, Alemania, Italia, se publiquen textos muy breves que, sin embargo, necesitan autonomía, esto es, que no deben ser incluidos en un volumen misceláneo, sino que en sí mismos “ya” son un libro… Y eso quería yo para estos dos textos: para mí, con ambición y con humildad al mismo tiempo, necesitan esa forma: la de libro, por breves que sean. Dicho esto, y ojalá no suene soberbio, he de añadir que no deseo someterme a ninguna regla que dicte el mercado, y ahora que lo conozco por dentro, menos todavía. 

NTD: Es inevitable: como editor que eres, ¿cuánto te inmiscuyes en el proceso editorial de tus propios libros por terceros?
JR: Cuando eres editor ya no puedes olvidarte primero del lápiz que anota y, luego, del rotulador rojo... Es decir, ya no “te” lees del mismo modo… Es famoso el caso de Gordon Lish (precisamente uno de los autores que hemos publicado en Periférica y que más amamos) y su relación con los textos de Raymond Carver, cómo los podó y retocó (en mi opinión con un excelente criterio)… Pues en el fondo todos los editores, grandes, pequeños, medianos, somos Lish. Incluso respecto a nosotros mismos. 

NTD: Decías en Lo improbable y otras novelas que necesitabas tanto la reescritura como la escritura... ¿Cómo es para ti el proceso de reescritura? ¿Cómo cambian los libros, cómo cambias tú? 
JR: La reescritura es “constante”, no tiene fin… La exigencia continúa, según Beckett, incluso una vez que has decidido dar por acabado un texto, incluso cuando ya ha sido publicado… Beckett también habló del fracaso fértil, una contradicción que sirve para alentar a los escritores que ya se cansaron de lo consabido, de los “formatos habituales” (poema/novela/cuento), de lo-que-se-espera-de-ellos… 

NTD: Ese proceso, ¿tiene algo de sentido de archivo, de biblioteca de temas interiores? 
JR: Sí, claro, tienes razón… Por decirlo de algún modo, soy "warburguiano" y "benjaminiano" de antiguo (risas), es decir, un apasionado de los archivos y de la idea de archivo como sistemas de pensamiento. 

Puede pasar algún tiempo sin que lea una novela, pero cada poco abro un nuevo libro de poemas, o lo releo


NTD: Hay, entre tu trabajo, una especie de formato dúctil, maleable o líquido: textos que presentaste como poemas podrían ser cuentos / Cuentos que son condensados y abismados como poemas... ¿escribes diferente en cada caso? ¿O el registro depende de otras cosas? 
JR: Escribí unos pocos poemas durante uno o dos años. No he vuelto a hacerlo. No sé si algún día lo haré. Ni siquiera lo he hecho por encargo, para revistas o periódicos que de cuando en cuando recuerdan, o leen por primera vez, aquellos poemas… Aunque la lectura de poesía es para mí fundamental: puede pasar algún tiempo sin que lea una novela, pero cada poco abro un nuevo libro de poemas, o lo releo. Y escribí esos pocos poemas no como relatos, sino como “mecanismos” que reclamaban y me reclamaban una intensidad, un voltaje, por decirlo de algún modo, mayor que el de la prosa… Posteriormente, he tratado de incorporar toda esa intensidad a los textos en prosa. 

NTD: Si hubieses dado esos libros (Santos, Tríptico...) a publicación sin esos diez años de reescritura... ¿qué habríamos tenido? O... ¿qué tiene Rodríguez guardado en el cajón para dentro de diez años? 
JR: Hay un dicho clásico, que usan o usaban también algunos cantaores flamencos: “El arte no tiene prisa”, y es cierto. Salvo cuando hemos de “denunciar”, salvo cuando el tiempo o la Historia nos obligan a ello, mejor que tengamos paciencia antes de publicar: mejor que leamos y releamos, que meditemos. Siempre (diez, veinte veces) me hago una pregunta antes de publicar mis textos, incluso cuando ya están en la imprenta: "¿Es necesario que publique esto, es necesario?" Es ése un tiempo, más que de nerviosismo, de incertidumbre, y lo cierto es que aprendo mucho en esos días sobre los textos que ya no puedo tocar más, que están ya a punto de salir. Ya no puedo “revisarlos”, y aprendo a convivir con ellos de un modo diferente, nuevo. Digamos que, finalmente, me reconcilio con ellos, pues antes, seguramente, los he amado y detestado a partes iguales. Santos y Tríptico eran diferentes en 1998, pero, sin duda, hoy sigue habiendo en ellos mucho de “lo” que los originó. En ese cajón (risas) sólo hay unos pocos textos también cortos… Los iré publicando con Errata Naturae dentro de este segundo ciclo, "Piezas breves", a lo largo de los próximos años. 

NTD: Un tema, quizá, manido... Mujeres, manzanas, Nevada y otros textos que te hemos leído se centran, sin ningún tipo de complejo, en personajes femeninos. El esfuerzo de escribir sobre el otro sexo, a algunos escritores (con e y con a) les sale chirriante... ¿Por qué a ti no? ¿Por qué te centras tan a menudo en ellas? 
JR: Te agradezco mucho ese “¿por qué a ti no?”… Lo cierto es que no sé a ciencia cierta (lo intuyo, pero no lo sé, es decir, dudo: también estos textos nacen de la duda); lo cierto, decía, es que no sé por qué he escrito tanto sobre tal “asunto”. Quizá porque al hacerlo podía colocarme en otro lugar, mirar de otro modo, y, lo que no es menos importante, tratar de comprender. Este “tratar de comprender” me parece básico, fundamental, a la hora de escribir. Por otro lado, siempre me ha parecido un reto construir una voz, o voces, que nos resulten ajenas… aunque esto sea aparente, y aunque se produzca sólo en el plano, digamos, del género... Para tratar de que con verdad, más que con verosimilitud, podamos hacer que ese género sea también el nuestro. O, mejor dicho, que nuestro género sea el de esa voz que habla a los lectores, y, de paso, me habla también a mí, me pregunta, me enseña, me reclama... Todo esto resulta, al final, fascinante, y también aleccionador.
 
NTD: ¿“Querer, una palabra insondable”? ¿Qué palabras no son insondables en tu narrativa? ¿Es esa “intensidad semántica”, supongo, un proceso conscientemente buscado, el que da como resultado tantas capas de sentido? 
JR: Insondable es lo que no podemos “saber a fondo”, según el diccionario de la Academia de la Lengua, por tanto podría decir que todas las palabras, incluso que todos los hechos, son insondables, pues no podemos llegar hasta su fondo… Si acaso, sabemos que al pronunciarlas en voz alta “construimos” parte del mundo, o transformamos el mundo, por pequeña que sea esa transformación. Aludo a ese, casi, constructo: “intensidad semántica”, en la "Nota de autor" de uno de estos dos viejos-nuevos libritos. Todos tenemos claro qué quiere decir “intensidad” pero algo menos “semántica” o “semántico”… por mucho que lo hayamos estudiado en algún momento… Sí, claro, hablamos de la significación de las palabras… Pero a mí me interesa especialmente su conexión con los puntos de vista sincrónico y diacrónico, en cuya etimología está la palabra “cronos”, tiempo. Me pregunto y pregunto: ¿Sin pensar en el paso del tiempo o teniéndolo en cuenta? Pues bien, estos textos nacen de esa pregunta, incluso preñados de ella y sometidos a ella: el tiempo los ha ido cambiando, pero también su sentido, y la suma de sus diferentes capas de sentido (sí, las hay, quizá de un modo inevitable), ha cambiado con su paso por ellas y por mí…
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Julián Rodríguez (foto: Marta Zarco)
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Julián Rodríguez (Ceclavín, Cáceres, 1968) no es sólo uno de los escritores más interesantes de nuestro idioma, en pleno proceso de creación y recreación literaria; también capitanea el sello Periférica desde 2006, desde donde hace circular textos nuevos y viejos, o "clásicos modernos" como allí los llaman.

por qué

¿Verdad que aquí no nos gustan las cosas obvias y facilongas? En los libros de Julián Rodríguez (véanse sus dos nuevas "Piezas breves", Santos que yo te pinte y Tríptico) nada está hecho para ser engullido y todo el disfrute literario va a depender de la implicación del lector en textos densos de significados.