Este segundo libro de relatos de Cristian Crusat (Ibiza, 1983) representa un cambio sustancial y un gran avance tras Estatuas, también publicado en la editorial Pre-Textos. Mientras que en su anterior título nos encontrábamos con un repaso entre tierno e irónico por los misterios del comportamiento humano, donde el joven autor ensayaba diversas modulaciones más o menos desenfadadas para describir a sus criaturas carentes de vocación, en Tranquilos en tiempo de guerra nos hallamos ante una extraña gravedad de tono cuya clave nos la da una de las citas previas. En ella David Foster Wallace, tótem y mártir de la literatura contemporánea, afirma: la ironía nos tiraniza, aludiendo al modo en que la narrativa “ligera” del cine y, sobre todo, la televisión, han colonizado todas las demás artes, impidiendo que aquellas dudas y perplejidades que han llenado el corazón y la mente de los seres humanos desde el comienzo de los tiempos puedan ser tratadas con la misma profundidad por los nuevos narradores. Y en este libro Cristian Crusat se centra en dos temas perfectamente serios y que merecen atención: el amor y la soledad.
Entre los protagonistas de estos relatos abundan los personajes que, como Charly (un adicto al porno estadounidense en proceso de rehabilitación), tienen auténticos problemas para hacer frente a sus sentimientos e impulsos y, sobre todo, a comunicarlos, a pesar de que, probablemente, no habría nada que desearan más. Por eso, tal vez, muchos de ellos son jóvenes y adolescentes para los que, en muchas ocasiones, el alejamiento entre sus emociones y la realidad es más que insoportable. No duden en acercarse a Tranquilos en tiempo de guerra: es un libro que marca muchas de las tendencias que seguirá (o que debería seguir) la mejor literatura del nuevo siglo.
