25 noviembre, 2014. Por

Kurt Schwitters

Museo de Arte Abstracto. Cuenca
El Museo de Arte Abstracto de Cuenca acoge un paseíllo por los diseños y collages de Kurt Schwitters
Kurt Schwitters

Con frecuencia se establece una estricta diferenciación entre arte y diseño gráfico. En el caso de la obra de Kurt Schwitters parece que el diseño siempre haya estado supeditado a sus novedosos experimentos formales dentro del arte. Esta dualidad ha sido el punto de partida de la exposición del Museo de Arte Abstracto de Cuenca que presenta una selección de diez collages y casi un centenar de impresos procedentes de diferentes colecciones privadas para ahondar en las raíces comunes de ambos aspectos de su trabajo, mostrando sus obras artísticas, poéticas y publicitarias y mezclándolas con el fin de cuestionar esa división entre disciplinas: por un lado el trabajo que podría calificarse como artísticamente puro, y por otro, los testimonios de su labor como publicista y diseñador gráfico.

Pintor, escultor, poeta y diseñador, fue expulsado del movimiento Dadá Berlin, y reaccionó fundando Dadá Hannover. Este movimiento estaba fundado sobre el apoliticismo – lejos de las concepciones Dadá en Berlín, que se caracterizaba por su compromiso político-, lo fantástico y el constructivismo. En el segundo número de la revista Merz varios autores, entre ellos Theo van Doesburg, Hans Arp, Tristan Tzara y el mismo Schwitters, firman el Manifiesto Proletario, una toma de postura sobre lo que debería ser el arte en relación a su implicación política e ideológica cuya tesis central enlaza con el concepto de máquina deseante, situando el concepto arte fuera de categorías ideológicas y asumiendo toda mercancía como susceptible de ser ponderada. Con la negación de jerarquías y categorías la obra se reducía así a un mero proceso.

Su actividad se funda sobre el collage y el arte encontrado –concepto desarrollado en paralelo a Duchamp-. Sobre sus telas pueden hallarse trozos de periódicos, lana o botones donde su ingenio y sensibilidad poética brillan en frases y eslóganes aparentemente espontáneos. Así surge Merz, una casualidad convertida en concepto que se convertiría en sinónimo del nuevo arte multidisciplinar que realizaría a partir de entonces, libre de las convenciones artísticas tradicionales y que daría nombre a sus poemas, su revista, su teatro y sus construcciones.

Él mismo definiría este proceso artístico como consecuencia del momento histórico en que le había tocado vivir. Si el mundo estaba en ruinas, él construiría una nueva realidad. La vocación última de Merz es el arte del todo. La plástica Merz configura una personalísima gramática, en la que Deleuze y Guattari observan los primeros signos del reconocimiento de una nueva poética moderna. Su arte era una espeluznante provocación permanente a la sociedad, un personal y singular ataque a los bastiones de la conciencia.

De acuerdo, Kurt Schwitters no quiso ser un artista político. Pero podríamos preguntarnos: ¿acaso en cierto modo no lo fue? Se podrían hacer diversas asociaciones entre el mundo de la política y el de la miseria de los primeros años de posguerra, sugeridas por los materiales de desecho. Le interesaba solamente la revolución artística, pero era consciente de que esta revolución no era un fenómeno aislado. Su provocación consistía en la misma manera de hacer arte: conceder a los desechos de basura dignidad artística, supone una inadmisible blas¬femia en el ámbito sagrado de una cultura en la que quizá Schwitters no sacó su arte a la calle, pero es innegable que intro¬dujo la calle en el arte.

Kurt Schwitters

+ INFO

Autor: Kurt Schwitters

T�tulo: Kurt Schwitters

Precio: 3 € (general) y 1,50 € (reducida)