Cuentistas españoles

La tendencia es puro cuento


Es difícil identificar el encanto exacto de un buen relato; mucho más difícil que el de una novela y tanto, al menos, como un poema, al que se parece en un detalle: mientras que existen novelas excelsas, y otras simplemente interesantes y otras mediocres, un relato funciona o no, lo mismo que un poema es bueno o no lo es, sin paliativos ni termino medio. Un relato que funciona es como una pequeña carga de profundidad en tu cerebro; hace que unas pocas páginas se amplifiquen en tu imaginación, que rellena los huecos de la historia o completa la melodía de las frases más allá de los límites del texto. O lo consigue o fracasa.

Y los malos relatos se distinguen, por el contrario, con facilidad: los que sacrifican cualquier grado de coherencia por un giro final sorprendente, sin dejar espacio para la emoción o los personajes; la versión degenerada del cuento realista-chejoviado que hace furor en los talleres literarios y se caracteriza –resumiendo- por estar escritos con el vocabulario de un graduado de primaria, con personajes que beben y fuman demasiado y están muy deprimidos...

No obstante, y para nuestra fortuna, algunos autores jóvenes se niegan a ser la caricatura de una escuela literaria y hay editoriales pequeñas, como Páginas de Espuma o Lengua de trapo que apuestan por ellos; y así se publican libros tan interesantes –y con puntos comunes que van más allá del título- como Los ensimismados de Paul Viejo y Ensimismada correspondencia de Pablo Gutiérrez.

En derredor del viejo ensimismado
En Los ensimismados, Paul Viejo consigue algo casi imposible, que es renovar el recurso cada vez más gastado y cansino de la metaficción, desdoblando al narrador en crítico/comentarista de su propia narración, lo que da resultados memorables en el lírico y algo cortazariano Sin salir de Marta y en el cuento-homenaje a Scott Fitzgerald titulado Una mirada irlandesa. Además, en el libro de Viejo –que tiene entre sus virtudes una prosa clara y concisa- encontramos delicadas miniaturas en las que en unas escasas líneas, en la breve descripción de una epifanía personal, hayamos el eco de una historia más compleja, de unas vidas que no se pueden resumir en un cuento, pero sí resplandecer, explotar en él y que justifican el subtítulo (Una autobiografía confusa), de lo que serían, a su vez, muy buenos ejemplos, los relatos Derrapar, Divinos detalles o Todos han vuelto.

En derredor de la correspondencia ensimismada
Ensimismada correspondencia es mi primera aproximación a la obra de Pablo Gutiérrez, que, además, ha publicado dos novelas, Nada es crucial y Rosas, restos de alas con una notable recepción crítica. Gutiérrez nos presenta a una serie de personajes aislados, solitarios, inactivo que no encuentran o ni siquiera buscan un interlocutor, una vía de escape. Puede tratarse de un joven que va en coche a la playa y evoca unos versos de Gil de Biedma. O un oficinista que recuerda a su amante veinteañera. O un profesor de religión obsesionado por el porno. O una quinceañera hastiada que pasa la noche conectada a un chat erótico y charlando con sus tortugas. O, incluso, el propio Juan Ramón Jiménez recibiendo cartas melosas, apasionadas, falsas, de una supuesta admiradora, una dama criolla de Perú.

En estos relatos donde la acción es mínima, y que en gran parte se reducen a la descripción de un estado mental, de una emoción, el verdadero protagonista es la prosa de Pablo Gutiérrez que posee una fuerza rítmica y un lirismo verdaderamente desusados. Quizás puede recordar al primer y mejor Umbral de Las ninfas o, incluso, al Cela de novelas-poema como Miss Caldwell habla con su hijo o Mazurca para dos muertos, aunque en su temática no tenga nada que ver con ninguno de los dos. Sólo por paladearla merece la pena la lectura.

Esa potencia expresiva, no obstante, no oculta que se trata de un libro irregular en el que dos de los relatos, el pictórico Ultramort –que es uno de los mejores cuentos que he leído en muchísimo tiempo- y Georgina Hübner, en el cielo de Lima, tienen mucho más calado que los demás. En el resto, Gutiérrez parece realizar una serie de variaciones en sobre una misma situación básica, el personaje aislado, estático, y un único escenario; y en ocasiones funciona mejor –Búsqueda.doc, Virgen de las aguas- y otras bastante peor, como en su Conferencia, supuestamente dirigida a un público adolescente y que se diría, en realidad, la proyección de una mentalidad adolescente. Por encima de esas debilidades, Ensimismada correspondencia ha sido, en resumen, el descubrimiento de un auténtico escritor. Y os aseguro que sus libros anteriores no tardarán mucho en caer en mis manos.

En derredor de la ensimismada familia
Por último, La familia del aire. Entrevistas con cuentistas españoles, editado por Miguel Ángel Muñoz –conocido tanto por sus propios libros de relatos como por la impagable labor de difusión del género que realiza desde su blog El síndrome Chéjov- puede utilizarse como manual de autoayuda para jóvenes aspirantes a literatos, como mapa de un género que vive un (secreto) auge y, sobre todo, como panorama de las filias, fobias, lecturas, recuerdos y muchas cosas más de algunos de los mejores escritores de nuestro país, desde consagrados como Cristina Fernández Cubas, Andrés Neuman o Enrique Vila-Matas a jóvenes valores en ascenso como Sara Mesa, Iban Zaldua o Mercedes Cebrián. No duden en recetárselo.
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Porque el género cuento en nuestro país siempre ha sido destacado aunque no siempre tan valorado como la novela o la poesía. Desde aquí lanzamos un halo reivindicativo a la par que novedoso para realzar el género desde las voces nuevas del cuento español.

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