Donald E. Westlake (1933-2008), guionista de cine (nominado a los Oscar por Los timadores) y autor de novelas policiacas, creó la serie de su personaje más celebrado y longevo (Parker), bajo el pseudónimo Richard Stark. Durante cuarenta años escribió las aventuras de este duro criminal, que fueron adaptadas en varias ocasiones al cine –entre otras, A quemarropa (1967) y Payback (1999)-, aunque nunca dejó que utilizaran el nombre del personaje… hasta que llegó Darwyn Cooke.
Cooke (Toronto, 1962) empezó en el mundo del cómic con 20 años trabajando para Julius Schwartz, pero lo dejó para dedicarse al diseño y la publicidad. De ahí, a la animación. En Warner se encargó durante tres años de realizar los storyboards de Batman/Superman: The animated series; creó y animó la cabecera de Batman Beyond y trabajó en la serie Men in Black. Hasta que volvió a su gran amor: los cómics. Dibujó varias historietas de Batman, la miniserie DC, The New Frontier y se encontró con la serie negra de la mano del personaje de Catwoman (genial su novela gráfica El gran golpe de Selina). La experiencia de narrar historias desde el punto de vista del criminal funcionó, así que se decidió a poner en viñetas el universo de Stark/Westlake. El escritor vio los primeros bocetos de Cooke y esta vez sí aceptó que se usara el nombre del personaje, aunque murió antes de ver el trabajo terminado.
Astiberri acaba de publicar la segunda de las adaptaciones de Parker que Cooke ha realizado hasta la fecha. De momento ya podemos disfrutar de El Cazador (que adapta la novela homónima y que le valió los premios Eisner y Harvey) y La Compañía (que aúna El hombre que cambió de cara y La Compañía, segunda y tercera novelas de la saga), que sirven de brutal presentación de un mundo plagado de delincuentes sin escrúpulos, garitos nocturnos, minuciosos atracos sin víctimas (o con ellas, da igual), oscuras organizaciones, salas de juego ilegal, asesinatos a bocajarro, frías venganzas, diálogos inteligentes y humor negro.
Con estos mimbres, donde todo funciona como un reloj, Cooke da un recital de recursos narrativos: silencios (nuestro primer encuentro con el protagonista es una magistral secuencia sin palabras), planificación cinematográfica, elipsis, flash-backs, cambios de estilo para narrar historias paralelas… El elegante trabajo de Cooke, realizado en bitono (cambia los grises por azules) y con una marcada influencia de la animación, complementa a la perfección la sordidez del universo de Stark/Westlake. Una serie a seguir.
