Adrian Tomine

Rubia de verano

No hay nada más hiriente que retratarte a ti, a tus miserias y a tu entorno depresivo y publicarlo a viva voz en medio mundo. Eso es lo que hace Adrian Tomine, aunque no se reconozca en ciertas historias. Normal: un outsider casi desde la cuna, con una adolescencia ermitaña y solitaria encuentra inevitable refugio en el cuaderno, el lápiz y el vómito de sus particulares y poco activos infiernos. El resultado inicial fue Optic Nerve, una de las claves para entender el mundo del post-fanzine y el cómic alternativo norteamericano, heredero del trazo de Daniel Clowes y los hermanos Jaime y Beto Hernández pero también de la vertiente gruesa y clásica del Fantagraphics de mediados de los ’80. Cierta porción de esas publicaciones se puede ver en Rubia de verano, nombre del libro y de una de las cuatro historietas breves que reúne el tomo en la tercera edición que publica La Cúpula.

Adrian Tomine es casi un freak (y sin el casi) nacido en California hace 37 años. Su retiro claustrofóbico en los ’90 al arte de producir comics tuvo resultado en esos insondables tomos que tituló con buen criterio Optic Nerve. Luego vendrían el reconocimiento, el alzamiento a categoría de ‘nuevo gran dibujante americano’, asociaciones inmediatas con la post-generación X, implicación con el underground alternativo de publicaciones globales y eco instantáneo en las generaciones incipientes aparecidas en los últimos, no sé, ¿cinco años? Buena culpa de ello tendrá la difusión de buena porción de los retratos marginales de juventudes simples y llanas pero con cierto tormento enclaustrado que recopila en Rubia de verano. Cuatro historias (Alter ego, Rubia de verano, Escapada a Hawai y Amenaza de bomba) que retratan a cuatro outsiders de perfiles diferentes. Uno es un reciente escritor de éxito de 25 años que ha sido marginado toda su vida por su entorno y la sociedad en general y que de pasar inadvertido se ha convertido en una de las promesas literarias: su gran meta es intentar volver a ver a su imposible amor adolescente a ver si ahora cuela; otro es un inadaptado y cuasi pervertido social, enamorado de una dependienta de 20 años de una tienda de tarjetas que odia el perfil de tío buenorro y cachas que se lleva a las tías de calle (su vecino) y arma un pifostio del copón que acabará no sólo en su tormento personal, sino en el de su enamorada secreta, el novio de esta y su vecino-amante; otra es una taiwanesa-americana bastante inteligente pero que acaba de ser despedida de su trabajo de teleoperadora de una marca que vende ropa por encargo y que ve como en una semana, su vida se desmorona: su madre la atormenta, su compañero de piso se va a vivir con su novia y sus relaciones sociales van en picado; y un adolescente bastante pudoroso que tiene un solo amigo que, a su vez, es un rarito de pelotas cuyas amistades son más bien freaks y antisociales como ellos dos y que ve cómo su compañera de trabajo y de clase se ve atraída, también, por el mundo de los cachitas-deportistas del cole. Todas historias con un nexo común: la propia vida de un Tomine que ha encontrado en su propia biografía una válvula de escape para revolotear en historias de corte social firme dignas de adaptación cinematográfica y dignas, también, de coquetear con guiones de gente como Ken Loach, Andrea Arnold o Thomas Vinterberg o la literatura de Raymond Carver. Ahí es nada.

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Autor: Adrian Tomine

Título: Rubia de verano

Género: Cómic / Novela gráfica

Editorial: La Cúpula

Año: 2011

Páginas: 132

Precio: 20 €