En Francia y Bélgica, cunas del cómic europeo, se ha puesto de moda recuperar series clásicas en tomos integrales. Aunque con cuentagotas, algunas de estas colecciones llegan a España, lo que nos permite disfrutar de joyas de la historieta como Gil Pupila, un clásico del género de aventuras, de la que ahora Planeta publica el tercer tomo. Creada por el belga Maurice Tillieux, la serie tiene influencias de algunos de los más grandes autores de la historia del tebeo: Hergé, Caniff y, sobre todo, Jijé y Franquin están presentes en muchas viñetas. La serie tiene todos los ingredientes para gustar a los lectores de todas las edades, a la manera de Tintín y Asterix. En este caso, el protagonista, Gil (de Gilbert) Pupila, es un detective privado que se acompaña de dos personajes que le hacen la vis cómica: Libélula, un antiguo caco de poca monta arrepentido e ingenuo que siempre está intentado hacerse el gracioso (aunque con poco éxito), y Corrusco, un torpe inspector de policía deudor de los geniales Hernández y Fernández de Hergé. Sus personajes poco a poco irán dejando de resolver casos en Francia para hacer prácticamente de espías en repúblicas bananeras o países árabes.
A medio camino entre el estilo realista y caricaturesco, Tillieux creó al personaje para la revista Spirou de Charles Dupuis basándose en un trabajo suyo anterior (Félix). En Gil Pupila (Gil Jourdan en el original) Tillieux hace fácil lo difícil: crear historias sencillas con un guión inteligente y bien estructurado, en el que mezcla misterio, acción y humor en la más pura línea clara (más cercana a Franquin que a Hergé). A finales de los sesenta, la editorial Dupuis necesitará urgentemente un autor que se haga cargo de los guiones de las principales series de la casa. Así será como Tillieux dejará de dibujar Gil Pupila para centrarse en escribir, algo que hacía muy bien. Pero antes dejó un puñado de historias que hoy forman parte de la historia del cómic. Muy recomendable para pasar un buen rato de evasión.
