Hay varias constantes en la obra de Jacques Tardi (Valence, 1940). Una de ellas es su interés por el folletín decimonónico, que tiene su máximo exponente en la serie Las extraordinarias aventuras de Adèle Blanc-Sec (de la que se estrenará próximamente su versión cinematográfica por gentileza de Luc Besson). Otra, el polar (la novela negra francesa), con la adaptación de la saga protagonizada por Nestor Burma. Pero, sin duda, algunos de los mejores trabajos del francés son los que tienen por escenario la Primera Guerra Mundial. Y el mejor ejemplo: La guerra de trincheras. Ahora Tardi vuelve a ese período decisivo de la historia con ¡Puta guerra! 1914-1919 (Norma Editorial), con la colaboración en los textos de Jean-Pierre Verney. Y Tardi regresa al conflicto bélico con la misma fuerza de siempre para denunciar los horrores de la guerra. Unos horrores que conoce a través de la experiencia personal de su propio abuelo.
El autor opta por un relato en el que va intercalando imágenes sin continuidad entre ellas. Imágenes bien documentadas, como es habitual en el francés; desgarradoras; que sirven de foto fija a la narración de la barbarie de la guerra. El autor utiliza a un soldado francés como narrador al que acompañaremos durante la mayor parte del conflicto. Pero Tardi no toma partido por ningún bando. Toma partido por las personas normales, por los pobres soldados que dan su vida por algo que no va con ellos, sea cual sea su nacionalidad. El autor tiene claro quienes son los culpables y arremete contra políticos y altos mandos militares, que ven la guerra desde sus despachos o desde la retaguardia. Por el contrario, en el frente, el barro, las trincheras y la muerte de inocentes lo ocupan todo. Al final, en el último capítulo, que corresponde a 1919, el autor abandona al protagonista y recuerda las consecuencias directas de la guerra. Cada viñeta es un microrrelato que nos cuenta la historia de una víctima: ¡Helmut, tu salchicha arde! Saltas de la barquilla, pero tu paracaídas no tendrá tiempo de abrirse o No te costó encontrar objetos flotantes entre los restos de 23.600 toneladas de chatarra. Historias duras que se centran en una guerra, pero que son extrapolables a cualquier conflicto bélico de la historia. Un excelente trabajo revuelve las conciencias para que los lectores no nos quedemos indiferentes ante tanta violencia.
