El cómic autobiográfico es probablemente el género que, en conjunto, mejores trabajos ha publicado en los últimos años. La calidad de Persépolis (de la iraní Satrapi), Epiléptico (David B.) o Paracuellos (Carlos Giménez), por no hablar del ya clásico Maus (Spielgelman), ha atraído a lectores no habituales del noveno arte. Muchos de los autores que han cultivado este género se han centrado en la vertiente profesional. Si para conocer el nacimiento de la industria del cómic en Estados Unidos hay que leer a Will Eisner, sobre todo El soñador (además, claro está, de la maravillosa novela de Michael Chabon, Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay), para descubrir la evolución del manga tras la Segunda Guerra Mundial hay que disfrutar Una vida errante, de Yoshihiro Tatsumi (editado por Astiberri).
Tatsumi, a través de su álter ego Hiroshi, nos desgrana 15 años de su vida: desde su juventud, en 1945, cuando descubre su vocación en un país que intenta recuperarse de un conflicto bélico del que ha salido derrotado, hasta 1960, momento en el que ya es un autor reconocido que lucha por reivindicar el gekiga, equivalente japonés a la novela gráfica, destinado a un público más adulto. En ese período descubriremos su admiración por el maestro Tezuka cuando, siendo aún un chaval, trata de ganarse la vida participando en concursos de tiras cómicas, su llegada al cómic profesional, sus intentos de hacer obras largas, su relación no siempre fácil con los editores, su traslado a Tokio o la formación del taller Gekiga junto a otros grandes dibujantes japoneses. Todo ello situado perfectamente en el contexto histórico gracias a constantes alusiones a los acontecimientos que tenían lugar en el país (principalmente los estrenos cinematográficos nacionales e internacionales). Con un estilo algo caricaturesco, típico del manga, la obra descubre el constante esfuerzo del autor por innovar y evolucionar profesionalmente. Casi 900 páginas que se leen de un tirón y que nos dejan con ganas de más. Un gustazo.
