Cómic histórico

Un inusual viaje en el tiempo


La novela histórica de aventuras ha introducido a muchas generaciones en la lectura. Les ha sumergido en apasionantes relatos de corsarios y bucaneros, de leales mosqueteros, de justicieros enmascarados y de malandrines dispuestos a cometer las peores felonías. Les ha hecho partícipes de una venganza para recuperar el honor injustamente perdido, les ha abierto las puertas de la lujosa corte francesa o les ha trasladado a las más paradisíacas islas, morada de inimaginables tesoros y de misteriosos peligros. Quién en su niñez no se identificó con los personajes de Stevenson, Salgari, Dumas, Sabatini, Scott, Mac Orlan y tantos otros escritores que poblaban las estanterías de su habitación: “Me pido D’Artagnan”, “yo, Robin Hood”. Para muchos, ese primer contacto con la novela de aventuras tuvo lugar a través de los tebeos de de la entrañable serie (con todos los “peros” que se le quieran poner) Joyas Literarias Juveniles que ahora se reedita en los quioscos.

Pero el cómic histórico de aventuras es mucho más que el simple resumen en imágenes de un clásico de la literatura. Ha aportado grandes obras a la historieta. Es cierto que unas mejores que otras, pero siempre entretenidas y amenas. Curiosamente, en un año marcado por la crisis y una profunda reducción del número de novedades editoriales, se han lanzado varias obras, inéditas o no en España y casi siempre en formato integral, que recogen alguno de los mejores ejemplos del género.

Masquerouge, con guión de Patrick Cothias y dibujos de André Juillard, es el caso emblemático del noble enmascarado con doble vida que defiende a los más débiles. Estamos en la Francia de 1624. Los campesinos viven en la más absoluta de las miserias mientras en la Corte todo es lujo. La joven baronesa Ariane de Troïl no puede soportar la situación y, bajo una capucha roja y acompañada por un gavilán, adoptará la personalidad de un justiciero que todos creen muerto y que ridiculiza una y otra vez al ejército del Cardenal Richelieu, que campa a sus anchas ante el joven rey Luis XIII. Masquerouge (Norma Editorial) comenzó con historias breves, casi anécdotas, en las páginas de la revista PIF. Pronto se le quedaron pequeñas para tanta acción y necesitaron más páginas para desarrollar la historia. Tanto el guión como el dibujo iniciales son algo ingenuos (¿nadie es capaz de concluir que Masquerouge y Ariane son la misma persona pese a vestir igual?). Pero la serie es la antesala de una gran obra, mucho más madura e imprescindible, que desarrollará la historia y el origen del personaje: Las siete vidas del Gavilán (Norma), que tendrá su continuación, ya en tierras americanas en Pluma al Viento (Norma).

Los pasajeros del viento de François Bourgeon (reeditada en un volumen integral por 12 Bis) nos traslada a finales del siglo XVIII, cuando Francia y Gran Bretaña se disputaban la hegemonía mundial. Es la época de las imponentes armadas que surcan el océano y del comercio de esclavos. Isabel de Mamaye (Isa), la protagonista, es una de esas heroínas románticas que chocan una y otra vez contra la sociedad en la que vive. Lucha por la vida, a la que ama intensamente, por la libertad (la suya y la de los demás) y por la igualdad. No soporta las injusticias. Una actitud complicada para una mujer en una sociedad machista y esclavista. Aventuras marítimas y coloniales con una minuciosa recreación de la vida a bordo de un barco negrero y los ritos tribales. Un guión sugerente, unos personajes perfectamente definidos y unos diálogos y un dibujo brillantes hacen de Los pasajeros del Viento una obra maestra.

Más de dos décadas después, Bourgeon ha recuperado la serie y, tras el integral con los cinco álbumes clásicos, acaba de aparecer un nuevo tomo de la serie (La niña de Bois-Caïman, 12 Bis) en la que la acción se traslada al estado sureño de Lousiana. El tiempo ha pasado, pero el espíritu de la serie es el mismo. También se ha reeditado en un volumen integral la otra gran obra de Bourgeon: Los compañeros del crepúsculo (12 Bis). Situada en la Edad Media, el autor engancha desde el comienzo: “Cien años se dice que duró esta guerra… Nada la distingue en realidad de la que la precedió, ni tampoco de la que se desencadenó después. Como el pedrisco o la peste, siempre llega al campo cuando menos se la espera. Con frecuencia, cuando las espigas están granadas y las mozas en plena eclosión de su belleza…”. Los jóvenes Marieta y Aniceto acompañarán al Caballero sin Rostro en sus aventuras. Como es habitual en la obra del francés, la documentación histórica es exquisita.

El Gavilán
(IO Editions), de Patrice Pellerin toma como referencia a Dumas y, sobre todo, El Conde de Montecristo: Yann de Kermeur, noble conocido como el Gavilán, es acusado de un crimen que no ha cometido. Es detenido y sus bienes, confiscados; entre ellos, el más preciado: su nave La Medusa. La historia incluye todos los componentes del folletín: venganzas, persecuciones por el mar, traiciones, lealtad, piratas, amores imposibles, territorios exóticos y la búsqueda de un tesoro oculto. Un correcto guión (forzado a veces), y un dibujo detallista (un pelín frío), encajan a la perfección con la historia, que se lee de un tirón. Se nota la pasión de Pellerin por el mar y los barcos, cuya documentación es abrumadora (baste como ejemplo la forma de describir como reparar una nave dañada).

A todos estos lanzamientos se unirá, el año próximo, otro de los grandes clásicos del cómic histórico: Alix, de Jacques Martin, dibujante de la escuela de Hergé. En una edición limitada saldrán a la venta las aventuras de este joven galo al que acompañaremos por la sociedad romana del siglo I A.C. Junto a él, con un dibujo y una recreación muy realistas, viajaremos por Mesopotamia, Grecia o Egipto y participaremos en acontecimientos históricos de la época. Pero para el lector quiere sumergirse en la historia de mano de los tebeos la oferta amplísima: Las torres de Bois-Maury (de Hermann), El Escorpión (Desberg y Marini), Arno (Martin y Juillard), Barbarroja (Charlier y Hubinon), Bruce J. Hawker (Vance), Murena y Giacomo C. (ambas con guiones de Dufaux) o el mismísimo Príncipe Valiente (H. Foster) son algunas de las alternativas para viajar en el tiempo. Probad, porque no os arrepentiréis.
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La niña de Bois-Caïman, de François Bourgeon. Editorial 12 Bis
La niña de Bois-Caïman, de François Bourgeon. Editorial 12 Bis
Los compañeros del crepúsculo, de François Bourgeon. Editorial 12 bis
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Venganzas, persecuciones, piratas, islas paradisíacas, intrigas palaciegas, duelos, justicieros enmascarados. Son algunos de los componentes del cómic histórico de aventuras, que vuelve a la actualidad con la publicación de algunos de los clásicos del género. François Bourgeon, André Juillard y Jacques Martin son algunos de los imprescindibles. Evasión y calidad garantizada.